Artazcoz Moda Hombre celebra su centenario en la calle Mayor

"El comercio es mi vida", expresa Alfonso Artazcoz, tercera generación en un negocio que se ha adaptado a todos los públicos

Alfonso Artazcoz, junto al escaparate de su tienda en la calle Mayor número 5
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Alfonso Artazcoz, junto al escaparate de su tienda en la calle Mayor número 5
Alfonso Artazcoz, junto al escaparate de su tienda en la calle Mayor número 5

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Pedro Gómez

Publicado el 04/04/2024 a las 05:00

Alfonso Artazcoz Viana se muestra satisfecho de haber podido atraer a público joven con sus colecciones de jeans, polos y otras prendas de sport, que alternan con los trajes clásicos. “No nos hemos dormido”, señala la tercera generación de Artazcoz Moda Hombre, tienda de la calle Mayor número 5 que este año celebra su centenario.

“Sí, estoy orgulloso de llegar a los cien años. Para celebrarlo tendremos algunos detalles especiales con nuestros clientes”, expresa este comerciante de 56 años que lleva 38 en el oficio. Ha seguido los pasos de su abuelo, Epifanio Artarcoz Lizasoain, que empezó de sastre en 1918 en un piso de la calle Campana. En 1924 la familia se trasladó a una vivienda más amplia de la calle Mayor, en el número 23. Epifanio contó con la ayuda de sus hijos Pedro y Celestino, que antes de cumplir la mayoría de edad ya se familiarizaron con los patrones y paños. En 1957, los Artazcoz abrieron la tienda en el bajo hasta entonces ocupada una zapatería. El local fue diseñado por Víctor Eusa. Su artesonado y mobiliario son elementos protegidos que se conservan en la actualidad.

Artazcoz alcanzó gran fama en una ciudad que se preocupaba por el buen vestir. “En la década de 1940 y 1950 creció mucho la demanda de trajes a medida. Había 15 o 20 mujeres trabajando en el taller”, recuerda Alfonso Artazcoz, hijo de Pedro, y que también empezó muy joven, con 18 años, a trabajar en el negocio familiar. En estas casi cuatro décadas, a Alfonso Artazcoz le ha tocado adaptarse a las modas y a los cambios urbanísticos, con la peatonalización del Casco Antiguo. “Nos hizo bastante daño. Muchos clientes nos comentan lo difícil que es llegar a lo Viejo. Algo tendrían que hacer en el ayuntamiento”, comenta.

Este comerciante de 56 años admite que es una vida sacrificada, por los horarios y todo el trabajo que hay detrás de la venta al público. Conoce los gustos y tallas de sus clientes de siempre y con los que mantiene una relación de confianza. “Unas veces estoy agobiado y otras veces más tranquilo. Pero el comercio es mi vida. En la pandemia, en vez de asustarme hice una reforma. Ahora la tienda es más luminosa y entra más gente”, comenta. Alfonso ve difícil que haya relevo “porque los hijos tienen otros horizontes profesionales”.

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