Patxi Unzu Idoate, carrocero y jatorra sanjuanero
Fue un artesano carrocero en el mejor sentido de la palabra y su taller en el barrio de San Juan fue local de trabajo y acogida de clientes y amigos


Publicado el 04/08/2023 a las 07:34
El domingo 23 de julio falleció con la misma paz y serenidad con que había vivido la persona alegre y vitalista que fue Patxi Unzu Idoate. A su esposa Mercedes Gárate, a sus hijas Ainhoa e Iñaki, Edurne y Ion, nietos Odei, Aritz, Ekaitz u Oihan, la condolencia más sentida de Loli y mía.
Conocí a Patxi cuando entró a formar parte de la entrañable familia roncalesa del tío Honorato y la tía Virtudes y sus hijos, mi amigo desde la infancia Primi, y sus hermanos Luis y Mercedes. Esta nos presentó un novio al que había conocido, no podía ser en otro lugar, en sus excursiones montañeras. Fueron una de las muchas parejas que unió la afición común a la montaña, medio natural de la vida de Mercedes. Era un auténtico morrosko y jatorra pamplonés, simpático, abierto, campechano, con sonrisa alegre, cuyos ojos expresaban sus afectos y su condición de buena persona.
Al cabo del tiempo pude identificar a Patxi como miembro de una familia que vivía en la última casa de San Juan al borde del antiguo camino de Gazolaz y de Barañain. Siempre recordaré que, aunque los perros nos asustaban, mi padre nos acercaba a una casa con jaulas de cardelinas y tarines cazadas con aves de reclamo, “varetas “y “crucetas” con “liga”, en la huerta y los campos de cereal de los alrededores en los términos de San Juan, Ermitagaña y Mendebaldea.
Patxi aprendió el oficio de carrocero en el que fue un artesano en el mejor sentido de la palabra. Tras trabajar en las fábricas de Goñi y Porcelanas del Norte montó un taller en San Juan que fue un local de trabajo y acogida de clientes y amigos. A media mañana los olores de los metales, las soldaduras, las imprimaciones y las pinturas se superaban por los almuerzos de txistorra, chula de tocino rayado y otras delicadezas que preparaba con esmero y abundancia, organizando tertulias de todos sobre todo. Cuando se recuperaban las fuerzas con la andorga llena, la vuelta al trabajo y cada mochuelo a su olivo. Muchos de ellos formaron su cuadrilla del chiquiteo por San Juan y celebraron la última ronda dos días antes de su muerte en el hospital.
Era una persona conocida y querida en el barrio y fuera del mismo, siempre dispuesto a ayudar a todos, aplicando sus habilidades del metal, el soldador, la electricidad y lo que le echaran.
Persona esforzada ponía en su trabajo alma, vida, corazón y una dosis de cabezonería, como le decía Merche en cariñoso reproche. Su invento de mayor éxito fue el “Patxipil”, aparato para mover el bacalao al pil pil con un motor de limpiaparabrisas; con la buena mano culinaria de Mercedes, discípula de su madre la tía Virtudes y de la tía Carmen, resultaba estupendo.
Hizo sus pinitos en la construcción naval para poder navegar por Yesa con la nave “Vikinga” que construyó instalando el motor de un coche 4L. Fue capaz de reflotarla una vez hundida. Me comentaba su cuñado Primi que cuando Mercedes y Patxi iban de vacaciones a Tahití su dedicación era el mantenerle la casa, dejándola restaurada con todo bien puesto y funcionando. Le encantaba la Polinesia y navegó por los mares del Sur, superando su condición de marino de agua dulce en Yesa.
Fue hortelano desde la infancia ayudando a su padre en la huerta familiar. Una vez asentado en Roncal cultivó una magnífica huerta en la orilla del Esca, en la que trabajaba y luchaba, junto con sus vecinos, contra los jabalíes que bajaban a comerse sus verduras en un singular combate que siempre terminaban ganándoles y deshaciéndoles los cultivos.
Como buena gente, esposo, padre, abuelo y amigo ha vivido rodeado por el cariño de los suyos por su entrega y humanidad. Como persona hecha a sí mismo fue un hombre recto dentro y fuera de casa. Lo saben bien sus hijas a las que educó en la voluntad, la disciplina, el servicio y la obra bien hecha. Supo del sacrificio del trabajo, del deber antes que el placer, sabiéndolo compaginar con la amistad y la generosidad con los demás.
Uno más de esos ejemplos próximos de personas que vieron en el sacrificado esfuerzo de los padres y en la formación de los hijos el mejor medio de promoción personal y de mejora social de las personas y las colectividades. Miró a lo alto y siguió la estela que le marcaron sus padres en Pamplona y sus suegros en Roncal.
El hombre fuerte y vitalista que fue Patxi vivió con Blas de Otero, “humanamente hablando, es un suplicio /ser hombre y soportarlo hasta las heces, / saber que somos luz, y sufrir frío, / humanamente esclavos de la muerte” (Blas de Otero). Patxi, por tu afición marinera de armador y navegante ya dormiste muchas horas “en la orilla vieja, / y encontrarás una mañana pura / amarrada tu barca a otra ribera”. (A. Machado) Tus chicas que tanto te querían y, por eso, algo te reñían, nietos, familiares y amigos te recordaremos. Descansa en paz.
El autor es amigo del fallecido.