Lucha sindical

"El encierro mereció la pena", los mineros de Potasas de Navarra recuerdan las 343 horas que pasaron bajo tierra hace 50 años

47 trabajadores vivieron con frío, hambre, penumbra y miedo una protesta que marcó un antes y un después en la lucha obrera

Fotos del homenaje a los mineros encerrados hace 50 años en Potosa.
Fotos del homenaje a los mineros encerrados hace 50 años en Potosa./ Miguel Osés

Pedro Gómez

Actualizado el 22/02/2025 a las 19:23

"El encierro mereció la pena. Esa es la conclusión de Javier Urroz y Jesús San Martín, mineros de Potasas de Navarra que en enero de 1975, hace 50 años, protagonizaron un encierro de catorce días en el interior de la galería junto a otros 45 compañeros pasando hambre, frío, penumbra e incertidumbre. Una protesta laboral que marcó un antes y un después en la historia reciente de Navarra, aunque los frutos tardaron en verse.

La Casa de Cultura de Beriáin ha acogido este sábado un acto de recuerdo y homenaje a estos trabajadores y a muchos otros que desde el exterior participaron en las manifestaciones, asambleas, cajas de resistencia y otras acciones de solidaridad. De esos 47 mineros, que entonces tenían entre 19 y 48 años, todavía viven 26, que mantienen la llama de amistad y todos los años se juntan para una comida y compartir recuerdos. Este sábado en Beriáin estaban presentes siete de ellos, así como familiares de mineros fallecidos que vivieron en sus carnes el drama que supuso este episodio. Paco Berrio, José María Lareki y Victorino Erice Marzo fueron algunos de los mineros que han recibido un pergamino de recuerdo.

Manolo Burguete y Javier Ordóñez, de CC OO, se han encargado de poner en contexto lo ocurrido en Potasas. En otoño de 1974, este sindicato y desde la clandestinidad puso en marcha un movimiento huelguístico en las principales industrias de Navarra con una plataforma de reivindicaciones económicas y de libertades políticas. Jornada de 4o horas semanas, libertad de reunión y subidas salariales que amortiguaran la inflación estaban entre las demandas. “El mundo empresarial se puso de acuerdo en no ceder y mantener una presión radical en contra”, explicó Burguete. Las protestas fueron contestadas con 1.500 despidos en empresas como Eaton, Inepsa, Frenos Iruña, Safar, Ibérica o Ufesa.

En Potasas fueron unas Navidades tristes y duras, han recordado Urroz y San Martín. El 7 de enero, cuando esperaban que la empresa moviera ficha, la dirección les anuncia el cierre de la mina por dos meses con suspensión de empleo y sueldo para los 2.000 trabajadores. La idea del encierro había planeado en las asambleas, pero se gestó en cuestión de horas aprovechando que la boca de entrada de Undiano todavía no había sido tomada por la Guardia Civil. “Fue a la desesperada. No podíamos aguantar dos meses más”, ha expresado Jesús San Martín, que escribió un detallado diario. Metieron en un coche latas de conserva, chocolate, galletas, leche condensada y quesitos y 46 obreros se adentraron en la galería de seis kilómetros. 

Una vez asentados, llamaron por teléfono (el único habilitado) a la empresa para comunicarles que allí permanecerían hasta que cambiaran de parecer sobre los problemas laborales existentes. La empresa se mantuvo inflexible en este tiempo. Fue el inicio de 343 horas de encierro, hasta el 20 de enero a las cuatro de la tarde. El frío fue lo que peor recuerdan. Con unas pocas mantas intentaban conciliar el sueño. Desde el primer momento decidieron racionar la poca comida que tenían, por lo que pronto los cuerpo empezaron a debilitarse. “Pasamos hambre desde el primer momento”, admiten.

Durante estos 20 días, el pozo se convierte en "hogar" y se organizan en distintos equipos, hacen mesas y banquetas, catres con cartones y sacos de serrín… Echan partidas de mus y celebran asambleas que terminan con 'La Internacional'. Además, en la mina había escondidos varios libros marxistas y maoístas. Desde el exterior sufren presiones: cortes de luz, del teléfono, el sonido del claxon…

El segundo día, un grupo decide acercarse a la bocamina a ver si es posible la comunicación con el exterior o recibir ayuda, pero lo que se encuentran es una fuerte vigilancia de policías armados con metralletas. Se hacen a la idea de tener que sobrevivir con lo que tienen.

El cuarto día logró colarse otro trabajador, que les informó de los frutos que estaba dando el encierro, con manifestaciones, trabajadores de grandes empresas en huelga en solidaridad y el nerviosismo del régimen y los empresarios. “Fue una persona con un valor increíble, que logró saltarse el cordón policial para entrar a la mina. Nos levantó la moral”, ha expresado Javier Urroz.

El día noveno descubrieron que al fondo del agua del depósito del que bebían había una rata muerta. Ese mismo día aparecen los primeros casos de descomposición, fiebre y gripe. Decidieron evacuar a un trabajador. En la bocamina un directo les instaron a terminar el encierro, que van a conseguir lo mismo arriba que abajo. El día décimo bajó un médico de la empresa, Erice, que intentó sin éxito convencerles para abandonaran la protesta. “No le dejamos que nos auscultara”, recuerda San Martín. Pero ya no había forma de estirar los víveres. Así que el día 20 anunciaron su salida.

La trabajadora Carmen Mora, presente este sábado en la mesa redonda, pudo ser testigo del momento. “Yo estaba en una asamblea. Había dos enfermeras a las que les dieron autorización para ir a la bocamina. Así que les pedí una bata y me fui con ellas. No me descubrieron. A los trabajadores les montaron en dos autobuses. El despliegue policial era impresionante. Varios me miraron y pudieron descubrir una cara amiga. Lo tengo grabado”, relató Carmen, que recuerda el papel activo que tuvieron la veintena de trabajadoras de Potasas y muchas mujeres de trabajadores. Esta empleada también ha recordado el encierro en las oficinas que protagonizaron años después un grupo de mujeres, trabajadoras y mujeres de mineros, cuando se anunció el cierre definitivo de la mina, en 1986.

Lo 47 mineros fueron despedidos y hasta la amnistía de 1977 y tras varios juicios no lograron que se les restituyeran parte de sus derechos. “Si ibas a pedir trabajo a otros sitio, te rechazaban porque existían listas negras de sindicalistas”, ha contado Jesús San Martín. Los presentes recordaron que algunos trabajadores, además de perder su trabajo, también se quedaron sin casa, en el poblado que eran propiedad de la empresa. Fue el caso de Montaña. Este sábado su hija Doris lo recordaba con dolor: “Nos echaron. El exalcalde Javier Urmeneta hizo gestiones y nos pudimos ir a vivir a Noáin”.

El acto ha incluido un homenaje a Víctor Pérez Elespe, joven que murió en Bilbao ese 20 de enero a disparos de la policía cuando repartía octavillas de apoyo a los mineros de Potasas. También hubo palabras de recuerdo a los 47 trabajadores que murieron en accidente laboral en la mina entre 1966 y hasta su cierre en 1986.

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