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Víctimas

Las paradas de la memoria de Pamplona

El Ayuntamiento de Pamplona colocó este sábado las últimas siete placas en otros tantos puntos de la ciudad, en recuerdo de las personas asesinadas por ETA en dos décadas. Acudieron familiares y una nutrida representación de autoridades.

El alcalde Enrique Maya descubre la placa en homenaje de Tomás Caballero, en la calle Mutilva Baja.
El alcalde Enrique Maya descubre la placa en homenaje de Tomás Caballero, en la calle Mutilva Baja.
Colocación de placas de en memoria de asesinados por ETA 21 Fotos
Colocación de placas de en memoria de asesinados por ETA
El Ayuntamiento de Pamplona colocó este sábado las últimas siete placas en otros tantos puntos de la ciudad, en recuerdo de las personas asesinadas por ETA en dos décadas. Acudieron familiares y una nutrida representación de autoridades.
Jesús Garzaron
Actualizada 18/04/2021 a las 10:18

El cierzo traza escalofríos en la mañana del 17 de abril en Pamplona. Dos mujeres asoman en un edificio de diez alturas arrebujado en el barrio de la Milagrosa; visten bata de invierno y se mantienen en silencio, cruzan las manos, el respeto se lee en sus rostros. Casi todas las ventanas tienen doble cristalera. Ni siquiera eso evitaría otro escalofrío, el que a buen seguro sintieron el 6 de mayo de 1998 cuando escucharon cruda la muerte de su vecino Tomás Caballero, en la plazoleta que dibuja la calle Mutilva, donde vivía el concejal de UPN, la última persona asesinada por ETA en Pamplona. En su recuerdo se colocó ayer la última de las 17 placas en memoria de otras tantas víctimas del terrorismo.


Ana Caballero Martínez, hija del edil, agradeció el apoyo “a autoridades, compañeros, familia y amigos y de manera especial a los vecinos”. Las señoras de la ventana solo dejaron su quietud para aplaudir, gente sencilla, de un barrio que podía ser pueblo y que arropó con flores y con abrazos oportunos a una familia destrozada como tantas por tiros baldíos. “A nuestro padre lo mataron en la puerta de su casa, la misma donde nuestra madre quiso seguir viviendo hasta su muerte el pasado año, este fue su hogar y su barrio y el lugar elegido por los terroristas para matarle”, describió Ana Caballero que su padre fue asesinado “por el mero hecho de ser un servidor público”. Era un abuelo que no conoció a alguno de sus trece nietos. Agradeció la familia la placa, en especial al ayuntamiento y a Anvite. “Este lugar seguirá siendo muy especial, nos reconfortó entonces encontrarnos ramos de flores. Esta placa y aquellas flores son gestos que hablan por sí solos y nos recuerdan la empatía y generosidad que nos mostraron los ciudadanos. Cada placa tiene detrás una historia que no puede ni debe ocultar lo ocurrido, si queremos avanzar”, reflexionó.


JOSÉ MANUEL BAENA EN SAN JORGE

José Manuel Baena Martín, inspector de la Policía Nacional, fue asesinado el 11 de enero de 1978 en el 77 de la avenida de San Jorge. Cerca del lugar hay una cafetería y un estanco-papelería y los vecinos van y vienen un sábado a media mañana. Uno de ellos recordó que volvía de la guardería cuando vio a policías y bomberos en el lugar y que nevaba aquel día de invierno del 78. Baena, segunda víctima mortal de ETA en Pamplona, acudió la registro de un piso donde encontraron armas y documentación falsa. Al terminar, dos miembros de ETA aparecieron en el portal y abrieron fuego. En el tiroteo murieron también los dos terroristas y algunos transeúntes resultaron heridos.


La familia Baena reside ahora en Canarias, en su nombre, su sobrina Carmen Fonta Baena, leyó una poesía en homenaje a su tío. Le decía: “No por morir te has ido, pues aunque ya no estés, tú estarás alrededor de nosotros y entre todos los demás; te fuiste pero seguimos firmes en la lucha por los demás; en la lucha caíste, por la espalda te agredieron y en el suelo te dejaron...”.


JESÚS VIDAURRE Y JOSÉ OYAGA EN EL CASCO VIEJO

En la confluencia de las calles San Miguel, Nueva y plaza de San Francisco, ETA asesinó el 1 de mayo de 1980 a Jesús Vidaurre Olleta y José Oyaga Marañón. Durante tiempo “el crimen quedó fuera de los listados de atentados porque no hubo reivindicación, pero ETA se lo atribuyó en documentos internos”. Verónica Zapata, nieta de Oyaga, reparó en que el recuerdo “es esencial para sanar heridas que no van a cicatrizar, porque nunca se les va a olvidar” y rescató a una frase de Rigoberta Menchú: “ La paz es la hija de la convivencia, de la educación y del diálogo”. “Para todos y para siempre, memoria, paz y libertad”, concluyó.


Julio Vidaurre, hijo de Jesús, subrayó que en doce días se cumplirá el 41 aniversario de la muerte de su padre. “ETA lo asesinó y la sociedad lo dio por bueno, callando, o con aquello de que algo habrá hecho... Hechos no juzgados, en los años de plomo, con un tupido velo”, apuntó que, a pesar de todo, agradecen “la última oportunidad para rendir el primer homenaje” a su padre, del que no pudieron disfrutar, remarcó. “Ahora nuestro dolor, parece más compartido”, incidió.


ALBERTO TOCA EN CASTILLO DE MAYA

El 8 de octubre de 1982 “dos miembros de ETA entraron a cara descubierta en las oficinas de la mutua ASEPEYO en la calle Castillo de Maya de Pamplona y preguntaron por su delegado, Alberto Toca Echeverría, que charlaba en su despacho con el médico”. Le dispararon sin mediar palabra. Su nieta Blanca Gispert Toca emocionó con las pinceladas de la biografía del abuelo que redactaron entre los doce nietos. Explicó que fue una “persona resuelta que salió adelante con muy pocos apoyos, pero con mucho entusiasmo” y que formó “una gran familia con la abuelita Marysol”. Su primera hija nació con síndrome Down, luego llegaron otros seis. Alberto solo conoció unos pocos meses a la mayor de los nietos. “Pero estamos seguros de que habría sido un abuelo cariñoso y dispuesto. Vaya..., como son los abuelos”, desgranó. “Una de sus grandes enseñanzas”, dijo, “fue la consideración, el amor y el cuidado de las personas con distintas capacidades”. “Quien no le conozca y vea la placa, quizá busque su nombre en internet, encontrará una foto en blanco y negro y un montón de noticias sobre su asesinato”, subrayó que “si algo ha derivado de esta terrible historia ha sido una familia unida que, pese a quedar destrozada, ha sido capaz de reconstruirse y crecer”. “Lo que aquí pasó nos ha condicionado, pero no silenciado”, aseveró Blanca Gispert. Le escuchaba buena parte de la familia.


DIEGO TORRENTE JUNTO A LA UPNA

En una zona de aparcamiento junto al estadio de El Sadar, ahora situada dentro del campus de la Universidad Pública de Navarra, fue asesinado el 7 de junio de 1984 el policía nacional Diego Torrente Reverte. Eran las nueve de la noche y había ido a limpiar el coche para la Comunión de sus hijos, al día siguiente. Los miembros de un comando de ETA planearon robar un coche, toparon con Diego, él dijo que era policía. Lo mataron. Sus hijos, Diego y Andrés tenían 9 y 10 años; la pequeña, Ana, no había cumplido 4. Fue ella quien habló ayer, en nombre de toda la familia y en presencia también de su madre, Ana Martínez. Se desplazaron desde Murcia, donde se establecieron tras el atentado. Señaló que el acto no era para ellos solo el homenaje a su padre, “sino el reconocimiento a todas las personas que han perdido la vida como consecuencia de la sinrazón terrorista”. Destacó que aquel 7 de junio “marcó irremediablemente” sus vidas. “Siendo solo unos niños perdimos a nuestro padre”.

 

Evidenció que no pudo jugar con ellos cuando eran niños, orientarles cuando fueron adolescentes, ni puede aconsejarles ahora, en su madurez. “Colmándonos de abrazos en los malos momentos, riendo en los buenos, disfrutando de este maravilloso regalo que es la vida”, recogió. “Nos arrebataron todo esto, pero nunca su esencia”, aplaudió que aquel descampado sea hoy parte del campus. “Pero más importante que la enseñanza académica es la de los valores”, sostuvo.


VICENTE GARCERA EN LA MAGDALENA

Y tal día como ayer, 17 de abril, hace 39 años, ETA mató al policía nacional Vicente Luis Garcera López, en el entorno del puente de la Magdalena. Regresaba de vigilar la subestación de Fuerzas Eléctricas y una granada anticarro perforó la cubierta de la tanqueta que conducía. Explotó en su interior. Su hija Laura, que entonces tenía un año, recogió la placa de manos del alcalde Enrique Maya y se abrazó a su marido ante el recuerdo a su padre.


Junto a ellos, una nutrida representación de autoridades, entre ellas la presidenta del Gobierno foral, María Chivite; la consejera de Relaciones Ciudadanas, Ana Ollo; el delegado del Gobierno José Luis Arasti; la directora de Apoyo a Víctimas del Terrorismo del Gobierno de España, Montserrat Torija; el presidente del Parlamento foral, Unai Hualde; numerosos concejales de todos los grupos, con excepción de Bildu; el director del Memorial Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez; el presidente de Anvite, José Ignacio Toca, hijo de Alberto Toca; y responsables de otras asociaciones de víctimas que dieron aliento a diecisiete familias. ETA asesinó en Pamplona a diez personas más, a todas se ha querido reconocer.

 

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