Historias y un buen pintxo
La Mandarra de la Ramos, un lugar donde se valoran los sabores de siempre
Platos como las manitas, los callos y las legumbres se cocinan lentamente, con el mismo cariño que las abuelas ponían en sus recetas


Publicado el 31/08/2024 a las 05:00
La Mandarra de la Ramos es un bar restaurante ubicado en la calle San Nicolás del centro de Pamplona. Sus dueños, Jorge y Kary Goicoechea Lizarbe, abrieron las puertas de este emblemático local en el 2008. Antes de emprender este proyecto, ambos trabajaron juntos en un bar ubicado en el barrio de San Juan, después de que Jorge recibiera el traspaso del negocio de una prima. Kary, que residía en Londres, volvió a Pamplona para unirse a su hermano en esta aventura hostelera. Pero su experiencia empresarial no se limitó a la hostelería: juntos también gestionaron una compañía de telefonía de Movistar, cuya venta les permitió financiar la compra del local que se convertiría en La Mandarra de la Ramos.
El restaurante necesitó una reforma completa, pero lo que realmente marcó un antes y un después fue la instalación de jamones colgando del techo, que aportaron un aire rústico y acogedor al espacio. Con su decoración de piedra y madera, y un techo de roble reciclado que respetaba el origen de la casa, La Mandarra se asemeja a un bodegón. Jorge tenía claro desde el principio que el local funcionaría al estar en una zona transitada: “Me bastaba con que me entre lo que no cabe en los demás, seguro que me funciona”, recuerda sobre su decisión de comprar el lugar. Este ambiente, lleno de abundancia y calidez, invita a los clientes a sentirse como en casa.
Uno de los productos estrella es el jamón, llegan al restaurante con 16 a 18 meses de curación, y se dejan madurar hasta los 36 meses, lo que asegura un sabor óptimo. Cada tres meses se pinchan para verificar su estado, y una vez listos, se reponen al día siguiente, garantizando frescura constante en el menú.
Además de los jamones, La Mandarra de la Ramos es conocida por sus guisos tradicionales. Platos como las manitas, los callos y las legumbres se cocinan lentamente, con el mismo cariño que las abuelas ponían en sus recetas. Jorge enfatiza la importancia de tomarse el tiempo necesario para lograr un buen sabor: "Los guisos se hacen despacio, con un punto de cocido más". Este enfoque hacia la cocina casera y auténtica ha consolidado la reputación del restaurante como un lugar donde se valoran los sabores de siempre.
El nombre del restaurante es un homenaje a la abuela de los dueños, conocida como "La Ramos". La mandarra era una especie de delantal que ella se ponía al levantarse para realizar las tareas diarias. Incluso la letra del nombre del local fue escrita por su madre. Hoy en día, el restaurante abre sus puertas de 10 de la mañana a medianoche para ofrecer sus servicios.