Ayuntamiento

Un año del idilio PSN-EH Bildu: la moción que desalojó a Ibarrola (UPN) de la alcaldía de Pamplona

Este sábado, 28 de diciembre, se cumple un año de un pleno que cambió el curso de la historia en Pamplona. La primera moción de censura del consistorio venía precedida de un flirteo PSOE-EH Bildu que saltó de Madrid a la capital navarra

Joseba Asiron (EH Bildu) se abraza con un simpatizante tras la moción de censura del 28 de diciembre de 2023 que desalojó a Cristina Ibarrola (UPN) de la alcaldía
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Joseba Asiron (EH Bildu) se abraza con un simpatizante tras la moción de censura del 28 de diciembre de 2023 que desalojó a Cristina Ibarrola (UPN) de la alcaldía
Joseba Asiron (EH Bildu) se abraza con un simpatizante tras la moción de censura del 28 de diciembre de 2023 que desalojó a Cristina Ibarrola (UPN) de la alcaldía

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Ruperto Mendiri

Actualizado el 26/12/2024 a las 15:53

"Se nos está agotando la paciencia”. La frase aún retumba en el salón de plenos del Ayuntamiento de Pamplona. Era el 5 de octubre de 2023 y la pronunció la actual portavoz del PSN en el consistorio, Marina Curiel. Aquella sentencia rebasaba la embarrada retórica plenaria para convertirse en una amenaza cada vez menos velada, cada día más clara y elocuente, contra la entonces alcaldesa de Pamplona, Cristina Ibarrola (UPN). La espada de Damocles con forma de moción de censura, que se iba forjando en Madrid -como coinciden la mayoría de analistas y partidos de la oposición- a fuego lento, bajaba unos centímetros más sobre la cabeza de Ibarrola. Solo faltaba ponerla en bandeja a EH Bildu.

Este sábado, 28 de diciembre, día para pocas inocentadas en UPN, se cumple un año de la moción de censura que cambió el curso de la historia de la ciudad y la primera que se ha producido en Pamplona. Un hecho inédito en la capital navarra que dio a Joseba Asiron (EH Bildu), por segunda vez, la vara de mando de la ciudad sin ser la fuerza más votada. Tras la legislatura de 2015-2019, un alcalde abertzale como Asiron, volvía a marcar el paso de Pamplona.

Y si este reportaje comienza con el PSN es porque se trata de un actor clave, imprescindible, -“indispensable”, como se autoproclaman ahora- para que la coalición abertzale se aupase al poder municipal. Porque esta es, a fin de cuentas, la historia de un idilio político entre el PSOE/PSN y EH Bildu que durará, por lo menos, lo que resta de legislatura (hasta 2027). Los primeros pasaron en pocos meses del “contigo no, bicho”, repetido hasta la saciedad por la candidata socialista Elma Saiz -incluso por Pedro Sánchez- en la campaña de las elecciones de mayo de 2023 (también después de los comicios), al “soy todo tuyo, maitia”.

Cristina Ibarrola llegó a la alcaldía de Pamplona el 17 de junio de 2023, sábado de constitución de ayuntamientos en todo el país, por representar a la fuerza más votada de Pamplona en los comicios del 28-M, UPN, con 9 concejales. EH Bildu se quedó a tan solo 3.000 votos y un edil menos, 8. Los más entusiastas de la coalición abertzale aventuraban un sorpasso sobre los regionalistas que no se produjo. La socialista Elma Saiz se votó a sí misma en aquel pleno de junio, lo que permitió a Ibarrola conseguir la alcaldía en minoría. El mantra de Saiz hasta entonces era, “no voy a hacer alcalde ni a Asiron ni a Ibarrola”. Pero no apoyar a ninguno de los dos dio automáticamente el poder a Ibarrola. Y es que ya sea por omisión o por acción, el PSN hizo alcaldes a los dos, a Ibarrola y a Asiron.

BLOQUEO DE LA OPOSICIÓN

A partir de aquel 17 de junio, Ibarrola y el equipo de gobierno -con el apoyo externo del PP- se enfrentaron a una oposición demoledora. El actual tripartito en el poder y el PSN siguen alimentando, aún hoy, la idea de que Pamplona estaba paralizada con UPN en el gobierno. Ibarrola, con una mayoría simple de 9 sobre 27 ediles, trató de activar multitud de proyectos sin apoyo -con el bloqueo del resto de partidos a excepción del PP-, lo que le supuso un desgaste rápido. Paralizó el parking de la calle Sangüesa mientras la oposición le acusaba de alimentar su “vanidad política” por su presencia constante en actos institucionales y sus consiguientes fotos.

Pero todo daba igual. La decisión final partió de Madrid, según cree a pies juntillas UPN y pese a que el PSN lo niega. Las fechas dan para pensar en la teoría de UPN: Pedro Sánchez, en uno de sus giros inesperados, decidió adelantar las elecciones generales tras la derrota socialista en las municipales del 28-M. Los nuevos comicios se celebraron el 23 de julio y Sánchez mantuvo sus opciones de revalidar la presidencia pese a conseguir 300.000 votos menos y 16 diputados menos que los populares. 

La clave: reunir a Sumar y al nacionalismo vasco, catalán y gallego en una ensalada de siglas difícil de conciliar, más allá del pavor común a una coalición PP-Vox, que podría resurgir en 2025 con el acercamiento del partido de Feijóo y de Junts. Y en esas negociaciones de Sánchez para labrar apoyos entra EH Bildu. El 16 de noviembre, Sánchez resulta nuevamente investido como presidente de España.

LOS TIEMPOS DE SÁNCHEZ

Para UPN, la decisión estaba ya tomada aquel 16 de noviembre, pese a que todavía habría que esperar casi un mes para que todo se desatase. Ibarrola, en una entrevista a este periódico, aseguraba que el cambio de cromos era anterior. “Tendrían que haber sido valientes y dignos para hacer esto, que estaba escrito desde el primer día, el 17 de junio. Que hubieran hecho alcalde a Joseba Asiron. No lo hicieron exclusivamente porque esto iba a pasarle factura a Pedro Sánchez en las generales. Si lo hubiesen hecho, hoy Pedro Sánchez probablemente no sería presidente de España. Y María Chivite tampoco sería presidenta de Navarra”.

Estas declaraciones de Ibarrola se produjeron el 13 de diciembre, el día en que estalló todo. Aunque casi desde el primer momento de su mandato planeó el fantasma de la moción de censura, el runrún fue aumentando en intensidad desde octubre, con aquel “se nos está agotando la paciencia”. Entre tanto, Pedro Sánchez lograba recabar apoyos haciendo concesiones.

Si en Cataluña fue la ley de Amnistía, no es descabellado pensar que el precio del apoyo de EH Bildu en Madrid pasase por la moción de censura en Pamplona. Los abertzales posibilitan el gobierno de Sánchez en España y de Chivite en Navarra. A cambio, el PSN le da la capital del viejo reino, una codiciadísima plaza en el constructo soberanista abertzale.

El 20 de noviembre de 2023, el PSN anuncia el fichaje de Elma Saiz como ministra de Seguridad Social en el gobierno español. Por segunda vez -tras la legislatura de 2019-2023-, la socialista dejaba el Ayuntamiento de Pamplona en los primeros compases de gobierno. Ya entonces, PP y Geroa Bai veían en este movimiento un preámbulo para la moción de censura. Saiz evitaba así el -quizás- trago amargo de dar la alcaldía a EH Bildu y faltar así a su palabra. Pero parece claro que un político, cuando dice algo, habla por sus siglas. La papeleta quedaba en manos de la nueva portavoz, Marina Curiel, que es la dirigente que ha estampado su firma en todos los acuerdos institucionales con la formación abertzale, como los dos presupuestos que Asiron ha sacado adelante, los de 2024 y de 2025.

LA NEGOCIACIÓN SECRETA

Tras la investidura de Sánchez, se produce en Pamplona una negociación secreta entre socialistas y abertzales. Los actores son dos: Ramón Alzórriz, secretario de organización del PSN, y Miren Zabaleta, coordinadora de Sortu Navarra y de EH Bildu Navarra. El 12 de diciembre, se celebra la Ejecutiva Regional Socialista, en la que la cúpula anuncia el acuerdo para la moción de censura. El asunto no se vota y se aprueba por asentimiento. El rumor llega esa noche a la redacción de este periódico.

El 13 de diciembre, Asiron registra en el consistorio la moción de censura con fecha: el 28 de diciembre. El entorno abertzale había reservado la plaza Consistorial aquel día con el pretexto de celebrar una “vigilia del invierno”, lo que hace pensar que el acuerdo estaba cerrado semanas antes. Y el gobierno de Ibarrola queda fulminado. El día de la moción, Koldo Martínez -ya fuera de la política- reduce el tiempo de intervención de Ibarrola, con formas poco afortunadas.

Asiron calla mientras los regionalistas enjuagaban sus lágrimas. La fiesta abertzale estaba en la calle. Asiron se abraza con su gente. Tiene por delante una legislatura, a priori, dulce, catapultada por el acuerdo con el PSN.

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