Arte urbano

La secuoya de Burlada resucita como escultura

El Ayuntamiento no se resignaba a que el enorme árbol de la plaza Floirac, herido de muerte, quedara sólo como recuerdo, por lo que invitó a dos especialistas en motosierra a dar forma a su tronco

Los escultores
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Abel de Vicente de Diego y Lupe Arévalo Pacheco con la figura de la diosa Mari que corona el tronco
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Myriam Munárriz

Actualizado el 11/04/2024 a las 11:38

El binomio motosierra y árbol no desemboca siempre en tala. Y en Burlada desde este viernes y, durante dos días, se ha demostrado con la secuoya herida de muerte que hubo que sacrificar en la plaza Floirac. Un ejemplar que no se sabe datar aunque los más mayores de la localidad dicen que “siempre ha estado ahí”, por lo que se puede asegurar que se trataba de un ejemplar centenario.

El Ayuntamiento no quería que el árbol se quedara en un recuerdo y pensó que su tronco podría convertirse en escultura. Y para perpetuar la memoria de la vieja secuoya se convocó a varios artistas que esculpen los troncos con motosierra. Entre los aspirantes estaban la extremeña Lupe Arévalo Pacheco y Abel de Vicente de Diego, natural de Soria. “De él aprendí muchísimo y ahora somos socios en este tipo de iniciativas”, remarca ella.

El boceto con el que convencieron al consistorio fue entremezclar la propuesta municipal de incluir los cuatro elementos de la naturaleza (agua, aire, tierra y fuego) con la mitología vasca. “Escogimos Basajaun y la diosa Mari, que están muy ligados a la montaña y que me conectan con cosas bonitas”, dice Lupe, recordando su pasado viviendo en el Pirineo aragonés y luego en el navarro. “Y me atrapó. Era joven, con 23 años. Ya no vivo en la montaña, he vuelto a Extremadura, pero voy mucho a Navarra a visitar a amigos en el valle de Arce”, desvela la autora, que se dedica profesionalmente al tallaje con motosierra desde hace ocho años. Algo que también le trae a la Comunidad foral para participar en el concurso que de esta modalidad de escultura organizan desde Burgui y que ha ganado en un par de ocasiones.

Pero, ¿cómo una licenciada en Magisterio cambia la tiza por una motosierra? “La primera vez que vi esculturas hechas así fue en Cataluña cuando tenía veinte años y me gustaron. Como pasaba mucho tiempo en la montaña, trabajando en las campañas de temporada, quise aprender más y gente de aquí me iba enseñando cómo manejarla. Contacté con el equipo de la marca comercial Stihl, que se dedica a hacer espectáculos y me cogieron”, recuerda. Una faceta con la que continúa, además de esculpir el troncos de árboles por todo el país. ”Los ayuntamientos lo demandaban cada vez más como recuerdo de árboles que tuvieron mucho significado”.

MÁS DE CINCO METROS

Dice Lupe que la materia prima de Burlada era excelente. “Posiblemente una de las más bonitas que me he encontrado, tanto por calidad como por colores. La Mari ha quedado en rosa natural y los relieves más profundos aparecen morados”, dice sobre un trabajo que se desarrolló en un tronco de 5,30 metros de altura y una anchura que oscila entre el metro de la base y los noventa centímetros del extremo superior. Y allí ahora se asoman Basajaun con una barba en la que un barco representa el agua mientras que su pelo en llamas simboliza el fuego. “La tierra la hemos recreado con unas hojas que recorren todo el tronco y un relieve de una cara soplando es el aire”, enumera la escultora.

Resultado final de la secuoya convertida en escultura.
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Resultado final de la secuoya convertida en escultura.DN
Resultado final de la secuoya convertida en escultura.

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“El contacto con la gente ha sido genial. Tanto por parte del Ayuntamiento y de los empleados municipales que nos facilitaron el trabajo muchísimo como de los vecinos de Burlada. Han sido muy respetuosos, sin quejarse por el ruido de la motosierra. Además, también se acercaban a hablar, a contarnos la historia de ese árbol. Para mí la gente de Navarra es muy acogedora”.

Afirma que ya conocía Burlada porque en esas visitas al valle de Arce se suele acercar a Pamplona y a las localidades colindantes. Y además de la escultura de la secuoya asegura que “alguna hay” suya por el valle de Arce. “Y seguiré viniendo a esta tierra, tanto para reencontrarme con antiguos amigos de la montaña como por trabajo”.

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