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Quién fue Bernardino Tirapu y por qué tiene una calle en Pamplona

Bernardino Tirapu Muñagorri fue un médico navarro que destacó por su humanidad y compromiso social en la comarca de Malerreka y Pamplona.

Bernardino Tirapu
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Bernardino Tirapu
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Diario de Navarra

Publicado el 13/10/2024 a las 05:00

El barrio de la Rochapea en Pamplona honra con una calle a Bernardino Tirapu Muñagorri, un médico que dedicó su vida a cuidar a los enfermos, muchas veces sin esperar nada a cambio. Nacido el 20 de mayo de 1884 en Leitza, comenzó su carrera en Valladolid y ejerció como médico en Ezkurra, donde vivió durante años antes de trasladarse a Pamplona. Conocido por su gran generosidad, en numerosas ocasiones no cobraba por su trabajo, algo que le ganó el cariño de las comunidades en las que vivió y trabajó. Su participación durante la epidemia de la gripe española de 1918 fue clave para frenar la expansión de la enfermedad en la comarca de Malerreka.

Tirapu recibió importantes reconocimientos a lo largo de su vida. En 1922 se le otorgó la Cruz de Primera Clase de la Orden de Beneficencia, un prestigioso galardón por su desinteresada labor como médico. Años después, en 1962, ya cerca del final de su carrera, recibió la Medalla al Mérito del Trabajo por su trayectoria, en la que su servicio a la comunidad siempre estuvo por encima de lo material. Su compromiso con la salud pública le llevó a ser nombrado Miembro de Honor de la Sección Provincial de Médicos del Seguro Obligatorio de Enfermedad poco antes de fallecer en noviembre de 1964.

No solo destacó en el ámbito de la medicina. Bernardino Tirapu fue también un apasionado defensor del euskera, su lengua materna. Participó activamente en la promoción del idioma, siendo miembro y vicepresidente de la sociedad Euskeraren Adiskideak ('Los amigos del euskera'), una entidad fundada en 1925 con la misión de conservar y difundir el euskera. Esta sociedad seguía los pasos de la labor que comenzó Arturo Campión y la Sociedad Euskara de Navarra en el siglo XIX, que trabajaba por preservar la cultura vasca.

Su vida es un testimonio de servicio, tanto en su faceta médica como en su defensa del euskera. A pesar de la falta de documentos gráficos durante mucho tiempo, su legado fue rescatado gracias a la generosidad de su bisnieta, quien aportó una de las pocas fotos conocidas de él. Su memoria sigue viva, no solo en las comunidades donde ejerció, sino también en la calle que lleva su nombre en la Rochapea, un tributo más que merecido para un hombre que vivió para servir a los demás.

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