Una Carpa con conciencia
Ha llegado la primera cita del año con la Carpa Universitaria, esta vez, en su versión primaveral. Aquella fiesta que empezó en 1992 en el parking de la UPNA se mantiene en pie un año más, con más de 7500 entradas vendidas y cientos de estudiantes de voluntarios
Publicado el 19/04/2024 a las 19:28
Desde el primer golpe del tambor de la charanga Wesyké, a las 11 de la mañana, y hasta que el cuerpo aguante. Ese es el horario de la ya tradicional Carpa Universitaria, que ha celebrado este viernes su 32ª edición oficial en el Club Deportivo Amaya, y ha conseguido reunir a más de 7500 universitarios y a cientos de voluntarios: los primeros tenían el objetivo de disfrutar de esta fiesta de estudiantes y, los segundos, el de conseguir que el evento fuera lo más respetuoso posible.
Porque, tras esta macrofiesta, se esconde un trabajo de meses de organización entre los voluntarios de las comisiones de las diferentes carreras y la comisión general, formada por alumnos más expertos en la materia. “Parece que solo se trata de miles de personas bebiendo, pero tenemos muchas iniciativas que demuestran que es mucho más”, defiende Patricia Lozano, estudiante de Ingeniería Mecánica de la UPNA y miembro de la comisión organizadora.
Desde hace unos años, los universitarios se ofrecen como voluntarios para concienciar y vigilar que el entorno queda libre de residuos. Es el caso de Alicia García, Sara Escribano, Itziar Liberal y Aimar Conget, estudiantes de Derecho y ADE y Derecho. “Nuestra tarea es repartir bolsas a los que beben en la calle para que no tengan excusa y no lo dejen en el suelo”, comentan. “Se intenta que, dentro del desfase que es la Carpa, no molestemos a la ciudad y poder facilitar el trabajo al personal de limpieza municipal. Al final, si cada grupo recoge lo suyo es mucho más fácil, y así nos aseguramos que podamos seguir organizando la fiesta”, concluyen.
Como compromiso con el entorno y el medio ambiente, desde 2011 se venden unos vasos de plástico reutilizables, de manera que se ha reducido desde entonces el 75% del residuo plástico del evento. Pero lo que más destaca de esta fiesta es su lado solidario. “Cada año, las comisiones decidimos por votación destinar un porcentaje del dinero recaudado de estos vasos a alguna causa benéfica”, cuenta Patricia. En esta ocasión, ha sido el turno de la asociación ASAGON, que busca visibilizar y conseguir fondos para tratar el síndrome del Argonauta y forma parte del grupo de las enfermedades raras.
Año a año, la Carpa va creciendo y, con ella, la necesidad de una mejor organización que permita compaginar un día de fiesta con la tranquilidad habitual de la ciudad. Por ello, y para que todo salga bien, la comisión general del evento trabaja durante muchos meses. “Nuestro objetivo es hacerlo bien, y cada año implantamos mejoras para que todo sea más cómodo. Este año, por ejemplo, hemos dado la posibilidad de pagar a través de un monedero virtual y que sea más cómodo para los estudiantes”, comenta Lozano. Ahora, todavía con la resaca de la edición de primavera, toca pensar en la siguiente. “La fecha de la Carpa de otoño aún no está decidida pero casi”, se ríe Patricia.
Las primeras ediciones
Cuenta la leyenda que la Carpa, antes llamada ‘Apertura Paralela’, empezó en 1992 en el parking del Aulario de la UPNA y que, en vez de ser una, eran muchas carpas pequeñas: cada carrera tenía su organización y su chiringuito montado. Aquella primera Carpa tuvo 12000 asistentes, un precio de 800 pesetas (5 euros) y una amenaza de multa.
Con el paso del tiempo fue creciendo. Tanto, que en 1997 tuvieron que trasladarse al Sadarcillo (ese mismo año, la Carpa duró cinco días) y, luego, en 2009, al Club Deportivo Amaya. Y lo que empezó como una fiesta en la que cada uno llevaba una botella acabó siendo la fiesta universitaria de referencia en el norte del país.
