Bares

Un vermú asegurado en el bar La Sota de Lezkairu

La propietaria, Ana Setuain Urtasun, dejó su cargo como funcionaria de la UPNA en 2016 para inaugurar el establecimiento

Ana Setuain Urtasun, propietaria del bar La Sota de Lezkairu, junto al carro vermutero que dispone el local
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Ana Setuain Urtasun, propietaria del bar La Sota de Lezkairu, junto al carro vermutero que dispone el local
Ana Setuain Urtasun, propietaria del bar La Sota de Lezkairu, junto al carro vermutero que dispone el local

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Irune Abadía Esain

Publicado el 09/08/2025 a las 05:00

En 2016 y sin ninguna experiencia previa en hostelería, Ana Setuain Urtasun decidió inaugurar La Sota de Lezkairu en el número 6 de la Avenida Cataluña, el segundo bar en abrir en el barrio. Ahora, con 50 años y habiendo dejado su cargo como funcionaria de la UPNA, sigue al mando de este establecimiento. “Ha sido como una de estas cosas que haces sin pensar demasiado. Siempre había querido tener un negocio, así que me lancé a ello. Me parecía una zona muy bonita porque todo estaba por hacerse y mira ahora”, contaba Setuain.

Casi diez años después y tras un comienzo tanto ilusionante como complicado, La Sota ha ido viendo todos los cambios que ha dado Lezkairu. “Hay muchas parejas jóvenes que acababan de comprarse el piso y que ya vienen con los niños. Es muy bonito empezar en un barrio cuando el barrio también empieza. Hay momentos que sientes que esto es como Barrio Sésamo y que conoces a todos, llega un punto que ya no sabes diferenciar si son clientes o amigos”, explicaba la propietaria.

Abierto de lunes a domingo de 11.00 a 23.00 horas aproximadamente, Setuain detallaba que ofrecen de todo: “Tartas y cookies artesanales para desayunar; todo tipo de raciones, hamburguesas, fritos y demás; variedad de encurtidos, cervezas artesanales… También tenemos un carrito de vermús que suele llamar mucho la atención. Hay gente que viene directa”. Platos no faltan para elegir, pero si hay que quedarse con alguno, los nachos suelen ser los preferidos, según detallaba la hostelera. Como recomendación personal, ella se quedaba con las pizzas caseras, “y hay que probar todas las variedades de vermús, por supuesto”, añadía.

El establecimiento inicialmente estuvo decorado con un estilo industrial. “Era lo que se llevaba, pero luego fui añadiendo plantas, detalles de madera… de la otra manera creo que era algo más frío”, apuntaba Setuain. “Ahora gusta mucho. El otro día vino un joven diciendo que parecía un museo”, comentaba riendo.

Con tres empleados en cocina y otros tres en barra, Setuain espera que el local siga como está: “Aunque se puedan ir metiendo más cositas, en principio me gustaría continuar en esta línea”. Para ella, lo más importante es que la gente se encuentre cómoda y relajada, conseguir un ambiente que resulte algo más informal.

Por lo menos, la hostelería hasta el momento no tiene pensado dejarla. “La gente al principio me decía que estaba loca, todo el mundo me daba consejos. Ahora, yo creo que alguno ya podría dar yo”, bromeaba.

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