Tradición
El Ángel de Aralar recaló en Pamplona tras el paréntesis del año pasado
Suspendido el ritual en la Taconera, se fundió en un abrazo con el ‘Angelico’ de la Meca en San Nicolás



Actualizado el 13/04/2021 a las 07:44
Volvió el Ángel de Aralar a Pamplona el Segundo Lunes de Pascua y el cielo estaba despejado. Ambas circunstancias, sujeta la primera a una tradición casi milenaria y la segunda a la alianza del tiempo que ha acabado por convertise en costumbre del calendario popular, ofrecieron motivos de celebración. Si lo hicieron fue por el recuerdo de su ausencia más que sentida en el año en que estalló el mal de la pandemia. En una época aún de cautela, el Ángel de Aralar se fundió en un abrazo con el Angelico de la Meca en el conocido como beso de los ángeles.
Suspendido su reencuentro en la Taconera para evitar aglomeraciones, coincidieron a las puertas de San Nicolás, en la calle San Miguel.
No pudo tener un significado más sentido la bienvenida brindada por el protector de la Meca para quienes adivinaron en su gesto, custodiado en la tradición, un augurio de un tiempo mejor. En una época de anhelo de abrazos, los ángeles ofrecieron un anticipo de un bien esperado.
Llegó el huésped alado con algo más de un cuarto de hora de antelación, portado por Jokin Elizalde y escoltado por el capellán del santuario de Uharte Arakil, Mikel Garciandia. Protegido de las miradas curiosas ahora que los rostros humanos asoman por encima de una mascarilla, su imagen dorada apareció cubierta por un paño. Después, cuando comenzaron a sonar las campanadas de las ocho de la tarde, su portador fue descubriendo con delicadeza la tela antes de entregar la efigie junto a Mikel Garciandia al párroco de San Nicolás, César Magaña. Testigo del traspaso fue el chantre-maestro de la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, Aurelio Sagaseta. El sonido de las campanas de fusionaron con los sones del Agur Jaunar, que interpretó con el txistu Javier Mangado. La mezcla musical adornó la aparición del Angelico de la Meca, portado por Mariano Pascal. El canto de San Miguel acogió a la pequeña comitiva camino del altar en presencia de algo más de un centenar de feligreses. Las restricciones de aforo redujeron a un máximo de 92 personas las permitidas en los bancos.
De no mediar contratiempo por el mal de la pandemia, el séquito, además de haber sido numeroso, se hubiese adentrado por San Antón camino San Nicolás, en virtud del refranero que abre su empedrado a su paso “en años non”.
En 2020 el Ángel de Aralar llegó en septiembre y antes, en junio, su efigie dorada sobresalió en el altar de Santa María de Barañáin en una visita inesperada.
En un avance hacia la normalidad, este lunes recaló en San Nicolás en cuyas inmedaciones había un hospital, acotado también por las calles San Miguel y San Gregorio, donde el Ángel de Aralar recalaba con un mensaje de esperanza. Eso ocurrió después de institucionalizarse su llegada en 1127, que a partir de 1205 fue ininterrumpuda, con motivo de la dedicación de la catedral de Santa María. Seguirá su periplo, incluido el Ayuntamiento. El Ángel de Aralar está aquí, signo de buen augurio.