Pamplona, a pie de calle

La pescadería centenaria de Espe

“Lo hice por mi hija, para estar con ella por las tardes”. Esperanza Arizcuren cambió un supermercado por La Kontxa, una de las pescaderías más antiguas de Pamplona. Ahora lleva “el timón” de su vida y saca tiempo para ser vocalista en un grupo de rock

Espe Arizcuren Atienza, junto a la pescadería La Kontxa, en la calle Calderería
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Espe Arizcuren Atienza, junto a la pescadería La Kontxa, en la calle Calderería
Espe Arizcuren Atienza, junto a la pescadería La Kontxa, en la calle Calderería

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Pedro Gómez

Publicado el 09/03/2025 a las 05:00

Cuando Espe Arizcuren acude temprano a la pescadería La Kontxa “para poner bonito” el mostrador lo hace con alegría. Pone bien alto el hilo musical con los éxitos ochenteros y canta a pleno pulmón mientras coloca las pescadillas, chicharros, alfonsinos, lubinas y calamares de kilo. Lo mismo cuando toca cerrar la tienda y limpiar todo. “Como si estuviera en la ducha”, confiesa. Así es cómo le ha dado frescura y modernidad a un negocio centenario del Casco Antiguo de Pamplona. “No he conseguido encontrar el qué año comenzó la actividad. Hay registros de 1928 pero tiene que ser más antigua. Sin duda tiene más de cien años”, comenta.

Esperanza Arizcuren Atienza, Espe para amigos y clientes, cumplirá el próximo 1 de diciembre diez años al frente de La Kontxa, en la calle Calderería número 21. Entonces tenía 40 años y una hija de 12. “Lo hice por mi ella, por conciliar, por cuidarla. Yo trabajaba en un supermercado y se me terminaba la reducción de jornada por cuidado de hija y tenía que volver a los turnos”, explica.

La pescadería buscaba relevo por jubilación, así que llegaron a un acuerdo de traspaso con opción de compra. Carlos Albillo, gerente de la Asociación Casco Antiguo de Pamplona, señala en su libro Comercios centenarios de Pamplona que la pescadería La Concha fue fundada por Vicente Bacáicoa, según testimonios orales recopilados. Espe Arizcuren ha estado buceando en el Archivo Municipal. “Hay un chico muy majo que me ayudó. Encontramos datos de 1928 pero no fue posible tirar para atrás”, señala.

“Soy mujer, comerciante y madre a tiempo completo y soy la que dirijo el timón de mi vida”, resume Espe. Su trayectoria pudo ser muy distinta ya que inicialmente se preparó unas oposiciones de servicios generales. “No saqué plaza pero aprobé y me quedé bien situada y me llamaron, pero la falta de estabilidad me echó para atrás”, apunta Espe, que estudió la FP de salud ambiental.

Con el traspaso, Espe subrogó la plantilla que tenía La Kontxa. “De ellas aprendí muchísimo. Yo venía de una gran superficie, pero me tocó aprender a tratar con los mayoristas y otras muchas cosas”, señala. En aquellos comienzos renovó el logotipo de la tienda para convertir la X de la Kontxa en un pececillo amarillo. Después pintó la fachada de un azul muy marinero. Y en 2022 reformó el interior para colocar un expositor más amplio, de un material más higiénico y más cálido. La atención al público siempre ha sido su punto fuerte. A los 23 años, con ayuda de sus padres, cogió una panadería de Taberna en franquicia. Después se fue a un supermercado, donde fue responsable de charcutería y responsable de pescadería durante siete años y monitora de atención al público. “En los exámenes internos que nos hacían siempre sacaba la mejor nota”, recuerda.

Como pequeña empresaria, Espe pudo conciliar y pasar las tardes con su hija a costa de muchos madrugones. Ahora su pequeña está en la universidad y le ayuda con las redes sociales. “En aquellos primeros años iba a las lonjas de Guipúzcoa. Es un mundo dominado por los hombres, donde se suele respirar cierto machismo, pero aprendí a moverme”, señala. Cuando tiene ocasión, le gusta traer ejemplares espectaculares, como los calamares de dos o tres kilos, un rape y una corvina de 20 kilos o congrios de 10.

La pandemia supuso un punto de inflexión en el negocio. “Yo trabajaba mucho para la hostelería hasta que sufrí un impago bastante gordo que me descuadró las cuentas. Fue un momento de agobio. El estado de alarma nos pilló con muchos pedidos que luego hubo que negociar”, relata. Fue una época de aprendizajes que le llevó a redimensionar el negocio, a prescindir de la plantilla y a quedarse sola y convertirse en pescadería de barrio.

“Hice el negocio a mi medida y mis posibilidades, a lo que llego”, comenta. Como la canción del pirata, La Kontxa y la música son su tesoro y su libertad. “Soy vocalista de un grupo de andar por casa, Efektos Sekundarios. Nos estrenamos el 15 de noviembre en la sala On-Off, con la cuadrilla y la familia. Es un grupo de rock-heavy, aunque a mí me gusta la música más dulce, más suave. Con la guitarra me gustan cantautoras como Rosana o Olatz Salvador.

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