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6 de julio sin Sanfermines

80 años del cohete en la Consistorial

Entre las efemérides que ha interrumpido la pandemia figuran las ocho décadas de chupinazo desde el tercer piso del Ayuntamiento, lejos de los disparos a pie de plaza. Un acto que mantiene su esencia y que habrá que ajustar a la “vuelta”

Imagen del cohete de 1991, cuando se cumplía medio siglo de chupinazos desde la Casa Consistorial. Lo lanzaron el entonces alcalde, Alfredo Jaime (derecha) y José María Pérez Salazar, copartícipe con Joaquín Ilundáin (ya fallecido entonces) en la iniciativa de trasladar el cohete desde la plaza del Castillo.
Imagen del cohete de 1991, cuando se cumplía medio siglo de chupinazos desde la Casa Consistorial. Lo lanzaron el entonces alcalde, Alfredo Jaime (derecha) y José María Pérez Salazararchivo
  • C.A.M.
Actualizado el 05/07/2021 a las 22:48
La plaza abarrotada y la fachada de la Casa Consistorial engalanada. Las doce en el reloj y el disparo de un cohete sobre el cielo pamplonés. La escena, uno de los iconos de los Sanfermines, tiene fecha de estreno. Con algunas variantes pero pronto universal comenzó el 6 de julio de 1941 y convirtió a Pamplona en epicentro festivo. Este 2021 hubiera sido, por tanto, el número 80 de los chupinazos consistoriales, de no haber mediado “la nueva normalidad” tras la crisis sanitaria. Para su vuelta, esperada en 2022, auguran cambios obligados por la pandemia desde Protocolo del Ayuntamiento.
El traslado del chupianzo a la Casa del Ayuntamiento, como se la definía en el periódico en la época, se produjo a instancias de Joaquín Ilundáin, teniente de alcalde, bajo la alcaldía de José Garrán Mosso. También había sido Ilundáin, primero como ciudadano “de a pie” y después desde su cargo municipal, el primer vecino ajeno a la pirotecnia que abría las fiestas encendiendo un cohete. Fue en 1939 y en 1940, cuando el comienzo festivo, extraoficial, estaba en la plaza del Castillo. Pero en 1941 todo cambió y el “chupinazo” desde la Consistorial se añadió a los ya tradicionales repique general de campanas y cohetes repartidos por diferentes puntos de la ciudad que repetían en las crónicas de hace más de ocho décadas.
La escena se reprodujo hasta las suspensiones de los sanfermines por la pandemia del coronavirus. Con la única excepción de 1952. Entonces cambió de escenario por las obras de construcción de la actual casa Consistorial y se trasladó de forma provisional a las escuelas de Música y Artes y Oficios en lo que hoy es la plaza del Vínculo y entonces se denominaba plaza de la República Argentina. Pero no se cortó la icónica escena que aguardan miles de pamploneses y seguidores de sus universales fiestas.
DEL CASTILLO A LA CASA
El cambio de la plaza del Castillo a la Casa Consistorial no dio para titulares periodísticos. Apenas quedó reseñado en la crónica previa, que incidía más en la lluvia del último seis de julio previo al del “chupinazo” como tal. Ni en la posterior. Del día 8 de julio de 1941, martes, ante la ausencia el lunes del periódico tradicional. Y ese día, además del gentío y de que apenas se “si se notó la transición típica de la normalidad al jolgorio, al filo del mediodía”, tan solo se acentuó el hecho de que Joaquín Ilundáin lanzara el cohete principal por tercer año consecutivo.
No se detalla más. Tampoco demasiado en los libros en los que se ha recogido la historia y los datos de los sanfermines. Como el que editó el Ayuntamiento y que contó que hasta 1901 el primer hito festivo era la marcha de las autoridades municipales, “con acompañamiento de maceros, gigantes, músicos, danzantes y público en general, hasta la parroquia de San Lorenzo, para participar en la función religiosa de las Vísperas del Santo”. Fue el cambio de siglo el que trajo el hábito de lanzar varios cohetes a mediodía del 6 de julio desde la plaza del Castillo, apostilla. Y relata cómo fue atrayendo, “poco a poco” público y cómo en los años 30 ya se sustituyó al lanzador de la pirotecnia por algún “casta”.
Y se detiene por último en el paso dado a instancias de Joaquín Ilundáin y el traslado a la Casa Consistorial y el hecho de que los cohetes recayeran en personas vinculadas al Ayuntamiento. Excepción hecha, en 1964, cuando correspondió al entonces ministerio de Información y Turismo, Manuel Fraga.
BALCONES COMUNICADOS
Con el cambio de siglo llegaron nuevas “tradiciones” y a la lista de munícipes se unieron protagonistas de logros deportivos, como el capitán de Osasuna César Palacios por el ascenso a Primera División en 2000. O años después, Fermín Tajadura, presidente del San Antonio por sus éxitos en la élite del balonmano. Después llegarían las votaciones populares.
Lo que no ha cambiado, hasta la perspectiva actual que augura la necesidad de menos aglomeraciones, es el ajetreo que supone en la Casa Consistorial. Con preparativos desde febrero para cumplir con invitados, tradiciones y un protocolo que apenas cambia y que funciona como el reloj que fija la hora del chupinazo.
Lo sabe bien María Beperet Redín, desde 2011 jefa de ordenanzas del Ayuntamiento de Pamplona y parte del equipo desde 1999. También Joseba Troyas García, jefe de mantenimiento. Ellos, conectados por teléfono móvil, se reparten en los dos balcones de la fachada principal del Ayuntamiento y de forma sincronizada se ocupan de abrir las puertas y de dar pautas a invitados y músicos. A munícipes y a “coheteros”. Antes les precedieron Antonio Armiño o Francisco Javier Mendióroz y su cara era habitual junto al encargado de prender la mecha del chupinazo.
Beperet destaca el trabajo previo y la coordinación que requiere. También con el área de Protocolo del Ayuntamiento. Para que todo sorprenda pero nada cambie. Para que la fiesta de la espontaneidad se inicie con precisión y el orden. Pero sin que apenas se note.
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