Emergencia social
Más de 200 personas sin hogar duermen en la calle en Pamplona
El viernes, jornada más lluviosa del año, un hombre de 38 años tuvo que ser evacuado al hospital tras pasar durmiendo a la intemperie varias noches en el túnel de Plazaola sin ropa de abrigo ni alimentos


Publicado el 08/09/2024 a las 05:00
Más de 200 personas sin hogar se han visto obligadas a pernoctar durante estos días de intensas lluvias en las calles de Pamplona y su comarca. Aunque los avisos meteorológicos llevaban tiempo anunciando el paso de este frente sobre Navarra, los servicios sociales no han activado ningún tipo de protocolo para proteger a los más vulnerables, tal y como ha comprobado este periódico. Muchas de estas personas se han visto obligadas a guarecerse como han podido durante estos días de alerta amarilla bajo puentes, bajeras, tiendas de campaña, garajes, baños públicos y casas abandonadas, sin sacos de dormir, sin mantas, sin alimentos.
En este contexto, un hombre de 38 años llamado Tony tuvo que ser evacuado el viernes por la mañana al hospital con síntomas de desfallecimiento e hipotermia tras permanecer varios días tumbado en el suelo del túnel de Plazaola (ver fotografía) cubierto con una pequeña toalla. Una voluntaria de la asociación Apoyo Mutuo, que esa mañana se encontraba en la zona, fue quien alertó al 112. El estado de salud de Tony parece bueno tras ingresar en el hospital y quedar en observación. Y eso que hasta la mañana de su evacuación el viernes apenas había ingerido alimentos y que sufre un problema renal que le obliga a vivir con una sonda y una bolsa y ha sido tratado de diálisis. A partir del lunes todo apunta a que será incluido en alguno de los recursos sociales municipales.
Esa mañana de viernes, la situación dentro del túnel de Plazaola tampoco fue fácil para otras seis personas sin hogar que temblaban sobre cartones y esterillas.


SUPERVIVIENTE AL NAUFRAGAR LA PATERA
Tony llegó a Pamplona el lunes a la una de la madrugada procedente de una ciudad del sur de España. Según ha detallado a este periódico, residía con sus padres y un hijo en una región de Nigeria rica en petróleo. “Pero el gobierno nos echó en 2015 de nuestras tierras”. Se levantaron en protestas para recuperarlas y sufrieron la represión de los militares. Escapó con una pequeña mochila y dinero ahorrado. En enero de 2016 viajó a Gambia, pero allí también temió por su vida, pagó una patera en dirección a Europa pero la embarcación lo dejó en la costa de Mauritania. “Me engañaron”. Se adentró hasta Tánger (Marruecos) y allí volvió a subir a una patera. Era agosto de 2018. Después de dos días de navegación y perder visibilidad en un ojo, la embarcación se hundió frente a la costa de Cádiz. En el naufragio hubo muertos y él sobrevivió. Los servicios de emergencia llegaron a tiempo.
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Pasó varios meses en Cádiz y luego en otra ciudad de Andalucía, donde fue atendido en una casa de acogida y se le gestionó la tarjeta roja de asilo. Un documento provisional con el que dice trabajó en el campo y ahorró lo suficiente para pagar una habitación por 180 euros y comer. Sin embargo, empezó a sentirse mal y le diagnosticaron un problema renal. Su solicitud de asilo fue rechazada y a partir de 2020 inició una lucha contrarreloj con su embajada en Madrid para conseguir el pasaporte, que aún no le llega. Se puede decir que 2024 lo ha pasado en la calle tras ser expulsado de la habitación por el casero. Sin dinero, sin un techo y con el objetivo de escapar del calor tórrido de la ciudad donde ha residido, aprovechó su último viaje a la embajada para tomar una decisión más. En Madrid le prestaron dinero para comprar un billete, acudió a la terminal y subió al primer autobús que salía y que era el de Pamplona.



