Fallecimiento
Pamplona pierde al decano de sus castañeros
Miguel Martínez Ochoa, que durante 50 años estuvo al frente de la locomotora de la calle Comedias, fallece a los 85 años


Actualizado el 07/06/2025 a las 16:58
Miguel Martínez Ochoa, el pequeño de los seis hijos del matrimonio formado por José Martínez Llorente y Felipa Ochoa Caballero falleció este sábado en Pamplona a los 85 años de edad. Pamplonés de la “avenida Jarauta”, era la segunda generación de una familia de castañeros y fue el primero en alcanzar el medio siglo en las calles de la capital navarra. 50 temporadas de repartir el codiciado fruto de otoño y también sonrisas y palabras amables a los que como él trabajaban en la calle o se acercaban al puesto a comprar. Cinco décadas con aquellos otoños grises e inviernos de abrigarse hasta las cejas y en los que fue “muy feliz” al abrigo del carbón y al olor de las castañas, como recordaba el pasado septiembre cuando su primogénito, Miguel Martínez Chocarro, estrenaba en su puesto de la plaza Merindades la temporada número 100 de la familia Martínez vendiendo castañas en la ciudad.
Casado con Camino Chocarro Senosiáin, eran padres de tres hijos, Miguel, Alfonso y Andoni, y abuelos de Leyre e Iñigo Martínez Aguinaga, Álvaro y Ander Martínez Ponce y Anne y Alonso Martínez Muñoz. Los tres primeros especialmente, en los puestos y en la trastienda con preparativos, han contribuido también a mantener la cadena durante un siglo. Junto al resto de la familia. Todavía sopesan iniciar la cuarta generación.
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A los mandos de la locomotora que instalaba en la calle Comedias, en la esquina con Lindachiquía, Miguel Martínez Ochoa trabajó en el puesto entre el otoño de 1963 y el invierno de 2013. Con la única excepción de un año de baja por enfermedad. Durante décadas compaginó esta dedicación con el trabajo en la fábrica. Había relevado a su padre, José, que se instaló con la popular locomotora convertida en castañera en 1925. Cogió en 2013 el testigo en la esquina, ya más cerca del paseo de Sarasate, el menor de sus hijos, Andoni Martínez Chocarro, que antes había vendido castañas en la Taconera.
De sus años de castañero Miguel Martínez ganó amistades entre el vecindario y la clientela. Acumuló anécdotas y amasó el cariño de tantos pamploneses y visitantes que buscaban su fruto y el calor en las manos. “Me quedo con la gente, con el trato, con el saludo”, se despedía en otoño pasado cuando de alguna manera celebraban en la familia las cien temporadas en las calles como castañeros. Ya delicado de salud pero con los ojos iluminados cuando sus nieta mayor, Leyre, entonces de 24 años, y el menor, Alonso, de siete todavía, le entregaron una de las primeras castañas de la temporada especial para la familia. DEP.

