Pamplona

Mercadillo medieval anticovid, en Pamplona

Empatía en dos direcciones. Entre los artesanos que entienden sobremanera la nueva ubicación del mercado de los Tres Burgos y la de los clientes, que buscan, con cautela, volver a la normalidad

Mercadillo medieval anticovid
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Noelia Gorbea

Actualizado el 06/09/2020 a las 06:00

Un mapa que, de nuevo, vuelve a ser modificado. Unas coordenadas que se asemejan pero que no son las mismas. El panorama que sigue dejando la exigencia del coronavirus también ha afectado al mítico mercado de los Tres Burgos de Pamplona. El símbolo por excelencia de la unión de todos los rincones del Casco Antiguo (la historia atestigua que fue en 1423 cuando a través de la firma del Privilegio de la Unión, los tres sectores que formaban la ciudad decidieron unirse para siempre, dejando atrás conflictos y rencillas) evita pisar esas mismas calles, más estrechas y con aforos complicados de controlar.

Por ello y hasta que la covid-19 nos dé tregua, las autoridades municipales ofrecieron la alternativa del traslado. Así, la Plaza del Castillo como el recién modificado Paseo de Sarasate son hasta hoy los nuevos escenarios de esta cambiante situación. Para nada importó (puede que sentimentalmente sí) el cambio de ubicación. La comprensión rigió por bandera entre los vendedores y clientes de la más variada artesanía y alimentación.

Y así, dentro de un contexto al que no nos queda más remedio que acostumbrarnos, la normalidad se hacía hueco entre ambos escenarios. Bajo un control permanente de aforo en los accesos y con geles hidroalcohólicos disponibles, los pamploneses decidieron darle una oportunidad al mercado, a sus productores y, por qué no, a la tradición. “Veo el entorno completamente seguro, además de que los vendedores llevan mascarillas de máxima protección, lo que genera confianza para poder acercarte a ver los productos”, indicaba Manuela Astigarraga. Pese a ese positivismo, echaba de menos no tener esa tranquilidad de tocar las cosas y despreocuparse de distancias y geles. “Da un poco de pena”, asumía.

MUTUO

Para los veteranos como Jesús Barragán, quien lleva años llevando a su hijo a la esquila de ovejas, el mercado sigue siendo clave pero con alguna carencia importante. “La época medieval se caracterizaba por animales, cetrería, muestras de todo tipo en la calle, cercanía. Eso es lo que falla este año. No es culpa de nadie y apoyo la decisión de celebrarlo, en especial por los artesanos, pero me gustaría poder volver a actuar como antes”, explicaba en uno de los controles de acceso.

Precisamente esta pequeña criba fue una de las novedades de la cita. Dadas las dimensiones tanto de la Plaza del Castillo como del Paseo de Sarasate, el paso fue permitido sin sobresaltos (700 y 750 como aforo máximo respectivamente). No obstante, quienes se acercaron en la mañana de este sábado lo agradecían. “Es una manera de saber que estás segura, a mí me convence”, decía Luisa Díaz de Cerio, quien había quedado con una amiga para dar una vuelta y tomar el vermú.

Y con ese mismo optimismo, los artesanos intentaban convencer de que la suya es una actividad segura. “Estamos al aire libre, cumpliendo todos los protocolos y desde luego es más seguro que veinte personas juntas comprando en una tienda del centro comercial”, valoraba Lucía Martínez, de Lüdehu, especializada en pintura decorativa y encuadernación.

También María Jesús Cacho, de Garrapiñadas Virgen de Ujué, quería que la feria sirviera como semilla de futuros eventos. “Los que no somos distribuidores necesitamos trabajar. Estamos deseando volver a una normalidad anormal”, sonreía en su puesto. Como también lo hacía Ohiane, de Embutidos de Bordón. “Tenemos que adaptarnos a las circunstancias y confiamos en la buena marcha del mercado a lo largo del fin de semana”, aventuraba en la mañana de ayer.

Y así, entre ese querer demostrar seguridad y las ganas de Pamplona por no seguir perdiendo tradiciones, el mercado de los Tres Burgos se abrió paso a pesar de las circunstancias. “Este bulevar está fenomenal”, añadía Lucía, de Huesca, por Paseo de Sarasate.

CLAVES


Los cambios. En total se han colocado 70 puestos de alimentación y artesanía, una cifra inferior a otras ediciones para mantener las distancias de seguridad entre los asistentes. Este año tampoco ha habido actividades de animación, la habitual taberna medieval ni la plaza de la lana con las ovejas.


Horario. El mercado, que fue inaugurado el viernes, podrá visitarse hoy de 10 a 14 horas y de 17 a 21 horas.


Variedad. Entre los puestos de alimentación hay frutos secos, chocolate, embutidos, mermelada, miel, pastas y dulces, foie, queso, huevos, talos, aceite, pacharán e infusiones y hierbas. También hay exposición y venta de barro y cerámica, plata, cremas, piel, madera, bambú, marionetas, jabones, lana, fieltro, artículos de pintura a mano, macramé, piedra, olivo, flores secas, cobre, esmalte, textil ecológico, bordados bebé, ganchillo, instrumentos musicales y joyería artística.


Máxima seguridad. Los artesanos llevan mascarilla FFP2 y ofrecen gel.

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