Celebración
Beriáin recuerda su pasado minero de la mano de Santa Bárbara
Antiguos trabajadores de Potasas junto a vecinos y familiares organizaron una procesión, misa y comida en honor a la que fuera su patrona


Publicado el 05/12/2023 a las 05:00
Solidaridad entre compañeros. Esta fue la palabra más repetida en Beriáin por los antiguos mineros de Potasas cuando este lunes, con motivo de la festividad de la que fue su patrona -Santa Bárbara- se les preguntaba qué era lo más reseñable de esa labor bajo la sierra del Perdón. Quizá, porque como señalaba José Manuel Jurado Guardia, que sin ese pasado en la minería pero sí como vecino del municipio está dentro de la hermandad de antiguos trabajadores, eran gentes que venían de lejos de Navarra. “Y sin muchos lazos familiares, los hacían ahí abajo”.
Ahí abajo donde, además de potasa también había sal, carnalita, silvita y marga, cuyos colores pintan las paredes de la ermita de Santa Bárbara construida a modo de cueva en el número 1 de la calle el Bosquecillo de Beriáin. Antiguamente, la figura de la santa se cobijaba en una cueva más cercana a la mina pero que si llovía se anegaba por lo que la hermandad, fundada en 1966 y a la que pertenecen 83 socios, decidió el traslado.
Ayer, a las once y media, los antiguos mineros junto a familiares y vecinos se reunieron en la puerta para comenzar una procesión camino de la parroquia. Para sacar a hombros a su patrona, vestidos como cuando horadaban los túneles bajo la sierra, estaban Vicente Sánchez Ruiz, de 68 años; Antonio Muñoz Cazallos, de 67 y Pedro Mangas Solano, de la misma edad, junto a Juan Valerio Álvarez, que no fue minero pero sí su suegro.
Vicente Sánchez, natural de Córdoba, recordaba que su madre se llevó el mayor disgusto de su vida cuando le dijo que iba a ser minero. “Mi padre había muerto en la mina de carbón en Andalucía cuando tenía 3 años”. Poco después, la familia se mudó a Navarra en pos de su cuñado, su hermana, madre y abuela. “Esta es mi tierra, aquí me he casado y aquí han nacido mis hijos y nietos”. Lo mismo pensaba Antonio Muñoz, nacido en un pueblo de la Mancha y que vino aquí con 9 años o Pedro Mangas, natural de Asturias de donde su familia se trasladó cuando tenía 5 años para que su padre trabajara en Potsas. “Es una vida dura, pero lo llevábamos bien porque había mucho compañerismo”. “Yo luego he trabajado en otros lugares pero ese ambiente de solidaridad entre unos y otros tan fuerte no lo he vivido nunca”, lo corroboraba el alcalde José Manuel Menéndez (independiente) que, como su padre, trabajó en Potasas en su caso desde los 18 hasta los 27 años, hasta que se clausuró la actividad. “Yo volvería a ser minero por ese espíritu que había bajo la mina y la mitad de los que lo han sido te dirían lo mismo. ¿Duro? A mí la verdad que no se me hacía, quizá porque era lo que habíamos mamado en casa desde pequeños y nos parecía un trabajo normal”.
UNA TALLA RENOVADA
El párroco de Beriáin, Diego Jiménez Salinas, encomendó a la santa el alma de aquellos mineros muertos en Potasas. Una santa que ayer lucía con los colores más fuertes tras la restauración de Manolo Gómez García, aficionado a la pintura y con experiencia en la restauración de muebles. “Mi padre fue minero y yo tenía mucha curiosidad en ver cómo era aquello así que donde trabajaba como electricista cuando pidieron mano de obra para bajar a Potasas pedí ir yo para verlo. Me sorprendió mucho el trenecillo que cruzaba la sierra por debajo”. Túneles que se encargó de cavar Jesús Jiménez García, de 71 años y que lleva en Navarra desde los 17 procedente de Jaén. “Me emociono al recordar aquellos tiempos porque a la mina le debo todo, sacar a mi familia adelante y esta tierra. Daba respeto. El primer día que bajamos, dos se salieron y no volvieron”.
