Entrevista

Enrique Maya: "Ya no hay ETA ni ‘kale borroka’, pero su proyecto político se va imponiendo"

A punto de cruzar la línea de la jubilación, el que fuese alcalde de Pamplona con UPN en dos legislaturas ofrece una visión amarga de la política actual y asegura que vivió con dolor la moción contra Cristina Ibarrola, la candidata que, insiste, él propuso

Enrique Maya posa en uno de los balcones del casino Eslava pamplonés con la plaza del Castillo como fondo
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Enrique Maya posa en uno de los balcones del casino Eslava pamplonés con la plaza del Castillo como fondo
Enrique Maya posa en uno de los balcones del casino Eslava pamplonés con la plaza del Castillo como fondo

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Ruperto Mendiri

Publicado el 24/08/2025 a las 05:00

Enrique Maya Miranda (Montevideo, 1959) todavía tiene secuelas motrices por el covid. Por eso, ahora va al gimnasio. Vivió como alcalde la gestión local de una crisis planetaria y sufrió el embate de la enfermedad. A unos día de jubilarse, mira la realidad política con pesadumbre. Dice que se viven horas bajas. Aunque ya lejos de la primera línea, ayuda en lo que puede al partido desde su cargo de presidente del Comité local de UPN en Pamplona. Dice que defender la singularidad foral de Navarra dentro de España es un proyecto ilusionante frente a los que solo lo conciben desde la independencia. Y asegura estar preocupado por el xirimiri político que representa el proyecto abertzale y que va empapando. Convencido de que no se va a tocar el monumento a Los Caídos en esta legislatura, acusa al actual gobierno de Asiron de precipitación, con ejemplos como las esculturas de Sarasate o la carretera de la Universidad de Navarra.

¿Qué se siente ante la jubilación? ¿Júbilo?

Yo diría que un poco de inquietud. Ves que viene un cambio importante en tu vida. Llevo desde el año 84 trabajando sin parar como arquitecto, casi 42 años. Y ese cambio lógicamente genera un poco de incertidumbre. Pero siento la alegría de poder dedicar más tiempo a la familia, a mi padre, a mis nietos, a mi mujer y a mis hijos.

Dos nietos y un padre con 93 años.

Sí. Quiero dedicarle más tiempo, que se lo merece, con esa ilusión. Y luego poder hacer cosas que tengo en mente. Tengo muchísimas cosas escritas en mi ordenador de urbanismo, de política, y quiero poner orden en todo eso.

¿Libro a la vista?

No sé si libro, pero sí quiero poder sacar artículos, hacer mis propias reseñas, tenerlas escritas, ordenadas.

¿Qué balance hace de sus dos mandatos como alcalde?

De un gran orgullo. No nací en Pamplona, pero llevo aquí 63 de mis 66 años. Culminar tu trayectoria profesional como alcalde de tu ciudad es incomparable a ninguna otra dedicación. A pesar de los malos momentos, son muchos más los buenos.

¿Cómo vivió desde la barrera la moción de censura histórica contra Cristina Ibarrola?

Muy mal, muy mal. Fui yo el que propuso a Cristina pese a lo que se ha dicho. Y me dolió muchísimo la moción porque ella estaba súper ilusionada. Habría sido una muy buena alcaldesa de haber tenido más tiempo. No sé qué hará al final, en el futuro. No quiero meterme en su terreno, pero a mí me haría mucha ilusión volver a verla de alcaldesa.

Pues el ahora tripartito en el gobierno de Pamplona (EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin) y el PSN llevan dos años acusándole de proyectarse para el Ejecutivo foral.

En política, y es una cosa que he aprendido, de lo que ocurre a lo que se traduce, suele haber mucha distancia. Ella aceptó el reto. Si hubiera estado en otras cosas no lo habría hecho. Y lo que me parece el colmo es que digan que la ciudad estaba paralizada. No se lo cree nadie. La decisión de la moción estaba tomada.

¿En Madrid?

Yo creo que sí. Iba todo rodado. El PSOE es un partido muy jerárquico. Que digan la verdad: han cambiado los papeles y ahora sí procede. Pero eso de echar la culpa a Ibarrola... No hizo nada para una moción. Es que no tuvo tiempo. La política está muy fea, en horas bajísimas. Y en política, no hay recetas mágicas, sino mucho trabajo, negociar, trabajo en la sombra... Yo con los portavoces del Partido Socialista que me tocó estar, tomaba cafés. Con Maite Esporrín o con Jorge Mori tenía buena relación. Igual no llegabas a acuerdos, pero charlabas, distendías el ambiente.

Parece claro que no echa de menos la política, al menos tal y como está ahora.

No me gusta nada. Yo la veo y digo, ¿cómo puede estar yo 12 años ahí a tope? A veces, para salir de un ambiente político enrarecido, lo mejor es escapar un poco de él. ¿Cómo? Con la gente: visitar un barrio, estar en una sociedad de gente mayor, ir a ver una escuela infantil... Ahí está la realidad de la política.

En su segundo mandato como alcalde parecía impensable que el PSN diese la vara de mando a EH Bildu algo que ocurrió 6 meses después de las elecciones. 

El PSN siempre ha tenido la llave. Excepto un año, que ni entre los dos llegábamos a la mayoría y gobernó Asiron. Si cuando yo salí de alcalde, el PSOE hubiese decidido apoyar a Bildu yo no habría sido alcalde. Cambian las circunstancias...

Y las personas... Ni Esporrín ni Elma Saiz, ambas del PSN, firmaron la moción.

También. Pero Javier Esparza tiene resultados para presidir. Cambian las circunstancias.

¿Ibarrola o Toquero?

Los dos. Depende para qué. No tengo ni idea de por dónde van a ir los derroteros. Son muy diferentes. Toquero yo lo defino como un político muy inteligente, muy comunicador, que tiene mayoría absoluta en Tudela, cuando ha sido feudo socialista muchos años. Cristina tiene otro perfil. Es una persona más sosegada de formas. No sé lo que va a ocurrir, la verdad. Yo ayudaré desde donde estoy, que es el presidente del comité local de Pamplona.

¿Va a haber sorpasso en Pamplona?

¿De Bildu sobre UPN? Yo creo que no. La gente también está viendo cuál es el proyecto de cada uno. Y se están haciendo cosas que pensaba que no se iban a hacer.

¿Como qué?

Las esculturas de Sarasate en contra de un plan. “Tengo que quitar a los reyes y como los quiero quitar, los quito”. Todos los temas de movilidad. No digo yo que no haya que hacer cosas. Pero estos pasan del trazo grueso a la obra muy rápido. Mira lo de la carretera de la universidad. Nosotros también hicimos algunas. Como el cambio de la calle Amaya. Es evidente que fue un error. El actual equipo está yendo de forma poco meditada.

¿Qué le parece la retirada de la calle al arquitecto Víctor Eusa?

Mi familia política es familia de Eusa. Y el sectarismo al que se puede llegar a la hora de tomar decisiones es tremendo. En un momento dado de la guerra civil formó parte de la Junta Carlista. Pero se le dio la calle en democracia. Fue Barcina, no un franquista. Por eso está en Buztintxuri. Víctor Eusa es el arquitecto, de lejos, más relevante de la arquitectura de Pamplona y de Navarra.

¿Hay un ‘blanqueo’ de EH Bildu como dice UPN y PP?

Hay un buenismo. Es evidente que hemos mejorado. Ya no está ETA, no hay bombas ni kale borroka, pero la realidad es que su proyecto político, poco a poco, se va imponiendo. La gente no es consciente de eso. Y a mí me preocupa. Están pasando muchas cosas con gran indiferencia por parte de la gente. Hace poco se quejaban las víctimas amargamente de lo que ocurre en las fiestas con homenajes a presos de ETA.

¿Y cómo se pueden armonizar las dos realidades polarizadas que hay en Pamplona?

Lo que hay que reconocer es que las cosas jamás van a ser como fueron hace 20 años. Y eso nos obliga a los que pensamos en una Navarra foral dentro de España de forma natural nos obliga a mirar a cosas que no hemos mirado. Pero el proyecto de la Navarra foral en España es ilusionante.

¿Se va a hacer algo en Los Caídos esta legislatura?

Estoy convencido de que no. Esa es también otra estrategia muy habitual: lanzar permanentemente proyectos que no se hacen. Es obvio que no tiene ningún sentido derribar el edificio ni ninguna de sus partes. Es arquitectura monumental, con esa gran cúpula y la escenografía barroca del monumento. No se va a hacer nada en este mandato. Además, hay una Ley de Memoria Democrática, que si no estoy muy mal informado, impide el derribo.

¿Qué se debería hacer para solucionar el problema de la vivienda?

Deberíamos desarrollar los planes que están. Pero esos planes tienen problemas porque el suelo ya vale mucho y hay muchas cargas de urbanización, así que no puedes hacer toda las VPO que quisieras. Incluso aunque se desarrollen, sigue habiendo mucha gente que no puede llegar a pagar el precio de una VPO. No es solo un problema de disponibilidad de suelo, es un problema de que la gente tenga unos trabajos mejores.

DNI
Enrique Maya Miranda (Montevideo, 1959) nació en Uruguay porque sus padres -él de Aezkoa y ella tudelana- migraron en los años 50. Arquitecto por la Universidad de Navarra, funcionario del Ayuntamiento de Pamplona en la Oficina de Rehabilitación y profesor, ha sido alcalde de Pamplona por UPN en dos legislaturas: 2011-2015 y 2019-2023. Padre de dos hijos -Eduardo y Alejandro- y abuelo de otros dos, quiere dedicar, ya jubilado, más tiempo a su familia. Su padre tiene 93 años.

"No fue fácil entrar en política; la familia sufre, eso es así"

En 2023 deja la primera línea de la poítica para volver a su puesto. ¿No existen las puertas giratorias en la política local?

Yo estoy muy orgulloso de haberlo hecho así. Nadie me abrió la puerta para que dejara el puesto. Pero sabía que se había acabado mi ciclo. Y a partir de ahí, lo más saludable y lo más lógico es volver a tu cargo. Y mi cargo es arquitecto municipal y profesor de la universidad. Son mis dedicaciones profesionales. Nada de buscar las famosas puertas giratorias.

Enrique Maya, un funcionario municipal, arquitecto del Ayuntamiento de Pamplona, entra en política en 2011. Y se convierte en alcalde por UPN. ¿Cómo recuerda sus inicios?

Yo entré en política con Yolanda Barcina, que hizo una labor incomparable como alcaldesa. Estoy muy orgulloso de aquellos 12 años como director y gerente de Urbanismo. Se hicieron muchísimas cosas en Pamplona. Y ella fue la que me propuso dar el paso. No fue fácil. La familia sufre, eso es así. Hubo momentos duros, pero hago balance y estoy orgulloso.

Dice que hay más momentos buenos que malos. ¿Con qué se queda?

Los mejores momentos, y lo digo de corazón, es cuando ves una persona, normalmente una persona mayor, que te reconoce, que te mira, que se acerca. Nunca era demasiado consciente de ser alcalde. Lo digo como lo siento. Pero para la gente, lo eres. Y el hecho de que te pares, les hables, les des la mano o le des dos besos a una señora que se te acerca, te hace ver que tienes un papel importante en la ciudad.

ATERRIZAR DESDE LA ALCALDÍA

¿Se queda con la parte humana de la política?

Sí. La parte más bonita de la política es la humana, la gente. Todo lo demás es más relativo. Al final, todo lo que haces es por la gente: las obras, los servicios sociales, la cultura... Todo es para que esta ciudad sea mejor, para que la gente viva mejor.

¿Y cómo han sido estos dos años fuera de la política?

De aterrizaje. Me ha venido muy bien porque vivía muy estresado. Quizás soy de aguantarme mucho las cosas, salvo para los muy cercanos, y sobre todo cercanas en la política: Ana Elizalde, que ha sido siempre mi mano derecha; María Caballero, con la que he convivido los doce años, Juan José Echeverría... Gente con la que mantengo una relación maravillosa.

¿Y cómo es su vuelta al trabajo, a su puesto de arquitecto en la Oficina de Rehabilitación (ORVE) a dos años de su jubilación?

Pues como uno más del equipo, con toda normalidad. Total respeto, bromas, un ambiente muy bueno. Es una oficina con un sello especial. Todo el mundo lo dice. Ahí empecé en Pamplona y ahí ha acabado. Se cierra el ciclo.

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