Residencia Javier

Un hogar para la Esperanza en Elcano

La presentación de la nueva unidad en la residencia Javier para mujeres con discapacidad intelectual rescató la historia de sus fundadoras, Esclavas de la Virgen Dolorosa

Foto de la presentación de la nueva unidad en la residencia Javier para mujeres con discapacidad intelectual en Elcano./
Foto de la presentación de la nueva unidad en la residencia Javier para mujeres con discapacidad intelectual en Elcano./Jesús Caso

C.A.M.

Actualizado el 21/12/2024 a las 16:44

Aunque hace casi veinte años que las religiosas de la congreción de las Esclavas de la Virgen Dolorosa dejaron la residencia Javier de Elcano, el centro dedicado a la atención a mujeres con discapacidad intelectual mantiene el carisma que sus impulsoras, la madre Desamparados, asesinada junto a varias compañeras en Madrid en diciembre de 1936, y Madre Esperanza, de origen navarro y fallecida en 1973, sigue presente en el centro. En la actualidad residen en él, repartidas en cuatro módulos de convivencia, 65 mujeres de entre 20 y 84 años. Atendidas por medio centenar de profesionales entre auxiliares, enfermeras, psicóloga sanitaria, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, técnica de ocio, jardinero... La conexión se vio el miércoles 18, a una semana de la Navidad, en el día de la Esperanza. En la presentación de la nueva unidad de convivencia bautizada como Madre Esperanza como homenaje a la religiosa nacida en Cintruénigo Esperanza Cornago Francés. Una obra destinada a las usuarias “con más necesidades”. Un nuevo edificio con ocho habitaciones individuales y cuatro dobles con salida directa al jardín y zonas de actividades. Se ha llevado a cabo con ayudas del Gobierno de Navarra. 200.000 euros de los fondos Next Generation para centros sociales. También con aportaciones de la fundación Once y los ahorros del centro gestionado desde 2004 por personal seglar entre los que figuran profesionales con vínculos familiares con madre Esperanza.

La superiora de las Esclavas, Isabel Pedrera, y una de las religiosas, Maite Sánchez Angulo, que hasta 2004 residieron y trabajaron en esta localidad del Valle de Egüés, recuperaron la historia iniciada décadas atrás. Agradecieron la acogida del pueblo y de la parroquia y recordaron a los “ángeles” como el tractorista que, sin darse publicidad, quitaba los restos de las nevadas que aquellos años cubrían la zona.

Expusieron los orígenes y el empeño de una religiosa por atender, a mediados de los años 30 del siglo pasado, a jóvenes madres “fuera del matrimonio”. Una colaboración que, al final de la guerra se extendió a mujeres con discapacidad intelectual. “Cambió la misión porque vieron que muchas de aquellas madres solteras tenían discapacidad intelectual y habían sido abusadas, muchas por familiares. Y seguimos atendiendo a mujeres porque así se planteó. Un centro para cubrir sus necesidades. Y así lo quieren los familiares que nos las confían”, explicaron en un acto en el que participaron instituciones sociales, la gerente de la Agencia navarra para la Dependencia, Inés Francés, o el vicario de Pastoral Social, Juan Zabala.

Rememoraron el papel de Madre Esperanza, empeñada en traer a su tierra la misión. Su salida de las Adoratrices y su paso a las Esclavas. Lo contó, ya fuera del protocolo, la hija de una de sus sobrinas nietas, Mari Paz Vicente Burón, que junto a su marido se trasladó de Cintruénigo y vivieron 14 años en la casa, ahora ampliada, para colaborar en su mantenimiento. Antes, la directora, Conchi Corres; la arquitecta Esperanza Calzada y la responsable, Natalia Figuera, contaron el proyecto y los planes para seguir transformando el centro. Gema Aguado, que ha vivido 39 de sus 57 en la residencia, agradeció las ayudas y se lanzó a pedir otras. “Para la furgoneta”.

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