Pioneras en la Policía Municipal 

"Nos confundían con azafatas"

"Vestidas con gorro y traje de Sarobe con hombreras elaboradas por las hermanas Santamaría", las agentes de la primera y segunda promoción acaparaban la curiosidad de numerosos viandantes

Ana ª Beamount Moriones, Juana Arana Arrieta y Mª Jesús Zudaire Goyena, de la segunda promoción.
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Ana ª Beamount Moriones, Juana Arana Arrieta y Mª Jesús Zudaire Goyena, de la segunda promoción.
Ana ª Beamount Moriones, Juana Arana Arrieta y Mª Jesús Zudaire Goyena, de la segunda promoción.

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 01/02/2024 a las 17:08

Casualidades de la vida, que miradas bajo la lupa de la razón son más lógicas que caprichosas, condujeron a Amparo Bejarano Lebrián a presentarse en la primera promoción de mujeres en Policía Municipal. Su idea era hacerlo en Madrid, pero aprovechó un viaje a Pamplona desde Cáceres, donde nació hace 71 años, para conocer a un sobrino recién nacido. Probó y aprobó como número uno para luego formarse durante seis meses en la Academia de la Policía. “Los primeros años lo pasamos fatal” por el contraste que, en un servicio eminentemente masculino, suponía la presencia de unas mujeres. “Poco a poco se fue organizando todo y abriendo un futuro para las nuevas generaciones”, se felicita.

A Juana Arana Arrieta nunca le ha pesado la decisión de joven de ser agente. Se jubiló con 59 años la nacida hace 75 en “Navarra, aunque viviese en Vitoria”. Pertenece a la segunda promoción, incorporada al medio año de la que fue abriendo camino. Coincidió con Ana María Beamount Moriones, con 40 años de servicio y 70 de edad. Aquella niña que quedaba obnubilada cada vez que subía de la Rochapea al centro de la ciudad y veía a un guardia regulando el tráfico, cumplió su sueño. Ya fuese en la Plaza del Castillo, Sarasate, Carlos III o San Ignacio, en su mente siempre surgía la misma expresión de admiración y asombro: “¡Qué poderío tiene ese señor!”. Así que, a los 20 años de edad, ingresó en el Cuerpo. Ahora bien, también se convirtió en foco de atracción. “En alguno de los cruces que te correspondía, allí que había gente mirando. Pensaban que éramos azafatas, con el gorro que teníamos y el traje de Sarobe, con hombreras de las hermanas Santamaría”. Las imágenes de su juventud permanecen indemnes en su memoria.

EL PRIMER EMBARAZO

Tampoco olvida el rechazo de su jefe, Ignacio Moreno, a recibirla cuando ya no podía vestir el uniforme “con cintura de avispa” al “cuarto mes y medio de gestación”. Fue -recuerda- la primera agente embarazada. “Querían que saliese a la calle con el imperbeable blanco cuando hacía calor. Ya les dije a unos mandos: ‘Si me pasa algo, les denuncio a ustedes y a los de arriba’”. Fue decirlo y todo fue bendición. Desde entonces era considerada “la mejor agente”. El caso, sin embargo, quedó inmortalizado en la pancarta que la peña Anaitasuna portó esos Sanfermines con un juego de palabras entre “gestora y gestante municipal”.

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