El Chanclazo invita a la Meca
La sociedad gastronómica pamplonesa sentó a su mesa un año más a 30 residentes en la Casa de Misericordia. Como quien invita a un amigo


Publicado el 08/11/2024 a las 05:00
Alguien miró al calendario, por si estaba en rojo. Pero no. Era 7 de noviembre, aunque parecía septiembre o una extraña primavera. Y era jueves, pero daba igual. Treinta personas residentes en la Casa de Misericordia de Pamplona se vistieron como los días en rojo para cruzar el Ensanche de la ciudad y alcanzar el corazón del Casco Viejo, en la calle Estafeta, bajo los soportales de la Plaza del Castillo. En el número 38 está el Chanclazo, una sociedad gastronómica singular, con 99 socios, 60 años largos de andadura iniciada en el deporte y sustentada en las siete letras de la palabra amistad. Hace casi veinte años, con Miguel Ángel Alústiza como animador sociocultural en la Meca, surgió la iniciativa de invitar a 30 residentes de la Casa de Misericordia a comer. Sin necesidad de una fecha especial, cualquier día es bueno para celebrar y reunirse en torno a la mesa. En ello siguen. Como el jueves. Mariano Pascal, ahora en lugar de Miguel Ángel Alústiza, y voluntarios de la casa como Modesto Peña Elizari, acompañaron a los residentes, con varios socios del Chanclazo y su presidente, Sergio Huarte. En los fogones, “los cocineros de eventos”, Miguel Ozcoidi, durante años cocinero del hotel Ciudad de Pamplona; Enrique Orísoain y Pedro Mari Zabalza, ex entrenador y jugador de Osasuna. En el menú, primero los entrantes: chorizo cocido, ensaladilla, panceta con pimiento verde, tostada de tomate natural y queso de cabra; luego cordero al chilindrón y de postre, leche frita. La sobremesa no fue larga, al menos no con las sillas ocupadas. Pronto comenzó la música con la guitarra de Raúl Zunzarren, una de las “viejas glorias de la orquesta Amanecer” y socio del Chanclazo; y los hermanos Javier y Daniel, acordeón y guitarra, que acudieron de manera altruista. La música lleva al baile y no faltaron voluntarios, aunque más bien habría que escribirlo en femenino.
Los socios arrimaron el hombro porque, como dice Ramón Aguinaga, uno de los fundadores: “Aquí todo es autogestionado y voluntario”. El Chanclazo, subrayan, “es la historia de una amistad: del balón al fogón”.

