Pamplona
Fallece Mari Ganuza, cuerpo y alma de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos
Presidió la Comparsa entre 1990 y 2019, bailó a la reina europea desde 1978 y lanzó el chupinazo de 2010 cuando se cumplían 150 años de los gigantes


Actualizado el 22/02/2025 a las 23:25
Mari Ganuza Senosiáin (Pamplona, 1959) falleció este sábado por la tarde en la capital navarra víctima de una enfermedad. Se va uno de los referentes de San Fermín, presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos desde 1990 hasta 2019, uno de esos personajes que moldean sin quererlo la personalidad de Pamplona. Casado y sin hijos, deja un hueco difícil de llenar, no solo por su aportación rotunda y ubicua a las fiestas y a las tradiciones (Olentzero, Semana Santa...), sino por su carácter afable y honesto, que le permitió conectar con esa Pamplona devota de los gigantes, y también lidiar con todas las sensibilidades políticas.
Mari Ganuza era marmolista de profesión. Nació y creció en Iturrama Viejo, aquel barrio de casas pequeñas ya inexistente, sepultado por los planes expansivos de la ciudad. Era el mediano de tres hermanos: Juan, Mari y Marisol. Estudió en las escuelas de San Juan, en Maristas y en la Escolanía de San Antonio, en la calle San Fermín. De allí surgió la Juventud de San Antonio, entidad de la que surgió el Olentzero de Pamplona, otra tradición a la que estuvo muy ligado como organizador.
BAILAR A LA REINA EUROPEA DESDE 1978
Pero la biografía de Mari Ganuza creció y cobró sentido con la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, ese sancta sanctorum de los Sanfermines y de la ciudad, entidad a la que se unió en 1978 para bailar y dar alma a la reina europea durante décadas. Empezó en aquel año trágico, empujado por otro gigante de la Comparsa, Jesús Mari Viguiristi Artozqui, fallecido el 11 de enero de este año, y que daba vida y baile a la reina asiática.
En 1990, Mari Ganuza alcanzó una lógica presidencia de la Comparsa con la que proyectó más si cabe la conexión umbilical entre la ciudadanía pamplonesa y las enormes figuras. Con Ganuza en la presidencia, la Comparsa celebró su 150º aniversario en 2010. Y el Ayuntamiento de Pamplona, con Yolanda Barcina (UPN) como alcaldesa, decidió otorgarle el privilegio de lanzar el chupinazo. Era una elección incuestionable y merecida de un pamplonés “casta” y amigable que había recibido en nombre de la entidad la Medalla de Oro de Pamplona. Hace un par de años, contaba en este periódico cómo la vida y los recuerdos se le agolparon en ese momento como una película y allí estaban, en esa catarata de emociones, su padre y los encierros o su amigo Josico de la peña Los del Bronce.
Ganuza se proyectaba en múltiples facetas, todas ellas incrustadas en la historia de Pamplona: fue miembro de la peña Muthiko Alaiak, guitarrista del grupo Navarrerías y también porteador de la Dolorosa y del Cristo Alzado. Llegó a pintar pancartas de peñas y hasta diseñó y fabricó 86 gigantes repartidos por varias localidades navarras. Ganuza conocía bien el cuerpo y el alma de los gigantes.
En aquel chupinazo de 2010, dos figuras de la Comparsa le acompañaron en el balcón consistorial, el kiliki Caravinagre y el cabezudo Alcalde. En 2019, tras no pocas vicisitudes, dimitió de su cargo después de anunciar en múltiples ocasiones que lo dejaba, como en 2010. Siempre lograban convencerle para que siguiera, porque hubo un tiempo en el que nadie imaginaba la Comparsa sin Mari Ganuza Senosiáin.