Crisis Migratoria

Náufragos en Navarra: "No sabemos qué va a ser de nosotros ahora"

2024 ha sido el año más mortífero en las rutas migratorias desde que hay registros. 53 jóvenes subsaharianos supervivientes de la travesía Atlántica, la más peligrosa, esperan con inquietud en Pamplona su nuevo destino. Nueve de estas personas migrantes hablan del viaje a vida o muerte que realizaron hasta España y confiesan cómo se sienten.

Los jóvenes migrantes alojados en un hotel de Pamplona
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Los jóvenes migrantes alojados en  Pamplona
Los jóvenes migrantes alojados en un hotel de Pamplona

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Iván Benítez

Publicado el 05/01/2025 a las 05:00

Muchos de los chicos alojados carecen de ropa de abrigo o calzado apropiado.
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Muchos de los chicos carecen de ropa de abrigo o calzado apropiado.Iván Benítez
Muchos de los chicos alojados carecen de ropa de abrigo o calzado apropiado.

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Con los pies descalzos, en chancletas y sin saber nadar, así comenzó hace un año un viaje a vida o muerte para los 53 jóvenes migrantes subsaharianos que desde diciembre se encuentran alojados en un hotel de Pamplona. Un viaje que, lejos de terminar, todavía continúa. 

Los pies descalzos y las chancletas que aparecen en la fotografía superior pertenecen a dos de estos jóvenes, ambos malienses: Matenin Keita, de 23 años, y Djibi Kone, de 21. Proceden de la misma provincia de un país marcado por una guerra que comenzó en enero de 2012 y que ha dejado más de dos millones de desplazados y miles de muertos.

Las vidas de Keita y Djibi se cruzaron a bordo de una patera que zarpó de Mauritania en enero de 2024 y arribó en Tenerife cuatro días después. Una vez en tierra firme, sin embargo, comenzó para ellos un nuevo y tortuoso periplo que no ha finalizado. Los trasladaron a El Ejido (Almería) y desde allí a Mérida, Toledo y a mediados de diciembre a Pamplona, donde permanecen junto a otros jóvenes africanos que huyen de diferentes crisis humanitarias. En total, 53 personas que no saben muy bien en qué ocupar el día. En realidad, no saben qué va a ser de ellos y se lo preguntan constantemente, puesto que a lo largo de este año no han recibido formación alguna, lamentan.

La asociación que se ocupa de su atención en Navarra, entidad con sede en Madrid, ha declinado responder a este medio. “Lo tenemos prohibido. Solo podemos decir que forman parte del programa de Protección Internacional del Ministerio de Interior y que han delegado en nosotras, pero ellos son libres de poder hablar”, aclara, refiriéndose a los 53 chicos que permanecen en la recepción pendientes de sus móviles.

Restos de una patera varada en la costa de Cádiz.
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Restos de una patera varada en Bolonia (Cádiz)Iván Benítez
Restos de una patera varada en la costa de Cádiz.

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Abdou, senegalés de 19 años, muestra las cicatrices que marcan sus piernas para explicar el motivo que le llevó a abandonar su país. En el caso de Mohamed, gambiano de 29 años, fue la muerte de su madre y la pobreza lo que le llevó a lanzarse al mar. Los malienses Saidou (24), Califa (20), Sadio (25) y Djaula (21) también escapan de la guerra. Anthoni, gambiano de 33 años y padre de una hija de 15 huye de amenazas de muerte. Los nueve jóvenes han llegado a España este año, entre enero y febrero, tras un viaje a vida o muerte a pie y en patera por la ruta Atlántica, la más mortífera desde que hay registros, tal como ha publicado en diciembre la ONG Caminando Fronteras. Son supervivientes y ahora náufragos de un sistema que los mantiene atendidos pero varados, sin perspectiva de formación. Así, al menos, es como se sienten. Este periódico ha pasado tres mañanas con ellos en la recepción donde se les puede ver matar el tiempo como pueden. Les gusta jugar al parchís con los móviles y jugar al fútbol. “¿Cuándo nos van a integrar? ¿Qué va a ser de nosotros?”, preguntan al periodista. “Aquí hace mucho frío y no tenemos ropa de abrigo ni calzado”.

Este programa les provee de techo y una manutención completa, además de una atención personalizada de tres trabajadoras sociales que tratan de ayudar en lo básico, incluso los acompañan al médico. Sin embargo, tal y como fue testigo este periódico, estas trabajadoras no se comunican con ellos en inglés o francés, idiomas con los que los chicos se manejan con fluidez.

Uno de los empleados del hotel valora la situación con indignación. “Cada día los veo aquí, sin rumbo. Les hemos buscado sitios para jugar al fútbol y para ir a rezar. Ellos quieren más. Quieren estudiar, trabajar, vivir”, evidencia este vacío. “Se puede hacer más por esta gente que está huyendo de un país en guerra. Cada día, al verlos aquí sin saber muy bien qué hacer, me preguntó qué se está haciendo por ellos. Las trabajadoras sociales solo vienen por aquí las horas de su jornada laboral y los días festivos ni aparecen. Y hemos tenido que intervenir en ocasiones para ayudarles con el idioma porque tampoco hablan inglés o francés con los chicos”. Este mes de enero, los volverán a cambiar de alojamiento en la capital navarra. Y así llevan desde que llegaron a España en enero de 2024. “Solo queremos estudiar, formarnos, trabajar y, por favor, algo de ropa de invierno”, demandan.

Joven migrante rescatado en el puerto de Barbate (Cádiz).
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Joven migrante rescatado en el puerto de Barbate (Cádiz)Iván Benítez
Joven migrante rescatado en el puerto de Barbate (Cádiz).

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30 MUERTES AL DÍA EN EL MAR

Los registros policiales han revelado que en 2024 se produjo la entrada irregular de 62.054 migrantes. La mayoría lo hizo por Canarias (45.328 personas) -ruta más activa y peligrosa- procedentes de Mali pero también pakistaníes y bangladesíes que vuelan a Mauritania y parten desde allí. Pero las cifras más importantes están bajo el mar, denuncian las organizaciones.

Caminando Fronteras publicó en diciembre un informe en el que ha documentado 10.457 muertes en la Frontera Occidental Euroafricana, calificando el año 2024 como el “más mortífero”, apuntan. “Cifras devastadoras” que dan un promedio de 30 muertes al día. Entre las víctimas, 421 mujeres y 1.538 niñas, niños y adolescentes. La ruta Atlántica, con 9.757 muertes, “sigue siendo la más letal del mundo”. Han crecido especialmente las tragedias en la ruta desde Mauritania, consolidándose este país como el principal punto de partida a Canarias. Un total de 131 embarcaciones se perdieron con todas las personas a bordo. Además de estas cifras, Caminando Fronteras denuncia que las principales causas del aumento de naufragios y víctimas suceden por omisión del deber de socorro, la priorización del control migratorio sobre el derecho a la vida, la externalización de fronteras en países sin recursos adecuados, la inacción y arbitrariedad en los rescates, la criminalización de organizaciones sociales y familias, esto unido a las situaciones de extrema vulnerabilidad que empuja a los migrantes a lanzarse al mar en condiciones muy precarias.

Rescate de una embarcación con personas migrantes en el Atlántico.
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Rescate de una embarcación con personas migrantes en el AtlánticoIván benítez
Rescate de una embarcación con personas migrantes en el Atlántico.

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Esta realidad ha arrancado en Canarias el año igual que terminó: con la llegada de más de un centenar de migrantes (dos fallecidos). Desde el 1 de enero se han registrado más de 400 desplazamientos. Personas, como las protagonistas de este reportaje, que huyen de guerras y de diferentes crisis humanitarias.

MOHAMED DRAMED, 29 AÑOS (GAMBIA)

"Al morir mi madre decidí marcharme"

Mohamed Dramed se embarcó en un cayuco con 130 personas.
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Mohamed Dramed se embarcó en un cayuco con 130 personasIván Benítez
Mohamed Dramed se embarcó en un cayuco con 130 personas.

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"Partí de Gambia caminando y luego subí a la canoa (cayuco), por la que pagué 50.000 dalasi, aproximadamente 660 euros. Íbamos 130 personas y el viaje duró siete días. No sabía nadar, y el oleaje era fuerte. En medio de la travesía, nos quedamos sin comida. Mi cuerpo estaba completamente helado. ¿Por qué lo hice? Mi madre falleció en 2023 y mi padre, que tenía otras dos mujeres, nunca me trató bien. Aunque estudié en la escuela, no pude continuar con mis estudios más básicos por la falta de dinero. Mi sueño es formarme como electricista, tener una profesión que me permita salir adelante y mejorar mi vida”.

SAIDOU Y CALIFA, 24 Y 20 AÑOS (MALI)

"Huimos de la guerra"

La patera de Saidou y Califa volcó cuando cruzaban el Atlántico en febrero.
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La patera de Saidou y Califa volcó cuando cruzaban el Atlántico en febreroIván Benítez
La patera de Saidou y Califa volcó cuando cruzaban el Atlántico en febrero.

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Desde diciembre, la mayoría de las personas alojadas en este hotel de la comarca de Pamplona provienen de Mali, un país sumido en un conflicto devastador desde 2012, que ha provocado el desplazamiento de 2,5 millones de personas y la muerte de más de 25.000. “¿Cómo fue nuestro viaje? A pie y en autobús hasta llegar a Mauritania. Después, nos subimos a una patera rumbo a España. Estuvimos siete días en el mar. El oleaje era fuerte, la embarcación volcó. Logramos ponerla en posición, pero enfermamos por el frío y la falta de comida y agua, que se agotó. Afortunadamente, nadie murió. Llegamos el 16 de febrero a la isla de Hierro. Ahora nos trasladan de ciudad en ciudad. ¿Qué necesitamos? Integrarnos, formarnos y, además, necesitamos ropa de abrigo. Aquí hace mucho frío”.

DJAULA MACALAU, 21 AÑOS (MALI)

"Entraron a mi aldea y mataron a mi familia, solo se salvó mi madre"

Djaula Macalou, 21 años, no tiene noticias de su madre desde que partió en patera.
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Djaula Macalou, 21 años, no tiene noticias de su madre desde que partió en pateraIván Benítez
Djaula Macalou, 21 años, no tiene noticias de su madre desde que partió en patera.

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“Viajé desde Mauritania hasta El Ejido (Almería) en una patera, la travesía duró cinco días y cinco noches. Mi partida comenzó en Mali, donde hui a pie debido a la guerra. ¿Cómo se vive la guerra? Los terroristas atacaron mi aldea y mataron a toda mi familia, salvo a mi madre, la única superviviente. Desde que llegué hace once meses, no he logrado tener noticias de ella”.

ANTHONY BLANKSON, 33 AÑOS (GHANA)

"Sobreviví en la patera bebiendo agua de mar"

Anthony Blankson es padre de una chica de 15 años a la que llama a diario.
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Anthony Blankson es padre de una chica de 15 años a la que telefonea a diarioIván Benítez
Anthony Blankson es padre de una chica de 15 años a la que llama a diario.

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Viajó de Ghana a Mauritania y, finalmente, en patera, llegó a Las Palmas. “Tuve que abandonar mi país debido a amenazas de muerte. Me trasladé a Mauritania, donde estuve un mes en casa de un primo. Una noche, me llevó a la playa y me subió a una patera. El viaje duró siete días. Gracias a Dios, estoy vivo. Estuvimos perdidos en el mar; las olas entraban constantemente en la embarcación y teníamos que achicar agua sin descanso. Al cuarto día, se nos terminó la comida y el agua, y hasta que la Cruz Roja nos rescató, bebíamos agua del mar para sobrevivir. Ahora hablo todos los días con mi hija. Tiene 15 años. Ella llora mucho... Necesitamos ayuda para formarnos aquí y salir adelante”.

MATERIN KEITA Y DJIBI KONE, 23 Y 21 AÑOS (MALI)

"Llegaron hombres armados y nos preguntaron si somos cristianos"

Las vidas de Materin Keita y Djibi kone se unieron en una patera.
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Las vidas de Materin Keita y Djibi kone se unieron en una pateraIván Benítez
Las vidas de Materin Keita y Djibi kone se unieron en una patera.

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Los dos jóvenes de la fotografía superior nacieron y crecieron en la misma provincia de Malí. Sus caminos se cruzaron en enero de 2024, a bordo de una precaria embarcación que partió desde Mauritania rumbo a Tenerife. Desde allí, fueron trasladados a diferentes ciudades de España: El Ejido, Mérida, Toledo y Pamplona. Tienen 23 y 21 años, y comparten el sueño de una vida “tranquila”, en la que puedan “formarse”. Sin embargo, como muchos de los compañeros que aparecen en estas páginas, viven con incertidumbre: “No sabemos qué va a ocurrir con nuestras vidas”, confiesan. También expresan una necesidad urgente: “Necesitamos ropa de abrigo y calzado”. La historia de cada uno refleja un recorrido difícil. Mientras que Materin llegó directamente a la costa de Mauritania, Djidi tuvo que desplazarse primero a Senegal. “¿De qué huía? Yo trabajaba en el campo con mi padre”, relata Djidi. “Un día, hombres armados llegaron a mi aldea y nos preguntaron si éramos cristianos o musulmanes. Si eres cristiano, te matan”. Con tristeza, añade: “Mi padre ha desaparecido, no sabemos qué ha ocurrido con él”.

SADIO SANGARE, 25 AÑOS (MALI)

"Solo busco paz y formarme"

Sadio Sangare, 25 años, trabajó como mecánico en Mali.
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Sadio Sangare, 25 años, trabajó como mecánico en Maliiván benítez
Sadio Sangare, 25 años, trabajó como mecánico en Mali.

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“Llegué hace cinco meses a la isla de Hierro. El viaje en patera duró cinco días desde Mauritania. Me fui por la guerra. Fue muy cansado, se nos acabó la comida. En mi país trabaja como mecánico. Solo busco paz y formarme”.

ABDOU NDIAYE, 19 AÑOS (SENEGAL)

"Decidí marcharme tras la muerte de mis padres"

Abdou, 19 años, sueña con formarse como soldador.
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Abdou, 19 años, sueña con formarse como soldadorIván Benítez
Abdou, 19 años, sueña con formarse como soldador.

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Arribó hace nueve meses a Hierro desde Senegal. Un viaje a vida o muerte que comenzó a raíz de “muchos problemas familiares”, cuenta, vestido en manga corta. “Decidí marcharme tras la muerte de mis padres. Mi hermano me obligó a trabajar duro y si no lo hacía me golpeaba. Un día me enfrenté a él y me clavó un cuchillo”. Señala las cicatrices que han marcado ambas piernas. El viaje duró 76 horas. Iban 70 personas. “Quiero formarme como soldador , pero no sabemos qué va a ser de nosotros”.

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