Restauración

Arquitectura minúscula en Pamplona: la nueva vida del kiosco de Recoletas

En unas semanas, el kiosco de Recoletas volverá a la plaza donde se levantó en 1946. Lo hará con una función diferente con la que fue concebido en 1946. Por entonces, la plaza era propiedad de las monjas recoletas y el kiosco vendía “baratijas”

quiosco de Recoletas
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Ruperto Mendiri

Publicado el 06/10/2024 a las 05:00

Los proyectos de arquitectura a escala pequeña suelen tener un carácter experimental, como forma de prototipar un gran edificio o estructura, de imaginar soluciones para extrapolarlas después a obras de gran tamaño. También son en ocasiones divagaciones creativas de arquitectos de relumbrón, patrocinados por alguna gran firma proveedora.

 Y hay un subgrupo nefasto de conversión arquitectónica -que poco tiene que ver con la profesión- desde la falta de escrúpulos y el afán especulativo: los llamados “zulos”, viviendas fuera de ordenación y normativa que pueden encontrarse en las principales ciudades españolas y en las plataformas digitales de anuncios de oferta inmobiliaria. Dese una vuelta por el perfil de “X”, @elzulista para comprobar qué llega a ofrecerse en un contexto especialmente “tensionado”.

Más allá de las tropelías del mercado inmobiliario, siguen existiendo pequeñas construcciones en nuestras ciudades, que también precisan del trabajo de un arquitecto. Pamplona recuperará a finales de octubre el kiosco de la plaza de Recoletas. No lo hará con el fin con el que fue construido e instalado en 1946, cuando el Ayuntamiento de Pamplona acordó levantar esta pequeña estructura para la venta de “baratijas”, según consta en las actas municipales: caramelos y chucherías. 

En realidad fueron dos kioscos en la misma céntrica plaza. Uno en la esquina con la avenida de Guipúzcoa, con tejadillo a dos aguas, y el otro -el que nos ocupa-, se ubicó inicialmente en la esquina contraria del mismo lado, es decir, más próxima a la calle de San Lorenzo.

Por entonces, la plaza de las Recoletas era propiedad de las monjas de la orden homónima, aunque tuviese un tránsito libre para la ciudadanía pamplonesa. Por eso, los dos kioscos precisaban de su autorización. Las monjas aceptaron los dos pequeños negocios en su plaza, que dejó de serlo en 1974, cuando el Ayuntamiento de Pamplona la adquirió por 2 millones de pesetas (12.000 euros actuales) y pasó a ser completamente pública.

LA 'CRISIS' DE 1978

El kiosco que ahora restaura el Ayuntamiento de Pamplona, según el proyecto del arquitecto pamplonés Miguel Monreal Vidal, tuvo un momento crítico. Una vez adquirida la plaza por el consistorio e iniciada su reurbanización, la Policía Municipal intentó llevárselo una noche de 1978 con un camión del servicio de obras (es de suponer que por orden del consistorio). Los titulares del kiosco, Andrés Urdiáin y Máxima Zabala, se opusieron al “desalojo” y la estructura se reubicó en el centro del mismo lado donde estaba, frente a la iglesia de San Lorenzo, punto al que volverá tras su restauración. Estuvo activo hasta 2019.

Con un presupuesto de 64.163,88 euros -procedentes de fondos europeos-, el viejo kiosco recuperará su aspecto original, con su carpintería roja exterior, pero con un cometido completamente diferente con el que fue construido en 1946. En unas semanas, se convertirá en un nuevo punto de información comercial y turística, con pantallas instaladas en las ventanas más grandes de su estructura octogonal, con espacios más pequeños en la unión de los lados, como si fuesen chaflanes.

Pamplona recuperará así una obra de pequeña arquitectura, la de los kioscos, que vivió su apogeo en la década de los 80, cuando había diseminados por la ciudad 32 de ellos, algunos dedicados a la venta de prensa. Cambian las costumbres y también los usos.

UN KIOSCO CON HISTORIA
Construcción en una plaza privada. Cuando se levantó el kiosco en 1946, obra del arquitecto municipal de entonces, Luis Felipe Gaztelu, la plaza era propiedad de las monjas recoletas que dan nombre a la plaza. En 1974 el Ayuntamiento la adquirió por 2 millones de pesetas.

Una pequeña superficie. El kiosco, ahora en proceso de restauración, tiene una superficie útil de 5,5 m2 (5,82 construidos). La rehabilitación de la estructura en punto de información comercial y turística es obra del arquitecto pamplonés Miguel Monreal Vidal. Según el pliego de condiciones, dispondrá de pantallas digitales en sus ventanas.

Apogeo y fin de los kioscos. En 1984 existían 32 en Pamplona. El último en cerrar fue el de la Taconera. 

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