Preocupación en Azpilagaña por la pérdida del pequeño comercio
Menos tiendas y más ‘lofts’ es la tendencia en el barrio, que este año ha perdido dos veteranos negocios, la librería Alzania y la pastelería Monjardín


Publicado el 03/10/2023 a las 05:00
"Somos más de 7.000 personas y tenemos colegio, escuela infantil, centro comunitario, centro de salud, parroquia... pero cada vez tenemos menos tiendas”. Así se expresa Iñaki Andueza, residente desde hace casi tres décadas en el barrio de Azpilagaña de Pamplona. La librería Alzania ha sido el último negocio en echar la persiana por jubilación de su dueño. A principios de verano cerró la panadería y pastelería Monjardín, el negocio más veterano del barrio. Y hace menos de un año el restaurante Hergazu, lugar de celebraciones familiares y eventos. Buena parte de los locales vacíos se están convirtiendo en lofts, viviendas a pie de acera.
La calle Luis Morondo ha sido desde los inicios del barrio hace cuatro décadas la zona más comercial de Azpilagaña. Ahora se contabilizan una decenade locales vacíos, entre ellos la antigua sucursal de Caja Navarra. Precisamente, la falta de entidades bancarias es una de las quejas más frecuentes entre el vecindario. “La Caixa y Caja Laboral se trasladaron a Arrosadía y aquí sólo queda Caja Rural. No han dejado ni un cajero. La gente mayor tiene de darse un buen paseo para sacar dinero o hacer gestiones”, señala Andueza. Hace unos años también cerró la guardería Goofy, en el que hay un proyecto para construir lofts, un formato de vivienda muy demandado en el barrio. Gran pena dio el cierre de la pastelería Monjardín, que regentaban María Puy y Félix Izcue, y que tenía obrador. Los del barrio recuerdan las colas que se formaban en Reyes y el día de San Blas para comprar los roscos.
La carnicería Irigoyen, la pescadería Andoni Jáuregui -antes fue Itarte-, las fruterías Marian y José Mari y la perfumería y lencería Diva son algunos de los comercios locales que siguen dando servicio al barrio, la mayoría desde hace más de tres décadas. “No somos del barrio, pero en 2011 vimos un anuncio en el diario, que se traspasaba una frutería, y nos lanzamos”, explican Aitor y Alina, que regentan la frutería Marian. “Los inicios fueron duros, porque no hay ayudas y todo son pagos. Sólo disfrutamos de algunas bonificaciones para los autónomos. Con el tiempo hemos hecho una clientela fiel, que aprecia que tengamos productos de aquí”, señalan.
Diva también ha ido notando con el paso del tiempo que la clientela se hace mayor “y compra menos cosas”. Yolanda Ripa se quedó sola al frente del negocio el año pasado tras la jubilación de su hermana y no hay relevo. “¿Quién se va a animar? La gente prefiere comprarse cosas baratas en los centros comerciales”, comenta Ripa.
La calle Buenaventura Íñiguez, la de más tráfico de personas y coches, es la que muestra un mayor dinamismo. La academia de danza Art’Elier, en la esquina con la calle Río Ega, es la última apertura, a principios de este año. Su directora es Laura Armendáriz, bailarina profesional durante once años en Alemania. “No soy de Pamplona, pero desde siempre me ha encantado esta ciudad y por eso he decidido emprender aquí”, explica Armendáriz, que en un espacio de 180 m2 ofrece clases de danza clásica, contemporánea, fit pilates para todos los niveles. “Y una disciplina poco conocida en Pamplona, el animal flow, parecido al yoga pero más dinámico”, comenta.
