Una marcha nórdica por Berriozar que hace piña

Transpirenaica Social Solidaria, Cruz Roja y CaixaBank reunieron este jueves en Nuevo Artica a jóvenes en riesgo de exclusión, refugiados y mayores que sufren soledad no deseada. El recorrido se hizo por el bosque Hazitxo

Los participantes se reunieron en Nuevo Artica y caminaron hasta el parque de San Cristobal, punto en el que recibieron una formación
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Los participantes se reunieron en Nuevo Artica y caminaron hasta el parque de San Cristobal, punto en el que recibieron una formación
Los participantes se reunieron en Nuevo Artica y caminaron hasta el parque de San Cristobal, punto en el que recibieron una formación

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Lucas Domaica

Publicado el 24/05/2024 a las 05:00

A Mariángeles no le gustan mucho los bastones de marcha nórdica, le resultan incómodos y prefiere caminar con los brazos sueltos. Así lo reconoce en un camino asfaltado de Nuevo Artica antes de comenzar un paseo impartido por un entrenador de esta disciplina. Conforme da los pasos se va soltando y va recordando aficiones. Le gusta la pintura, aunque explica que tiene algunos problemas en la vista y la práctica se dificulta. También cuenta que va a sesiones impartidas por Cruz Roja para ejercitar la memoria. Esto tan solo lo cuenta en cuatrocientos metros, pero tiene toda una tarde por delante para conversar, conocer gente y disfrutar de una actividad que no tiene otro objetivo que el acompañamiento, la inserción y el ocio con personas vulnerables.

Este jueves por la tarde, un centenar de personas se juntaron para practicar la marcha nórdica por el sendero Hazitxo, el bosque animado de Berriozar. En esta actividad organizada por Transpirenaica Social Solidaria en beneficio de las personas atendidas por Cruz Roja Navarra se reunieron treinta personas mayores en situación de soledad no deseada, once personas refugiadas y seis jóvenes que viven en pisos tutelados de Pamplona. Además de este grupo, hasta Nuevo Artica se desplazaron un grupo nutrido del programa de voluntarios de CaixaBank, entidad participante en esta actividad solidaria. La actividad fue impartida por Antonio Brieba, técnico y guía de marcha nórdica llegado desde Barcelona.

UN BUEN RATO

Entre todos los participantes, subido a un talud para grabar bien un vídeo del calentamiento a modo de baile que ejecutaba el resto, estaba Patxi Sanjuan, delegado en Navarra de Transpirenaica Social Solidaria. A él le salía la sonrisa al hablar de la actividad que ayer cumplió su segundo año. “Espero que la gente se lo pase bien”, comentaba. “Estar hablando, estar conociendo...”, enumeraba sobre algunas metas de la marcha. “Esto trata de que disfruten juntos y se conozcan”, añadía sobre un colectivo de personas que, según Sanjuan, podían ser de veinte países distintos.

Voluntarios de CaixaBank y participantes durante el momento de recogida de material
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Voluntarios de CaixaBank y participantes durante el momento de recogida de materialmiguel osés
Voluntarios de CaixaBank y participantes durante el momento de recogida de material

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Aunque ayer, Transpirenaica mimetizaba a sus jóvenes con participantes más mayores, es cierto que la entidad pone el foco en el segmento juvenil que está en riesgo de exclusión. Dos de los que estaban presentes ayer eran Inacio Gomes y Andrii Chaika, dos jóvenes de 26 y 19 años llegados desde Guinea Bissau y Ucrania. “Vine a Pamplona cuando tenía quince años”, comentó Gomes, que en 2022 recibió el galardón Navarra por representar los valores de convivencia y puesta en valor de la población de origen migrante que vive en la región. “Al principió fue complicado por el idioma y porque no tenía amigos”, señalaba ayer reconociendo que se quedaba consigo mismo.

“He ido conociendo gente que me han hecho las cosas más fáciles, sobre todo la forma de relacionarme”, aseguraba muy agradecido a Sanjuan y a la Transpirenaica, entidad que tiene como acción social estrella el recorrido completo de los Pirineos por el GR11. “No conocía los Pirineos y me surgió el interés de hacer el recorrido”, añadía citando también el contraste entre el paisaje de su país de origen y el de la cordillera.

“Mi situación es bastante parecida”, señaló Chaika, que llegó a los 14 años desde Kiev antes de que estallase la guerra. “Cuando vine no podía hablar con nadie por el idioma, pero al final se aprende de todo y nos adaptamos a cualquier situación”, explicó junto a Gomes mientras el resto de participantes de la marcha nórdica practicaban la técnica de los bastones en grupos. Sobre esta acción en la que coincidieron con personas mayores, estos jóvenes remarcaron como punto “interesante” las “experiencias” relatadas por el sector de más edad. “Nos preguntan mucho sobre el proyecto y de dónde somos”, indicaban entre risas. “Todavía no hemos tenido la oportunidad de hablar con todos, pero tenemos ganas”, sentenciaron Gomes y Chaika, dos jóvenes ejemplo para muchos otros.

Deporte, buen rato, conversación, acompañamiento y oídos bien abiertos en una tarde que muchos de los participantes querrán repetir pronto.

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