Pamplona
El dueño de un local ocupado en la Txantrea lucha por recuperarlo
Una familia argelina con tres menores duerme desde abril dentro de este espacio en “condiciones infrahumanas”, sin tener agua ni luz


Publicado el 25/08/2025 a las 05:00
Casi cinco meses durmiendo con tres menores en un espacio que ni siquiera tiene licencia de habitabilidad. Sin luz, agua, ni cocina y utilizando un camping gas para cocinar en un espacio de madera cuya propiedad no les corresponde. Así son las condiciones en las que una familia argelina vive desde que ocupó este local ubicado en la calle Zúñiga, en la Txantrea.
Fue en abril cuando íñigo, su propietario, se dio cuenta de que alguien había entrado sin permiso. “Lo compré y lo estaba adecuando poco a poco”, explica ahora sin poder usarlo. “Fue una inversión. Legalmente tiene permiso de oficina y aún no tiene proyecto final de obra”, cuenta desesperado sin encontrar solución alguna, pese a haberlas buscado en “Policía Nacional, Policía Municipal, Asuntos Sociales, Ayuntamiento, ongs, e incluso partidos políticos”.
“Tiene baño, pero ni siquiera tiene agua. No sé cómo se bañan o cómo tiran de la cadena. Tampoco cómo se alimentan o beben agua”, analiza íñigo. “Teniendo en cuenta, además, que en su interior hay tres menores en condiciones infrahumanas”, destaca el propietario de este bajo. El local tiene también dos ventanas a la calle, cuyas persianas suben “sin pudor” para que entre luz. Y por las que se puede observar la “suciedad” que acumula el interior. “No se esconden”, cita íñigo.
UN CAMPING GAS Y MADERA
A las preocupaciones de este vecino se suma “el peligro de explosión al utilizar un camping gas para cocinar en un interior con suelo de madera”. Teniendo en cuenta que “duermen en el suelo y las paredes ya están negras”, en un espacio que “ha tenido inundaciones”.
“He puesto denuncia en Policía Nacional y en el Juzgado. He ido a Policía Municipal y me he llegado a pelear con la familia. Incluso me han amenazado con detenerme”, resume. “Hablé con la jueza y me dijo que esto lleva su tiempo, pero yo no tengo más tiempo. Necesito terminar la obra y vender el local por mi propia economía”, analiza desde fuera queriendo trasladar su “desesperación” al “no obtener respuestas útiles”.
“Aunque de normal haya dentro seis personas (tres menores, un joven, un padre de unos 55 años y una madre algo más joven), siempre se mueve gente por allí. Incluso el otro día tuvo que ir la policía porque tuvieron una pelea entre ellos”, explica el afectado, al que en uno de los momentos que intentó hablar con ellos, estos “llegaron a sacar un cuchillo”, relata.
“Estoy hablando con asociaciones, sobre todo por las condiciones en las que se está permitiendo que estos niños vivan”, destaca Íñigo. Indicando que, desde abril, su paciencia se está acabando. Siendo algo “importante” para él: “Depende de mi futuro y me voy a mover todo lo que pueda hasta que alguien haga algo”.