Celebración
Pamplona saborea San Blas entre roscos, mercado y tradición
Con su icónico mercadillo en la plaza de San Nicolás y la calle San Miguel, la jornada queda marcada por la venta de dulces, la bendición de los productos y un ambiente festivo que se prolonga durante todo el día
Actualizado el 03/02/2026 a las 12:57
Dulces, roscos y tradición han tomado esta mañana de martes la plaza de San Nicolás y la calle San Miguel con el tradicional mercadillo de San Blas; una de las citas más arraigadas del calendario pamplonés. Con sus 21 puestos de venta, esta pequeña feria se convierte en punto de encuentro para vecinos y visitantes, muchos de ellos fieles a costumbres que se repiten generación tras generación.
Mercedes Cañas no falla a la cita. Siempre acude a primera hora para bendecir los dulces que compra y, ya por la tarde, mantiene la tradición con una merienda en familia junto a su hija y su nieta, Celia. Historias similares se repiten de lado a lado. Gaspar Gómez recorre todos los años el mercado con una idea clara, que rara vez cumple. “Vengo pensando en comprar una sola cosa y al final me llevo de todo”, reconoce entre risas.
En los puestos de venta, la experiencia se mezcla con el relevo generacional. Garrarte Donosti (con tienda en Tafalla) representa la quinta generación de vendedores en San Blas. Peio Zabalza Catalá encarna ese papel, que este año comparte junto a Celia, que atiende sin descanso a todo el que pregunta. “Después de tanto tiempo ya me manejo solo sin problema”, afirma sin apenas levantar la vista del mostrador.
En la variedad está el gusto; de rosquillas a pasiegas
El horario, de 9 a 20.30 horas, se hace llevadero para el grueso de quienes atienden, a pesar de la intensidad de la jornada. “No se hace pesado para nada. Hemos tenido muchísima suerte con la lluvia y el viento; ayer (por el lunes) hubiera sido diferente”, comentan algunos vendedores. “Esta feria es realmente dinámica, me gusta”, apunta Raquel Cuesta, que regenta Virgen de Ujué junto a su hija, Naroa Martínez. “Se vende bien, y eso nos anima porque gusta”.
En Pastas Urrutia, llegados directamente desde Ujué, las roscas de San Blas atraen todas las miradas, junto a las tortas de txantxigorri. “Llevamos toda la vida viniendo y lo cierto es que es un mercado muy tradicional, bonito de ver y para trabajar”, señala David Ortega, convencido de que la consigna es “mejor que sobre que no que falte”, aunque admite que calcular las cantidades nunca es sencillo. Junto a él, Raquel Ruiz y Maddie Saray coinciden: “Estamos todo el tiempo atendiendo, se pasa rápido”.
Precio para todos los gustos:
De 2 a 11 euros
En líneas generales, los vendedores cumplen con una línea de coste similar y es que la idea no es competir. De hecho, el precio se mantiene accesible para casi todos los bolsillos: desde los 2 euros de las habituales figuritas de caramelo, uno de los grandes atractivos para los más pequeños, hasta los 11 euros de productos más elaborados como el pastel vasco.
Por su parte, los tradicionales roscos de San Blas se venden en torno a los 8 euros y vuelven a cosechar éxito, al igual que las rosquillas de sartén o los chandríos de la Virgen de Ujué. Este comercio, presente en San Blas “de toda la vida”, llega desde Tafalla, donde saben que pasiegas y rosquillas hacen las delicias de quienes se acercan al mercado.


La jornada, pese a prolongarse hasta la noche, tiene el primero de sus platos principales con la celebración religiosa en la iglesia de San Nicolás. Con incienso, el recuerdo de la historia del Santo, una breve procesión alrededor del porche y la tradicional bendición de los dulces en el interior del templo. Una tradición que, año tras año sigue congregando a cientos de fieles. "Me gusta bendecir los dulces, siempre es de otra manera", explicaba María de los Ángeles Garciandía.
Homilía presidida por el párroco de San Nicolás, César Magaña; en la que pudo verse a una nutrida representación de miembros de la corporación municipal, con la excepción de los grupos Contigo-Zurekin y EH Bildu. Bien es cierto que el alcalde, Joseba Asiron, visitó el mercado a media mañana.
Quede claro que Pamplona prohíbe, de manera expresa, la venta de pan, así como de productos con nata o crema pastelera. Así, con un máximo de tres metros, cada puesto dejó espacio suficiente para el paso de vehículos de emergencia y del servicio de limpieza; además de portar la correspondiente documentación del origen de sus productos. "Nos interesa la calidad y que todo esté correcto".
