En primera persona

"San Fermín nos protege bajo los bombardeos en el sur del Líbano"

El proyecto Fratelli, formado por una pequeña comunidad de Maristas y La Salle, resiste en Sidón atendiendo a las personas desplazadas por el conflicto desatado en Oriente Medio tras los ataques de EE UU e Israel contra Irán

Guillermo Moreno, en el balcón que mira al Mediterráneo en Rmelieh, en diciembre de 2024.
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Guillermo Moreno, en el balcón que mira al Mediterráneo en Rmelieh, en diciembre de 2024.Iván Benítez
Guillermo Moreno, en el balcón que mira al Mediterráneo en Rmelieh, en diciembre de 2024.

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Iván Benítez

Actualizado el 20/03/2026 a las 23:03

Mientras los ataques israelíes sacuden Líbano, una pequeña comunidad religiosa mantiene viva la esperanza en Sidón, al sur, con una imagen de San Fermín en su capilla. Allí trabaja Fratelli, un proyecto de Maristas y La Salle que, desde hace diez años, acompaña a personas refugiadas por la guerra de Siria y hoy también a libaneses y palestinos, víctimas de una nueva escalada de violencia que ha dejado ya más de mil muertos por los bombardeos, más de dos mil heridos y cerca de un millón de desplazados.

La figura de escayola de San Fermín, la misma que aparece en este reportaje, salió de una tienda de la calle Estafeta en diciembre de 2024. Cruzó el Mediterráneo hasta Rmeileh, en el sur del Líbano, y pocos días después quedó instalada en lo alto de una colina que mira al mar. Hoy, bajo los bombardeos, quienes resisten en este lugar —entre Hizbulá y el ejército israelí, entre los destellos del mar y del fuego— evocan su capotico en un mensaje de wasap: “Nos protege”.

Desde esa colina, al asomarse al balcón que mira al Mediterráneo, el paisaje engaña. La costa aparece serena, azul, entre naranjos y una luz que podría pertenecer a cualquier rincón tranquilo del litoral español. Pero la calma es solo aparente. Drones y aviones de combate irrumpen sin aviso. El estruendo de las bombas devuelve a la realidad a quienes residen allí, acostumbrados desde hace años a sobrevivir entre Hizbulá y el ejército israelí.

Un niño sirio desplazado por la guerra se despide al salir del centro Fratelli..
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Un niño sirio desplazado por la guerra se despide al salir del centro FratelliIván Benítez
Un niño sirio desplazado por la guerra se despide al salir del centro Fratelli..

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Fue en este lugar donde, hace casi una década, Maristas y La Salle decidieron quedarse para impulsar el proyecto Fratelli: un refugio educativo y humano para niños y niñas desplazados por la guerra de Siria. Un proyecto que Diario de Navarra visitó en 2018 y que hoy acoge también a población libanesa. En Fratelli hoy son cuatro hermanos y un voluntario quienes buscan ser presencia en medio de la guerra. “En las circunstancias más duras, el ejemplo de Cristo nos orienta, ilumina y sostiene”, relataba hace unos días el hermano de La Salle Guillermo Moreno a Manos Unidas, entidad socia desde la fundación del proyecto hace diez años. En medio de la violencia, su optimismo se transforma en esperanza. “El futuro está en manos de Dios; a nosotros solo nos toca vivir el presente de la manera más parecida a lo que Jesús haría”.

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Los cuatro hermanos Maristas y La Salle posan con la figura de San Fermín, ayer por la mañanacedida
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El 11 de diciembre de 2024, cuando la figura de San Fermín entró dentro de una caja de cartón en esta comunidad religiosa, los hermanos y voluntarios compartían mesa con cautela. “Hoy estamos bien”, decía entonces Moreno, tras dos meses de ataques israelíes que habían reducido muchas zonas del sur del país a escombros.

El hermano Maurice, ruandés y superviviente del genocidio en su país, desempaquetaba la figura del santo mientras escuchaba historias de Pamplona (los encierros, el blanco y rojo, la calle Estafeta) y sonreía sin comprender del todo. Para él, aquella imagen no era solo un símbolo religioso, sino también un vínculo inesperado con la esperanza. La guerra ya había mostrado su rostro meses antes. 

Hermano Maurice, ruandés y superviviente del genocidio en su país,
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Hermano Maurice, ruandés y superviviente del genocidio en su paísIván Benítez
Hermano Maurice, ruandés y superviviente del genocidio en su país,

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“El 23 de septiembre de 2024, a las once de la mañana, comenzaron los bombardeos”, seguía relatando esos días Moreno. “Estábamos despidiendo a los niños de cuatro años cuando empezaron a caer bombas cerca, algunas a solo cinco kilómetros”. Aquel día, más de un centenar de explosiones sacudieron la región. “Desde aquí lo veíamos como una película apocalíptica”. La comunidad tuvo que cerrar sus veinte programas sociales y educativos, que atendían a más de 1.300 personas. El impacto fue inmediato: miedo, ansiedad y una sensación constante de alerta. “Costaba dormir”.

LA GUERRA HA VUELTO

Meses después de aquella frágil tregua, la historia se repite. “Llevamos días con muchas bombas en nuestra zona. Siempre oyendo los aviones y los drones...", contaba ayer mismo el hermano Moreno a Diario de Navarra. "Nuestras acciones se han reducido a la distribución de alimentos a familias desplazadas y al acompañamiento online de nuestros educadores y beneficiarios, pero aún no hemos podido iniciar nada presencial. Hemos visitado refugios, pero aún no hemos empezado nada. Como seguimos en escalada de bombardeos, la gente está muy preocupada y tiene miedo a desplazarse. Se repite el escenario de hace un año, cuando estuvimos casi tres meses de guerra con nuestras vidas bloqueadas”.

Comunidad Fatelli, al sur del Líbano, al recibir la figura de San Fermín.
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Comunidad Fatelli, al sur del Líbano, al recibir la figura de San Fermín
Comunidad Fatelli, al sur del Líbano, al recibir la figura de San Fermín.

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Los proyectos educativos han vuelto a detenerse. Pero la comunidad no. Fratelli, que nació hace diez años por iniciativa del papa Francisco, continúa acompañando a población refugiada y desplazada. Sus programas de alfabetización de mujeres, formación profesional y educación han quedado en suspenso, pero su presencia permanece. “Todos hemos decidido quedarnos aquí junto a la gente. Simplemente seguimos la lógica que nos trajo hasta aquí. Lo extraño sería marcharnos”.

En los últimos días, algunos educadores han acudido para ofrecer apoyo psicológico voluntario. La continuidad de los ataques ha dado paso a la frustración. El miedo vuelve a instalarse en el día a día. “Cada día oímos y vemos las bombas, los aviones, los drones… Volvemos a la alerta permanente”.

La figura de San Fermín, dentro del coche del periodista viaja al sur del Líbano.
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La figura de San Fermín, cuando viajó al sur del Líbano en diciembre de 2024Iván Benítez
La figura de San Fermín, dentro del coche del periodista viaja al sur del Líbano.

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Y, como en cualquier conflicto, la educación vuelve a ser una de las principales víctimas. “Es peligroso moverse en nuestra zona por la cantidad de bombardeos”. Mientras tanto, buscan nuevas formas de ayudar. “Estamos pensando en realizar actividades para niños dentro de los refugios”. 

En el ambiente se mezclan el enfado, la frustración y una esperanza persistente de alcanzar un acuerdo de paz. Mientras tanto, la población local sigue acogiendo a quienes huyen del sur. “A pesar de todo, siempre surge la solidaridad en medio de la guerra”. La unión de la comunidad también les sostiene. “Sentimos la presencia de Dios que nos acompaña y cuida en este momento”.

En la capilla, en lo alto de la colina, la figura de San Fermín preside el espacio. No detiene las bombas ni acalla el zumbido de los drones. Pero se ha convertido en un símbolo compartido. “Confiamos en Dios y San Fermín nos protege”. 

Fuera, el Mediterráneo está en calma. Dentro, la vida se sostiene, en pausa. Porque en Fratelli quedarse no es solo acompañar. Es resistir.

La artillería israelí bombardea la aldea de Odaisseh, en el sur del Líbano
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La artillería israelí bombardea la aldea de Odaisseh, en el sur del LíbanoEFE
La artillería israelí bombardea la aldea de Odaisseh, en el sur del Líbano

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