Cierre de la librería Alzania: "Echaré de menos el trato con la gente"

Juan Carlos Ochoa cerró por jubilación la última librería de Azpilagaña

Juan Carlos Ochoa, unos días antes del cierre de la librería Alzania, en la calle del mismo nombre
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Juan Carlos Ochoa, unos días antes del cierre de la librería Alzania, en la calle del mismo nombre
Juan Carlos Ochoa, unos días antes del cierre de la librería Alzania, en la calle del mismo nombre

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Pedro Gómez

Publicado el 03/10/2023 a las 05:00

“Pasé de estar trabajando en una oficina sin contacto con el público, a estar detrás del mostrador atendiendo a decenas de personas todos los días”. Juan Carlos Ochoa se animó con 55 años a tomar en traspaso la librería Alzania en Azpilagaña, la pequeña tienda a cien metros de su casa y de la que era cliente. El 23 de septiembre se retiró y hace un balance más que positivo de estos 8 años. “Me adapté bien. Estos pequeños negocios justo dan para vivir pero conoces a mucha gente y pasas buenos ratos. Es algo que echaré de menos. Estoy muy agradecido a la clientela. Hay gente muy fiel al comercio local. Me da pena por ellos”, expresa.

Sus clientes habituales también confiesan que es una pérdida para el barrio. Hay otros puntos de venta de periódicos pero habrá que irse más lejos para comprar una revista o un libro. “A veces te sacaba de un aprieto para hacer una fotocopia y además no quería cobrarte”, comentan. Hace años había tres librerías en Azpilagaña pero ya sólo quedaba Alzania, en el número 19C de la calle Río Alzania, junto al bar El Pacotillero.

También era punto de venta de las Loterías del Estado, un complemento que le ha permitido sobrevivir en estos últimos años. “No he hecho millonario a nadie, pero la suerte ha estado muy repartida”, comenta Juan Carlos. Como vecino del barrio desde hace 34 años, coincide en que la población es cada vez mayor y apenas viene gente joven. “Los jubilados son los que más madrugan. Vienen al punto de la mañana a comprobar la Bonoloto. Yo no tengo intención de madrugar, pero quizás termine como ellos”, bromea. Porque confiesa que lo más duro es la jornada laboral. “Estás aquí nueve horas al día, de lunes a sábado, y siempre tienes cosas en la cabeza que te llevas a casa”, comenta. Añade que los autónomos “no pueden ponerse enfermos”.

“He venido días con dolor de cabeza o con dolor de espalda. Una vez le tuve que pedir a un cliente que me moviera el fajo de periódicos”, apunta. Siempre ha estado solo, salvo algunas jornadas que le ha ayudado el hijo. La librería Alzania nació hace 36 años de la mano de Félix Oyarzun, cuando el barrio estaba en plena construcción. Juan Carlos era cliente y en 2015 se quedó en el paro después de tres décadas trabajando en una oficina.

“Sabía que Félix se iba a jubilar y que se planteaba traspasar la tienda. Era consciente de que las ventas iban a menos, pero me pareció una buena opción para los años que me quedaban para jubilarme”, señala. Hasta hace unos años, Alzania vendía libros de texto y material escolar para el alumnado del colegio público, que está enfrente. “Pero eso se acabó”. Las revistas del corazón, de pasatiempos y cocina han sido una importante fuerte de ingresos pero han ido a menos.

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