Granier cierra por sorpresa su panadería y cafetería de Pamplona

Abierto en 2013, el establecimiento de la plaza de la Cruz era conocido por sus fartons, minidots y tartas de queso

La panadería y cafetería Granier, en el chaflán de las calles San Fermín y Bergamín, en Pamplona
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La panadería y cafetería Granier, en el chaflán de las calles San Fermín y Bergamín, en Pamplona
La panadería y cafetería Granier, en el chaflán de las calles San Fermín y Bergamín, en Pamplona

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Pedro Gómez

Publicado el 03/05/2025 a las 15:30

Fartons, croissants, minidots de varios colores, berlinas, palmeritas, tarta de queso… Durante doce años, Granier ha sido la esquina más dulce de la plaza de la Cruz, en el Segundo Ensanche de Pamplona. Esta semana, y casi por sorpresa, la panadería y cafetería ha echado la persiana. En el Google My Business señala que está “cerrado temporalmente” pero fuentes cercanas aseguran que es un cierre permanente.

Granier es una de las principales cadenas de panaderías de España, fundada en 2010 por Juan Pedro Conde, emprendedor que sigue al frente de la compañía, con 350 tiendas en España y varios países de América y una facturación de 50 millones anuales. Nació como una pequeña tienda en Vilanova i La Geltrú (Barcelona) pero en 4 años alcanzó los 200 establecimientos, la mayoría franquiciados.

A la plaza de la Cruz de Pamplona llegó en 2013 y desde entonces la franquicia ha estado gestionada por la misma familia, bien conocida por el vecindario y trabajadores de la zona. En 2015, se abrió otro Granier en la calle Zapatería, que cerró durante la pandemia. En sus inicios, esta cadena de cafeterías de aires parisinos fue una novedad tanto por sus productos como por sus precios y ofertas en una ciudad dominada por grandes operadores locales. Sus panes de pueblo, barras y pistolas rompieron la rutina de los muy panaderos. Pero con el tiempo, Granier también fue víctima de nuevos obradores que apostaban por la masa madre, además de las cadenas de supermercados que hornean las masas precocidas.

Por su ubicación, Granier ha sido lugar de desayunos para madrugadores, el café con pincho de media mañana para trabajadores del instituto, meriendas para las amigas del Ensanche y el tentempié a la salida de misa de la parroquia de San Miguel. Algunos clientes admitían que al establecimiento le convenía un lavado de cara, una remodelación, un nuevo impulso. Ahora quizás sean otros los den otra vida a este chaflán, que antes que panadería fue salón de juegos.

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