En primera persona

Exiliada venezolana en Navarra: "El régimen de Maduro mató a mi hermano Diego... y hoy siguen los mismos”

Arianna Arellano, vecina de la Comarca de Pamplona de 42 años, perdió a su hermano por un disparo en el pecho durante una protesta contra el chavismo en 2017. Este fin de semana pasó de la esperanza a la impotencia al comprobar que el régimen sigue en pie y cuenta con el aval de Donald Trump

Arianna Arellano, vecina de la Comarca de Pamplona, esta domingo por la mañana.
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Arianna Arellano, vecina de la Comarca de Pamplona, esta domingo por la mañana.Iván Benítez
Arianna Arellano, vecina de la Comarca de Pamplona, esta domingo por la mañana.

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Iván Benítez

Publicado el 05/01/2026 a las 05:00

La noche en la que la exiliada venezolana y vecina de la Comarca de Pamplona Arianna Arellano volvió a creer que Venezuela podía ser libre, su hijo Gabriel, de once años, la observaba con una mezcla de desconcierto y ternura. Era el sábado pasado por la mañana cuando comenzaron a llegar las noticias del ataque de Estados Unidos sobre Venezuela, producido durante la madrugada, y de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Según las primeras informaciones, habrían sido trasladados a Nueva York e ingresados en el centro de detención, donde serían juzgados por delitos de narcotráfico y posesión de armas.

Ese sábado, en el salón de su casa, Arianna lloraba y reía al mismo tiempo, alentada por el punto de inflexión que se estaba viviendo en su país. Llamaba por teléfono, enviaba mensajes, salía y volvía a entrar. No podía estarse quieta. Mientras, su hijo Gabriel, Gabo, como lo llaman en casa, la observaba ensimismado.

 —Mamá, cálmate. Cálmate, mamá. ¿Qué sucede? 

Pero su madre no podía calmarse. Solo quería abrazar a algún compatriota. Durante unas horas, la detención de Maduro parecía cerrar una herida abierta desde el 16 de mayo de 2017, día en que su hermano Diego Arellano, biólogo y deportista, entonces de 31 años, fue asesinado de un disparo en el pecho mientras protestaba contra el régimen chavista. Por eso Arianna reía y lloraba a la vez.

“Sentí alivio”, explicaba ayer, horas después del ataque de Estados Unidos a su país, ya con la noticia de que el Tribunal Supremo de Justicia venezolano había ordenado que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiera la presidencia ante la “ausencia forzosa” de Maduro y el aval de Donald Trump. “Pensé que, por fin, esto se acababa, pero ahora no lo tengo claro”, reflexionaba Arianna frente a una taza de café. Pero, esta vez, las lágrimas no eran de alivio, sino de impotencia. 

Frente al café que acabó de un sorbo y unas lágrimas que parecían no tener fin, Arianna relataba que el sábado por la mañana, todavía con la emoción a flor de piel, habló con su hijo y le explicó que quizá algún día podría conocer un país distinto al que ella tuvo que abandonar. 

—Si cae el régimen, iremos a visitar Venezuela —le prometió, pensando que el cambio había llegado.

Acto seguido, a las diez de la mañana, salió de casa a reunirse con otros venezolanos residentes en Pamplona. Se abrazaron y celebraron. Por primera vez en mucho tiempo, la palabra justicia parecía algo más que un deseo imposible.

Diego Arellano tras recibir el impacto de la bala en el pecho, en 2017.
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Diego Arellano tras recibir el impacto de la bala en el pecho, en 2017.cedida
Diego Arellano tras recibir el impacto de la bala en el pecho, en 2017.

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Pero el domingo, al abrir los ojos, el miedo volvió a abrigarse de miedo y desesperanza. El despertar fue distinto. Muy distinto. Arianna se encontró con la confirmación de que el poder no había cambiado de manos. Que los mismos nombres seguían ahí. Que el régimen, en esencia, permanecía intacto. “Ha sido un golpe brutal. Una burla”, susurraba, con la misma mirada brillante con la que en 2019 contó a este periódico el asesinato de su hermano. 

“Maduro es solo la cara. Detrás siguen Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez… Si ellos siguen, el régimen sigue”. Gabriel volvió a ver a su madre llorar. Esta vez, no de alivio, sino de frustración. De miedo... “¿Cómo le explicas a un niño que los ‘malos’ siguen ganando? ¿Cómo le dices que la policía, la que debería proteger, fue la que mató a su tío por pensar diferente?”.

Arianna Arellano, en 2018, un año después del asesinato de su hermano Diego.
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Arianna Arellano, en 2019, un año después del asesinato de su hermano Diego.Iván Benítez
Arianna Arellano, en 2018, un año después del asesinato de su hermano Diego.

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Diego Arellano se manifestaba contra la disolución del Tribunal Supremo de Justicia, en una protesta masiva. No estaba armado. Recibió un disparo directo al pecho. “Siempre hablamos de una cadena de mando. Los responsables son los que dieron la orden: Maduro, Diosdado, Reverol… Ellos dijeron ‘maten’, y eso fue lo que hicieron”. Por eso, para Arianna, la justicia no pasa por una sola detención, sino por la caída completa del régimen. “Si el régimen no cae, no hay justicia. Ni para Diego, ni para los cientos asesinados en 2014, 2017 o 2019”.

Arianna Arellano, en 2024.
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Arianna Arellano, en 2024Iván Benítez
Arianna Arellano, en 2024.

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Como si el peso emocional no fuera suficiente, este domingo Arianna recordaba también otro aniversario: los 16 años de la muerte de su padre, Francisco Arellano, fallecido de cáncer en Venezuela en 2010. “Pensé que era una señal. Que justo ese sábado 3 de enero, después de tanto dolor, por fin saldríamos de esta pesadilla”.

Diego Arellano trabajaba como biólogo.
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Diego Arellano trabajaba como biólogo.cedida
Diego Arellano trabajaba como biólogo.

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Hoy, parte de su familia vive fuera del país. Venezuela se ha convertido en un lugar de ausencias y de miedo permanente. Gabriel empieza a comprender. Hace preguntas. Compara países. Sabe que su tío murió por protestar. Sabe que hay lugares donde pensar distinto se paga con la vida. Y que quien mata es la propia policía. Que hay impunidad y no hay justicia. 

“Es durísimo explicarle que la policía puede ser el enemigo. Pero no puedo mentirle”. Aun así, intenta protegerlo. Dosificar. Mantener viva la esperanza. Este domingo, Arianna tuvo que decir a su hijo que había que esperar. "Que algún día iremos. Que algún día verá Venezuela como fue".

Mientras tanto, en Venezuela no hay celebraciones. Por miedo. Miedo a las represalias, a los colectivos armados, a las cárceles llenas de presos políticos. “El régimen ha enseñado muy bien a tener miedo”, concluía Arianna. “Ahora solo queda esperar”. 

Y sostener al pequeño Gabo, su hijo, cuando vuelva a preguntar, con la inocencia de sus once años, cuándo podrán ir a conocer ese país del que su madre habla siempre con dolor… y con amor. Un país, Venezuela, que ayer no despertó de la pesadilla y donde millones de personas siguen atrapadas entre la pobreza, la impunidad y el miedo.

Diego Arellano, en una ilustración que hicieron en Venezuela tras su asesinato.
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Diego Arellano, en una ilustración que le reconocía en Venezuela tras su asesinato.cedida
Diego Arellano, en una ilustración que hicieron en Venezuela tras su asesinato.

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