Aniversario 

Las primeras agentes municipales de Pamplona

Una exposición repasa hasta el día 24 en El Condestable los ‘50 años de la primera promoción de mujeres en Policía Municipal’. Cuatro fueron las pioneras entre 243 varones

Mª José Goñi, Loli Sarabia, Amparo Bejarano e Inma Etayo
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Mª José Goñi, Loli Sarabia, Amparo Bejarano e Inma Etayo
Mª José Goñi, Loli Sarabia, Amparo Bejarano e Inma Etayo

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 01/02/2024 a las 05:00

Están ya preparadas para cumplir bien con su cometido pues llevan seis meses preparándose en la Academia de la Policía Municipal. Comenzaron 17 y pronto otras 10 saldrán a la calle a dirigir el tráfico y a hacer todos los servicios propios del agente”. Las palabras fueron pronunciadas el 7 de febrero de 1974 por Ignacio Moreno Erro, el entonces jefe del cuerpo, de férrea disciplina y con un reparo inicial a la incorporación de la mujer al desempeño de unas funciones que, a sus ojos, debían corresponder única y exclusivamente al varón. Por comprender su manera de razonar, basta con fijarse en las líneas que Diario de Navarra reprodujo, bajo la firma de Romedobal, a la primera promoción de agentes femeninas. Con frases encadenadas con rima y una licencia de escritura bienintencionada pero que, mirada con la actual perspectiva, da una referencia de las diferencias de género que asolaban en las postrimerías del franquismo, reflejó aquel primer día, en realidad una primera tarde: “Ayer había que verlas subidas al pedestal, a nuestras bellas agentes dirigiendo en la ciudad la circulación rodada y la de a pie por igual”. A las cinco de la tarde, las cuatro agentes cruzaban la plaza del Castillo y remitían al periodista a su jefe, “el Sr. Moreno” para cualquier aclaración que precisase. Con ellas, la Policía Municipal daba un paso al frente en su adaptación a los nuevos tiempos.

Aquellas primeras cuatro agentes -Amparo Bejarano Lebrián, María José Goñi Quintana, Inma Etayo Larráinzar y Loli Sarabia Moraza-, a las que medio año después se unieron otras cinco -María Jesús Zudaire Goyena, María Ochoa Van Dalen, Juana Arana Arrieta, María Socorro Tellechea Irurzun y Ana María Beaumont Moriones– se ganaron el bien merecido sobrenombre de pioneras con un ejemplo que serviría para futuras generaciones. Ciertamente, su incorporación supuso una novedad para la ciudad. Eran cuatro mujeres entre 243 agentes masculinos y no era de extrañar que su presencia en encrucijadas de calle, protegidas por una peana cubierta y con base circular metálica a media altura, de nombre plinto, era objeto de curiosidad con miradas puestas desde las aceras a sus movimientos de brazo para regular el tráfico.

Lo que son las cosas. En aquella época, había conductores que recelaban de la autoridad otorgada por derecho y por ley a las nuevas agentes. En ciertas ocasión, Amparo Bejarano Lebrián pidió el carné de conducir a uno de ellos por una infracción en la Plaza del Castillo. “Ni hablar”, obtuvo por respuesta. “¡Ana, ponte delante del coche, que hasta que no me dé el carné éste no se va de aquí!”. Firme y decidida, acudió al apoyo de su compañera Ana Beaumont. Obediente, trató de impedir el avance del infractor que, díscolo, piso el acelerador y mandó al hospital a la policía, eso sí, sin olvidar el número de la matrícula.

Anécdotas aparte, el acceso de la mujer a la Policía Municipal debió sortear sus dificultades. “Fue un éxito. Costó lo suyo, tuvimos que hacer muchos equilibrios, porque la tradición era muy fuerte y fuimos de las primeras ciudades españolas. Hubo que crear un uniforme nuevo, que lo preparó el modisto Sarobe. Al principio era habitual que las agentes salieran acompañadas por compañeros, para evitar a los mirones y los corrillos, que fueron muchos”. La evocación, realizada hace justo 25 años, es de uno de los artífices del cambio. Su nombre, José Javier Viñes, a la sazón, alcalde del momento. Un sucesor suyo, Julián Balduz, dio un impulso definitivo a la integración femenina. La evolución se advirtió hasta en el vestuario. Diferenciado hasta entonces con falda para ellas, que lucían distinta indumentaria según la época del año, la uniformidad llegó al cuerpo. Como sus compañeros, podían patrullar las calles con revólver y, en aras a la igualdad, también perdieron los privilegios en horario y calendario respecto a ellos.

15.000 PESETAS DE SALARIO

La Policía Municipal de Pamplona se diferenció de homólogas por ofrecer las mismas condiciones laborales, como el salario -15.000 pesetas-, sin discriminación por género. En otras policías, las agentes “tenían prohibido, por ejemplo, contraer matrimonio o tener pareja; sin embargo en Pamplona, yendo más allá, se preveía cambiar de funciones en los últimos meses de embarazo”. Hoy son 73 las mujeres en un cuerpo de 417 miembros.

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