Residencias en Pamplona
Un libro para un mundo emocional
Han abierto sus corazones para compartir sus vivencias. Experiencias que, gracias a un proyecto de la residencia DomusVI de Pamplona, han quedado plasmadas en una publicación. Recuerdos de vida imposibles de perder


Publicado el 15/05/2024 a las 20:35
¿Hasta qué punto diría que conoce realmente a su padre, madre, pareja, hija...? Aunque crea que la respuesta es positiva, lo cierto es que conocer en profundidad a una persona implica intimidad. Un sinfín de horas compartidas al calor de la paciencia, la comprensión y la empatía. Un desafío en toda regla que han superado con creces en la residencia DomusVI de Pamplona. Tras un año de trabajo mano a mano entre auxiliares, técnicos, familias y usuarios, el resultado dibujó este miércoles 15 de mayo una gran carga de emotividad. Emoción incapaz de contenerse.
Y es que la vida de Julia Nubla (102 años), Jesús Pérez-Ilzarbe (94) y Jesús Joaquín Aechu (93) ya está plasmada en sendos libros creados con el cariño de quienes no han dudado en invertir su tiempo en envolver el mejor de los regalos: la historia de sus vidas. Con experiencias contadas día tras día por los tres protagonistas, las biografías más esperadas se acompañan además con diversas fotografías. Instantáneas a color, pero también en blanco y negro; fiel reflejo del paso del tiempo y, como no podía ser de otra manera, de una vida repleta de curiosidades.
Entre ellas, el tesón de Jesús Pérez-Lizarbe, que estuvo un año entero “cortejando” a su mujer. “Y ya, para toda la vida”, se sincera a quien la experiencia le ha supuesto un “desahogo”. Con ayuda de María, recalcar que su pasión se encarna en sus tres nietos.
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También curiosa la constancia de Julia, que aprendió a escribir a máquina por sus propios medios con la única ayuda de un diccionario. “Eres mi abuela y lo vas a ser siempre”, añadía Leire, trabajadora de DomusVI y artífice del libro.
En cuanto a Jesús Joaquín, fallecido, fueron sus hijos Tere y Jesús quienes no pudieron retener sus sentimientos. “Era una persona sencilla, que no quejaba nunca”, decía Aurora recordando a este zapatero y hortelano de profesión.
La guinda la puso la directora de la residencia, María Cunchillos, quien adelantó que la experiencia piloto la repetirán el año que viene con otros cinco residentes más. “Es un proyecto que nos ayuda a centrarnos más en la persona, a conocerla a fondo, lo que nos ayuda a atenderla mejor”, insistía, quien dirige a una plantilla de 100 trabajadores y 130 usuarios. “Había cosas de mi padre y mi madre que no conocía”. Fue la máxima repetida por las tres familias participantes. Un libro de vida que, ahora, por fin, no guarda secretos.
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