Apagón

Tráfico a tientas en Pamplona

Los más de mil semáforos de la ciudad y cientos en la Comarca se apagaron y el tráfico empezó de cero. Tras el desconcierto inicial, la Policía Municipal gobernó las principales arterias y la ciudad sostuvo la calma

Un agente de la Policía Municipal ordena el tráfico en la plaza de Merindades de Pamplona, este 28 de abril.
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Un agente de la Policía Municipal ordena el tráfico en la plaza de Merindades de Pamplona, este 28 de abril.
Un agente de la Policía Municipal ordena el tráfico en la plaza de Merindades de Pamplona, este 28 de abril.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 29/04/2025 a las 05:00

"Nací en 1936, el mismo año que el Papa Francisco, y no recuerdo nada igual ¿Cómo ha podido ser esto?”. El testimonio de Jesús García, pamplonés de 89 años que este lunes a mediodía paseaba con su silla eléctrica por el centro de Pamplona, calibra en buena medida el sentir de la ciudad. Nadie había conocido algo parecido y la confusión ocupó la primera línea de las principales calles desde las 12.35 horas, cuando la rutina se despedazó y la mayoría de los ciudadanos se acomodaba a la anarquía urbana de manera ejemplar. Diez horas después de que saltara la electricidad, muchos barrios de Pamplona y zonas de la Comarca continuaban sin suministro eléctrico. No hubo este lunes comunicación oficial del Ayuntamiento de Pamplona sobre el apagón.

En cafeterías, bares, terrazas, comercios, gimnasios, villavesas, taxis, centros de salud... cada persona contenía una historia. Todas pegadas a sus teléfonos, tratando de conectar con familias y amigos y buceando sin demasiado éxito en las razones de lo ocurrido. “Estábamos tomando café y se ha ido la luz. En la mesa de al lado bromeaban y han empezado a cantar cumpleaños feliz... pensábamos que era cosa de la cafetería, pero al salir todos los comercios estaban sin luz y los semáforos en negro, Zara ha cerrado enseguida”, contaba una clienta en la calle Estella.

El lógico caos de tráfico se extendió como un efecto dominó, al tiempo que agentes de la Policía Municipal se desplegaban en las principales arterias para organizar la circulación a golpe de silbato y brazos. Los conductores respetaron más que nunca los pasos de cebra y la prudencia ganó enteros en el asfalto. Solo se escuchaba el claxon de los vehículos de policías y ambulancias. En Pamplona hay más de mil semáforos organizados mediante una red semafórica con 208 nodos o enlaces y 133 reguladores.

LAS VILLAVESAS SIGUIERON CIRCULANDO

Las 25 líneas de villavesa funcionaron. Contaba un chófer de la línea 12 (Mendillorri-Ermitagaña) nada más acabar el turno de mañana a las dos de la tarde que todo transcurrió con normalidad, a excepción de los semáforos. “Pero había policía en todo el trayecto, al menos desde el seminario hasta la avenida de Bayona y hacia Ermitagaña, de manera que no ha habido problema”, apuntaba además que el vehículo que conducía es eléctrico. “Tienen autonomía para el turno de mañana y el de tarde, por la noche deben cargar”, avanzaba ante la incertidumbre de la jornada.

CONFUSIÓN EN LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES

En la estación de autobuses reinaba la confusión en los primeros minutos, pero se mantuvo la circulación. No se podían vender billetes en las terminales y quienes lo habían adquirido por internet no lo podían descargar en sus teléfonos. El generador de la estación permitió la apertura y cierre de barreras y los servicios mínimos de luz.

TIRANDO DE GENERADOR EN LOS PARKING SUBTERRÁNEOS

Similar era la situación en los aparcamientos subterráneos. “Con generadores, hasta que aguanten”, tal y como confirmaban en el de Baluarte, pasadas ya dos horas y media desde el inicio del apagón. Hubo excepciones, como el del Palacio de Justicia, donde las máquinas de cobro no funcionaban, había que pagar en efectivo en la ventanilla. No obstante, anotaban las matrículas para pagar en otra ocasión si alguien iba sin metálico. Tampoco se sancionó en ese impasse a los vehículos sin tiquet de la Zona Azul porque los vigilantes no podían contactar con la central.

El PEQUEÑO COMERCIO, CONGELADO

El comercio se quedó helado. Algunos decidieron cerrar y otros permanecieron con la puerta abierta, pero sin actividad, algo que propició tertulias y corrillos entre las personas trabajadoras que se lo tomaban con el mejor humor posible. Como en la farmacia de Yanguas y Miranda, donde Laura Marfil describía la situación. “Solo han quedado encendidas las luces de emergencia, los que estábamos dispensando hemos acabado y ya no hemos podido hacer más”.

Unos metros más abajo, El Corte Inglés seguía abierto con la energía de su generador, con la luz mínima y con las escaleras mecánicas y ascensores cerrados. Más de mil personas se encontraban en el interior, entre clientes y plantilla, pero no hubo incidencias.

CLIENTES EN LAS TERRAZAS DE LOS BARES

En algunas terrazas los clientes seguían con sus consumiciones y aprovechaban el buen tiempo, lejos de las escenas apocalípticas, y tras el desconcierto inicial.

Y también continuó con su trabajo Adela Hidalgo, vendedora de la ONCE. “El datáfono funciona con el teléfono y de momento me va bien, también he podido enviar mensajes por teléfono a Cuba”, explicaba junto a su cabina de la calle Estella.

LA CASA DE MISERICORDIA, UN OASIS ENTRE EL CAOS

Y una oasis entre la confusión fue la Casa de Misericordia de Pamplona. “Todo tranquilo y normal, aquí no nos hemos enterado”, explicaban. Su generador funcionó y la vida transcurrió primaveral. “Ha venido una señora a ofrecerse voluntaria por si había que ayudar a dar de comer a las personas residentes”, apuntaban en la portería. Una vez más, la mejor cara en días negros como el de este lunes.

MAI HERCE, LA ESTUDIANTE QUE ENTRÓ A REZAR

Mai Herce, de 16 años, esperaba con su guitarra en una parada de villavesa de la calle Padre Moret el inicio de su clase de música en la escuela Joaquín Maya. “Habíamos salido del colegio cuando ha llegado el apagón, hemos cogido la villavesa y ha sido como que no nos habíamos enterado de nada, pero me he fijado que en el panadero y en el bazar de al lado de casa no había luz, luego tampoco ascensor, estaban subiendo a una abuelita por las escaleras y no se veía nada, un vecino se ha quedado atrapado en el ascensor, he vuelto a salir para ir a clase de música y he entrado a la capilla para rezar un rato ante el Santísimo que está siempre expuesto”, aportaba su relato del apagón esta estudiante.

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