Pamplona
Alojamiento pendiente para un grupo de migrantes en Pamplona: "Debo aprender español para quedarme"
La mayoría (eran 20), todos africanos y que se reúne junto a la plaza de los Fueros, ha accedido a distintos recursos, pero cinco siguen en la calle


Publicado el 13/09/2026 a las 05:00
Hace unos meses eran una veintena. Hoy, la mayoría ha conseguido acceder a algún recurso, pero cinco personas migrantes continúan sin un lugar donde dormir en Pamplona. Mientras buscan una solución estable, avanzan en sus trámites administrativos, aprenden castellano y tratan de abrirse camino hacia un empleo, acompañados también por una red de solidaridad ciudadana.
El grupo, integrado en su mayoría por personas procedentes de Malí, muchas de ellas que han huido de su país por las guerras, lleva meses tratando de encontrar una salida a su situación. El acceso progresivo de algunos de sus integrantes a diferentes recursos ha reducido considerablemente el número de quienes todavía necesitan una alternativa para pasar la noche.
Pero para entender cómo han llegado hasta aquí es necesario retroceder unos meses. Su situación comenzó a hacerse visible cuando una vecina, acostumbrada a verlos en las inmediaciones de la Plaza de los Fueros, se interesó por ellos. Tras conocer sus circunstancias, les facilitó el contacto del Punto de Información para personas Migradas (PIM), con el objetivo de que pudieran recibir orientación y solicitar ayuda.
Avances
Desde entonces han mantenido contacto con diferentes entidades sociales y recursos, como Ayuntamiento de Pamplona o Cruz Roja. Sin embargo, las circunstancias personales y administrativas de cada uno son distintas, por lo que no todos pueden acceder a las mismas alternativas.
Quienes aún no disponen de una plaza pasan las noches bajo los porches de la calle Tudela, “porque se está más resguardado”. A esta incertidumbre se suma una preocupación cada vez más inmediata: la llegada del frío. El progresivo descenso de las temperaturas aumenta la urgencia de encontrar una alternativa antes de que las condiciones para dormir a la intemperie sean todavía más difíciles.
Para el grupo, la posibilidad de construir una vida autónoma pasa fundamentalmente por tres cuestiones: avanzar en sus trámites administrativos, aprender castellano y encontrar un trabajo. El alojamiento es la necesidad más urgente, pero detrás permanece el reto de conseguir las herramientas necesarias para iniciar una nueva etapa.
MIRADAS
Jesús Pastor, el residente en la Misericordia al que llaman ‘padre’
Jesús Pastor, residente en Casa Misericordia, se siente orgulloso de sus raíces. “Soy de Milagro, de la Ribera”. A pesar de tener que ayudarse de un andador, se ha marcado una tarea: acercarse hasta tres veces al día a la Vuelta del Castillo para ayudar a este grupo de migrantes en todo lo que puede. “El boca a boca funciona”, asegura. Gracias a conocidos y a la colaboración de otras personas, va reuniendo alimentos y productos. “Les traigo zumos, galletas, manzanas… de todo”, enumera pensando ya en la siguiente necesidad. “Quiero reunir mantas de cara al invierno”. Por motivos evidentes, el cariño que recibe es elevado. Algunos incluso lo llaman ‘padre’. Habla especialmente con Moussa y, poco a poco, va aprendiendo a comunicarse con el resto. A sus 88 años, Jesús tiene, como le dicen durante la conversación, ‘tarea asignada’. Y está dispuesto a cumplirla.
Moussa Traore Malí
“Conseguir papeles y un trabajo es el camino para poder empezar”
Moussa Traore tiene 38 años, lleva unos cinco meses en Pamplona y, en comparación con algunos de sus compañeros, se defiende en un avanzado castellano. Natural de Malí, es uno de los veinte migrantes que pernoctaba desde antes del verano en las calles de la ciudad y que, por suerte, ha logrado revertir su situación. Según explica, hace apenas unos días, el 27 de agosto, realizó una entrevista y actualmente se aloja en un hotel. “Estoy muy agradecido”, repite el migrante. Pero, a pesar de haber conseguido techo, sigue acercándose a la Vuelta del Castillo porque ahí se reúnen sus amigos, incluidos los que todavía no han logrado una vivienda. Administración Moussa cuenta que distintas entidades e instituciones les han prestado ayuda durante este tiempo, entre ellas el Punto de Información para personas Migradas (PIM), Ayuntamiento de Pamplona y Cruz Roja. El apoyo, dice, adopta distintas formas: desde facilitar información, direcciones o fotocopias hasta proporcionar ropa, calzado... También destaca la solidaridad de quienes se les han acercado para llevarles comida. Pero, pese al avance, Moussa entiende que uno de los principales obstáculos es la situación administrativa de cada uno. No todos se encuentran en el mismo punto del proceso y eso condiciona tanto las posibilidades de acceder a determinados recursos como las de incorporarse al mercado laboral. “Mi objetivo es que mi situación avance y pueda buscar trabajo lo antes posible”, afirma. Mientras tanto, este migrante que huyó de su país por motivos bélicos continúa estudiando castellano. Acude a clases y, cuando no tiene, se reúne con sus compañeros. “Conseguir los papeles, seguir aprendiendo el idioma y acceder a un empleo son los pasos que quiero dar para poder empezar de nuevo”, sostiene.
Modoulamin B. Drammeh Malí
“Cualquier empleo que haya, lo haré. Me encanta la ciudad”
Modoulamin B. Drammeh tiene 23 años y lleva dos viviendo en España, aunque llegó a Pamplona hace aproximadamente un mes. Dice que le gusta la ciudad y que le encantaría construir aquí su futuro, pero su principal preocupación ahora es mucho más inmediata: no tiene un lugar donde dormir. “Me encanta la ciudad, pero ahora mismo estamos en una situación crítica porque no tenemos un sitio para dormir”, comparte. La proximidad del invierno aumenta su inquietud. Las noches a la intemperie ya resultan complicadas y teme que la situación empeore considerablemente cuando bajen las temperaturas.Una de esas noches la pasó junto a otros compañeros bajo los porches de la calle Tudela, hasta que alrededor de las cinco de la mañana tuvieron que levantarse y marcharse. “No es fácil. Necesitamos ayuda”, pide. Pese a las dificultades, Modoulamin tiene claro qué quiere hacer en Pamplona. Su intención es aprender castellano, encontrar un empleo y poder quedarse a vivir. No pone condiciones respecto al tipo de trabajo: “Cualquier empleo que haya, lo haré”. Su petición, insiste, es que se conozca la situación en la que se encuentran y puedan recibir ayuda para salir adelante. Su objetivo no es únicamente encontrar un techo, sino conseguir la estabilidad necesaria para empezar una nueva vida.
Ibrahim Ghana
“Para quedarme, debo aprender español”
Ibrahim es de Ghana. Lleva alrededor de siete meses en España y aproximadamente uno en Pamplona. Antes de llegar a Navarra pasó por diferentes lugares, entre ellos Málaga, Madrid o San Sebastián. Durante ese recorrido ha ido buscando recursos, formación y algún lugar en el que poder alojarse. En Málaga acudió a una escuela y, posteriormente, continuó desplazándose hasta llegar al norte. En San Sebastián pudo acceder durante unos días a un recurso para personas sin hogar. Sin embargo, es consciente de que las soluciones de alojamiento que ha ido encontrando han sido siempre temporales. “Después, me toca volver a la calle”, dice. Un problema que también revive en Pamplona. “Puedo acceder puntualmente a alojamiento, pero el resto del tiempo tengo que dormir fuera”, indica. “Me preocupa especialmente la llegada del frío porque en un par de semanas será mucho más duro”, aventura. Tener En estos momentos, Ibrahim acude a clases de español y mantiene contacto con una asociación que está intentando ayudarle. No dispone de documentación que le permita trabajar y espera poder avanzar en los trámites para acceder a un recurso de alojamiento. Sus días transcurren principalmente entre la escuela, la asociación y la calle. Aprendizaje Estar permanentemente fuera, comparte, afecta a cuestiones tan básicas como ducharse, descansar, cambiarse de ropa o mantener una rutina. La falta de estabilidad acaba generando desesperación y una sensación de encontrarse atrapado. Pese a todo, habla con agradecimiento del trato que ha encontrado en Pamplona. “Hay personas que se han detenido simplemente para preguntar cómo estamos”, declara. “Se han interesado por si tenemos comida o un lugar donde dormir e incluso ayudarnos a encontrar una dirección con el teléfono móvil cuando no sabíamos llegar”, resume. Pequeños gestos que el grupo valora especialmente. Por todo ello, el africano considera que dominar el idioma es imprescindible para integrarse: “Vivimos en una comunidad española y tenemos que aprender la lengua. Es muy importante”, mantiene Ibrahim, quien compara ese proceso con su experiencia en Ghana. “En mi país, el inglés sirve como idioma común entre personas de diferentes dialectos. Por eso, si queremos desarrollar aquí nuestras vidas, necesitamos aprender español”, indica. Ha viajado y vivido en distintos países, entre ellos Arabia Saudí, Alemania y Libia, y esa experiencia condiciona su manera de valorar la acogida. En Pamplona, asegura, ha encontrado generalmente personas dispuestas a ayudar. Para alguien que ha pasado por tantos lugares y que ahora carece incluso de un sitio estable donde dormir, que un desconocido se detenga, escuche y trate de orientarle supone una diferencia importante.