Pamplona
Okupación en la Rochapea: el local de la discordia
El inmueble, propiedad de la Dióceisis, fue destinado durante décadas a dar servicio social al barrio. Ahora, el debate sobre su uso está servido


Actualizado el 26/04/2026 a las 17:05
El antiguo local parroquial de la Virgen del Carmen, en la Rochapea, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que refleja los cambios sociales del barrio como la incertidumbre sobre el futuro de sus espacios comunitarios. Lo que durante décadas fue un referente de apoyo vecinal y solidaridad (con iniciativas dirigidas a colectivos vulnerables) es hoy un foco de tensión tras su reciente desalojo.
En estas dependencias, gestionadas históricamente por los padres carmelitas, se desarrollaron múltiples actividades de carácter social: desde un ropero solidario hasta clases de apoyo para personas inmigrantes, pasando por talleres de costura o desayunos para escolares antes de comenzar la jornada lectiva. “El local estuvo años vinculado a la vida cotidiana de la Rochapea”, afirman desde la Diócesis.
Sin embargo, la salida de la comunidad carmelita hace aproximadamente un año marcó un punto de inflexión. La parroquia dejó de tener actividad regular y los feligreses se redistribuyeron en otras iglesias, como El Salvador o Virgen del Río. A ello se sumó el parón de la pandemia, tras el cual el local no volvió a recuperar su dinamismo habitual. La diócesis, propietaria del inmueble, comenzó a estudiar distintas alternativas, entre ellas su posible venta.
Sea como sea, los acontecimientos se precipitaron el sábado. Tras okupar varios jóvenes el local y ser desalojados poco después (hubo cuatro detenidos), el interior del edificio evidenciaba durante la mañana de este domingo las consecuencias: cristales rotos junto a la puerta de acceso y carteles que anunciaban la creación de un “nuevo local juvenil”, superpuestos sobre la antigua identificación parroquial. Símbolo del choque entre usos pasados y aspiraciones presentes.
MANERAS DE VER
Desde la diócesis, que denunciaron los hechos en cuanto tuvieron conocimiento de la okupación, se confía en que el tapiado del edificio sirva como medida disuasoria. No obstante, el debate de fondo sobre el destino del local sigue abierto.
Y es que en el barrio de la Rochapea, la reacción vecinal se mueve entre la preocupación y el pragmatismo. Más que posicionamientos ideológicos, predomina el deseo de recuperar la normalidad. “Si tiene que haber un local para la juventud, que lo haya, pero sin peleas, ruidos ni problemas”, señalaban los jubilados Ricardo Rekalde y Mertxe. En la misma línea, Hugo Salvador y Eizan Etxeberria, primos, subrayaban la importancia de evitar conflictos: “Nuestros padres viven en esta calle (travesía Río Arga) y lo mejor es evitar enfrentamientos”. Destacar que pudo verse presencia puntual de un furgón de Policía Nacional como medida preventiva, aunque la jornada transcurrió con calma.