Terapia canina en la cárcel de Pamplona

Daniel, recluso en la cárcel Pamplona, y ‘Naruto’, un podenco abandonado, han pasado juntos los lunes de las últimas ocho semanas. Se trata de un proyecto piloto entre el Gobierno de Navarra e Instituciones Penitenciarias. Así se ha desarrollado.

Presentación del proyecto de terapia asistida con perros en la cárcel de Pamplona
Presentación del proyecto de terapia asistida con perros en la cárcel de PamplonaGOBIERNO DE NAVARRA

Gabriel González

Publicado el 03/05/2024 a las 05:00

Daniel lleva ocho de sus 28 años como recluso en la cárcel de Pamplona. “Salgo en Navidades”, dice antes de lanzar un resoplido lleno de ganas mientras acaricia a Naruto, un podenco de cuatro años que ha sido su acompañante todas las tardes de lunes de las últimas ocho semanas. Ambos se encuentran en el campo de fútbol del centro penitenciario, una cancha de granulado negro entre el que emergen hierbas silvestres, la única nota de color de un lugar flanqueado por enormes muros de hormigón coronados por alambradas. Daniel se va despidiendo de Naruto con caricias cada vez más prolongadas. “Lo voy a echar mucho de menos, ha sido una experiencia muy gratificante”, se sincera.

Proyecto de terapia con perros en la cárcel de Pamplona
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Proyecto de terapia con perros en la cárcel de Pamplona

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Con ‘experiencia’ se refiere a una terapia asistida con perros en la cárcel de Pamplona, un proyecto piloto que forma parte de un convenio entre la Dirección General de Justicia del Gobierno de Navarra y la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Colaboran Bienescan y Llunia (se dedican a realizar intervenciones asistidas con perros) y Patitas Unidas de Mallén (asociación sin ánimo de lucro centrada en la protección de perros y gatos). El objetivo es intervenir con personas reclusas que presentan algún tipo de problema mental para mejorar su reinserción y, también, facilitar la rehabilitación y adopción de perros en estado de abandono. Una iniciativa que empezó en Cataluña hace diez años y que se ha replicado en varias prisiones del país. Ahora, en la de Pamplona, con un proyecto que tendrá continuidad tras el piloto realizado en estos dos últimos meses.

Es lunes y el cierzo golpea la colina de Santa Lucía. Una delegación del departamento de Justicia e Interior del Gobierno foral encabezada por la consejera, Amparo López, junto con el director de la prisión, Pedro Lacal, visita la última sesión. Jesús Gil Serrano, de Bienescan, y Montse Pérez Huguet, de Llunia, explican que los beneficios son dobles, tanto para los animales como para las personas. Para los reclusos, desde un punto de vista terapéutico, el trabajo con perros ayuda a fortalecer la autoestima, controlar la impulsividad y la frustración, trabajar la empatía... También suponen dos horas a la semana en las que una actividad más propia de extramuros rompe su rutina en el centro. “Algunos dicen que el rato que están aquí (en el programa) se olvidan de que están internos, y que los pensamientos que han tenido toda la semana se han ido, o igual vienen cabreadísimos y al abrir la puerta se les cambia la cara... Es que aquí la vida es muy rutinaria”, enfatiza la psicóloga del centro. “Los perros tienen un potencial terapéutico muy fuerte”, destaca Jesús Gil.

La dinámica es sencilla. Ocho voluntarios han acudido cada lunes de las últimas ocho semanas con cuatro perros, dos de la protectora y dos que buscan ser adoptados. Uno de estos últimos es Naruto. El otro es Tobi, que ya ha encontrado una familia que ha accedido a que el animal complete el ciclo en prisión. Son perros de la protectora de Mallén Patitas Unidas. Así que cada lunes, cuatro personas voluntarias pasan dos horas con ocho presos (siete hombres y una mujer) seleccionados por el equipo de psicología del centro. Cada pareja de internos trabaja con un perro -siempre el mismo- y uno de los voluntarios. Dan paseos por el campo de fútbol, les enseñan comportamientos nuevos, nociones básicas de obediencia...

El programa se ha dirigido específicamente a trabajar con personas internas que presentan algún problema de salud mental. Según Instituciones Penitenciarias, en el año 2022 casi el 35% de las personas privadas de libertad en España habían sido diagnosticadas alguna vez con trastorno mental. La situación, además, se agrava porque el 13,2% de los que han sido diagnosticados de alguna enfermedad mental o emocional no tienen contacto familiar ni apoyo social. Los beneficios que los animales brindan en estas intervenciones son muchos: aportan contacto físico y bienestar emocional, facilitan la expresión de emociones, estimulan las relaciones interpersonales, ayudan a reducir el aislamiento, facilitan la adhesión y compromiso... “Se sienten libres. El perro no solo no te va a juzgar, sino que puedes tener la seguridad de que no te va a a juzgar”, dice Gil.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Y si la persona reclusa puede trabajar esas emociones, los perros reciben nociones de adiestramiento y obediencia que mejorarán su comportamiento y facilitarán su adopción. Porque son perros abandonados. “Esto es fundamental. Los presos pueden verse reflejados en un perro que está en una protectora, en su soledad, obligado a convivir con otros iguales, sin recibir los estímulos necesarios... Es un espejo y se crea un vínculo muy fuerte”, argumenta Jesús Gil.

Daniel, el recluso, lo atestigua. “Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Si sé que ellos vuelven a una jaula, para mí es como si lo meten en aislamiento. Yo he estado en aislamiento, sé lo que es y no lo quiero para un perro”, apunta el interno. Para él ha sido “muy gratificante” poder realizar esta actividad y salir de su rutina en prisión. “Es duro estar todo el día entre cuatro paredes”. Pero no solo entretenimiento, también asegura que ha aprendido a gestionar mejor algunas emociones. “He aprendido a no ponerme tan nervioso. Estoy en un módulo con 120 personas y me cuesta”, afirma. Por eso, todos los lunes acudía a la iniciativa con la misma ropa, para ver si así Naruto lo reconocía de inmediato. “Le tengo más apego que a algún compañero de celda”, bromea. “Lo voy a echar de menos, a ver si lo adoptan pronto”, dice mientras realiza un ejercicio de obediencia con el perro. Si lo hace bien, que lo hace, le da una salchicha. Después, lo abraza. “Lo que más valoro es poder estar con un animal después de tanto tiempo”.

Naruto aún no tiene familia de acogida. Este podenco marrón de cuatro años apareció por Mallén cuando era un cachorro. Eran los tiempos del confinamiento. Vagaba por las calles con un mordisco en su oreja derecha del que todavía hay signos evidentes. Para participar en estas actividades, un requisito es que el perro no haya mostrado nunca conductas agresivas. Como Naruto. “Es muy cariñoso”, resalta Gil, “a ver si conseguimos encontrarle una casa pronto”. Si no, Daniel dice que a partir de Navidad no le importaría seguir con él.

CLAVES

1 Beneficios para las personas. Las intervenciones con animales sirven para ayudar a mejorar las posibilidades de reinserción de las personas presas. Por un lado, lo hacen mejorando la capacidad de afrontar de forma más efectiva la adaptación personal, social, laboral y familiar de la persona interna en el entorno penitenciario y en el exterior. Por otro, potencian el autocontrol ante situaciones conflictivas que puedan suponer conductas desadaptativas, como son el consumo de drogas y las conductas violentas e intolerantes. Desde el punto de vista de las emociones, se potencia la autoestima, la resistencia a la frustración, se ayuda a controlar la impulsividad...

2 Beneficios para los animales. Una peculiaridad del proyecto es la participación de perros en estado de abandono, por lo que los animales también se ven favorecidos. A través de los ejercicios que realizan, los perros reciben nociones básicas de adiestramiento, de obediencia... Eso facilita la rehabilitación y entrega en adopción de perros en estado de abandono. Este objetivo, además de colaborar con la labor social que tiene la protectora de animales, resulta fundamental para que las personas reclusas vean la actividad de manera positiva, al margen de las instituciones, y dé lugar a un planteamiento que responsabiliza y empodera al interno, facilitando de este modo su implicación en el proceso terapéutico.​

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