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Pierde un ojo de un puñetazo a la salida de un bar de Pamplona: "Solo fui a separar en una pelea"

Piden 10 años de cárcel a un acusado de agredir y causar graves lesiones a un hombre 

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Gabriel González

Actualizado el 18/03/2026 a las 07:53

Una pelea a la salida de un bar de Pamplona en la que un hombre de 38 años perdió un ojo de un puñetazo llegó este martes a juicio a la Audiencia. La víctima, que se quedó sin su trabajo de camarero en un restaurante y tuvo que recibir asistencia psicológica por las secuelas, declaró que solo intentó separar al ver a su amigo enzarzado con otro hombre. El acusado alegó que iba muy bebido y drogado, que lo poco que recuerda es que se defendió de una agresión de varias personas. Se enfrenta a 10 años de prisión por un delito de lesiones agravadas y una reclamación total cercana a los 200.000 euros.

Las discrepancias sobre lo ocurrido en el exterior del local también se dieron sobre un incidente previo en el interior. El procesado, que solo declaró a su abogado, declaró que esa noche, la del 5 de septiembre de 2022, tuvo una discusión dentro del bar con dos personas: la víctima y un amigo. “Empezamos una discusión, ellos decían que me iban a golpear. Al salir del bar me interceptaron esos dos y luego vino más gente a por mí”. Aseguró que entre todos empezaron a golpearle “con una botella” y que él solo trató de defenderse. “Yo no recuerdo haber dado ese golpe”, dijo en referencia al puñetazo que causó la pérdida del ojo.

SEPARAR A UN AMIGO 

El amigo de la víctima, que a su vez está acusado de un delito de lesiones por haber golpeado al principal procesado (el fiscal retiró los cargos al acabar el juicio, pero la acusación particular lo mantuvo), ofreció una versión muy distinta. Relató que en el interior del bar estaban con otro amigo y que este último, que había bebido “demasiado”, se acercó a la mesa del acusado, con quien se puso “pesado”. “Lo cogimos para que la cosa no fuera a mayores y lo llevamos a su casa. Lo dejamos y y volvimos los dos al bar”. Tras regresar, aseguró que el acusado les “miraba mal”. Y como tenía que trabajar al día siguiente, decidió marchare con otra amiga que se les había sumado. “Cuando íbamos andando por la acera, vino él por detrás, dejó el patinete y empezó  a insultar, a gritar y a dar golpes. Yo no lo toqué ni él a mí, porque los esquivé”.

En ese momento llegó la víctima. “Se metió en medio para intentar separar, forcejeó y él (el acusado)  le dio varios golpes: el primero esquivó y el otro le dio en la vista. Llegó la policía y ahí se quedaron. Yo me fui porque al día siguiente tenía que trabajar”.

El agredido refrendó la versión de su amigo, aunque le dio más relevancia al altercado previo en el bar, explicando que tuvo que intervenir la policía. “Discutieron y los separamos. Después llevamos a casa a nuestro amigo y volvimos”. Añadió que el acusado no se tomó bien la vuelta de ambos al bar y que  estaba “venga a mirar” a su amigo, que decidió irse porque tenía que trabajar al día siguiente. Él se quedó solo, pero al poco también se marchó. Cuando caminaba por la acera, justo a la altura del portal de su casa, vio la pelea. “Fui a separarlos, él (acusado) me dio un puñetazo y lo esquivé, y el segundo fue el que me dio. Me toqué con la mano y vi toda la sangre, así que le dije a nuestra amiga que  llamara a la policía”, relató. 

Entonces no lo sabía, pero había sufrido el estallido del globo ocular y una fractura en la órbita de un ojo. Fue trasladado al hospital, donde estuvo ingresado ocho días. Al recibir el alta, presentó una denuncia. Después de tres operaciones y un largo tratamiento, le ha quedado como secuela la pérdida del ojo. Tiene reconocido un grado del 33% de discapacidad  por el que no recibe ingreso alguno. 

Su abogada le preguntó cómo le había afectado emocionalmente perder un ojo. “Me ha supuesto media vida... Estuve en tratamiento psicológico medio año”, expresó. Contó que a raíz de la lesión perdió su empleo como camarero y que ahora trabaja para un centro de discapacidad, con una merma de sus ingresos. 

Todos los testigos coincidieron en que en los forcejeos no medió ninguna botella y que el acusado podía estar afectado por el consumo de alcohol. “Estaba fuera de sí, muy exaltado”, describió la amiga del agredido presente en los hechos. “Del golpe se cayó hacia atrás y se dio con la cabeza en el suelo”.

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