Hosteleros ante San Fermín 2023: "entre la incertidumbre y la ilusión"
La hostelería del centro de Pamplona, epicentro de los Sanfermines, se prepara para unas fiestas llenas de turistas, con
el doble de trabajo y las expectativas puestas en las cifras de 2019


Actualizado el 04/07/2023 a las 08:54
Cuando quedan menos de dos días para que empiecen los Sanfermines lo lógico es estar preparando los detalles de última hora. Preparando la ropa blanca, con quién quedar para el almuerzo, dónde están los pañuelicos o las camisas de la peña. Programa en mano para saber dónde acudir en cada momento, también se prepara para las fiestas la hostelería, que ha comenzado su carrera contrarreloj para llegar a las 12 del día 6 con los almacenes llenos.
Ayer por la mañana la Estafeta era un hervidero de furgonetas de reparto. Y eso solo quiere decir una cosa: los bares se están preparando para poder atender a la marea blanca y roja que el próximo jueves llegará al centro de Pamplona. Cajas y más cajas de refrescos, vinos, carnes frescas, harinas o bidones de aceite. Todo esto paseaba ayer por esta calle del casco antiguo que será protagonista durante varios días de los encierros de San Fermín.
“El trabajo es triple estos días. Estoy haciendo mi jornada de 8 horas, pero como si fueran 21. El trabajo previo es a lo bestia”, explicaba Jorge Pueyo, un repartidor que se encontraba ayer por la mañana en la Estafeta. Con una lista de los pedidos en la mano, bajaba las cajas de la furgoneta y las colocaba en la carretilla de mano. Los bares, especialmente los del Casco Antiguo de Pamplona, se previenen para una avalancha de gente que llegará, sobre todo, los días 6, 7 y 8. A partir del lunes 10, se espera que las cifras de consumo sean menores, aunque dentro de la excepcionalidad de la fiesta.
Eso sí, aunque se confía en que haya mucho público, la hostelería sigue notando los efectos que dejó la pandemia de coronavirus. “Ahora, los pedidos son más cortos y tardíos. Antes, por mayo empezábamos a prepararlos; este año han esperado a mediados de junio para hacerlos”, explica Javier Delgado, gerente de Repartidores Canasa.
Cuenta que, estos días previos a Sanfermines, los contratos se duplican. “El del repartidor es un trabajo duro; trabajamos sin descanso todos los días, es fiesta, es difícil poder acceder a los comercios del centro con la furgoneta... Pero para la hostelería somos imprescindibles”, sentencia Delgado.
Aunque se espera que las cifras de estos Sanfermines sean como las de prepandemia, en hostelería “hay que hilar más fino”, explica Juan Carlos Oroz, hostelero y vicepresidente de la Asociación Navarra Pequeña Empresa de Hostelería. La realidad es que el ticket medio de consumo ha bajado porque “los precios del 2019 no son los del 2023”.
La inflación se sigue notando, y aunque “se creía que habíamos alcanzado el pico, la realidad es que hay productos como el aceite que no paran de subir”, explica. Y eso, además de implicar una reducción del gasto de las familias, obliga a que la hostelería suba los precios. Los que más consumen: los locales. Cuenta Oroz que la barra queda más para la gente de paso, los que no son habituales.
Otra incógnita que rodea a los hosteleros estos días previos: el tiempo. Hay a quienes no les va a importar salir de casa si llueve, pero serán muchos los que dejarán de acudir a los bares por este motivo, explica Nacho Calvo, secretario de la Asociación Navarra de Hostelería. En cuanto al abastecimiento, la hostelería recibe todos los días.
“Hubo un conato por parte del Ayuntamiento para prohibir la distribución el día 7 de julio, pero esto sería fatal. A muchos bares se les acabarían las existencias y tendrían que cerrar durante ese día”, explica Calvo. Finalmente, esto no será así y los hosteleros podrán recibir diariamente todos los pedidos que ya han ido haciendo.
Uno de los problemas a los que se enfrentan los hosteleros es el espacio. Tenemos la imagen de grandes almacenes junto a las cocinas de los bares repletos de barriles de cervezas, cajas con botellas de vinos y frigoríficos enfriando la comida. La realidad de los bares de la Estafeta es que son locales muy pequeños. Muchos, tienen el espacio justo para instalar la cocina, así que el abastecimiento se tiene que ir haciendo día a día.
Lo bueno, explica Delgado, es que San Fermín sirve como termómetro para el resto de fiestas de la comarca de Pamplona. “Así que tanto trabajo es bueno. Estamos muy ilusionados”, confiesa.
Las fiestas de San Fermín suponen el 25% del impacto anual
de la hostelería
En cifras del 2019, los Sanfermines supusieron un 25% del impacto total anual de la hostelería, y se espera que este año se repitan estos números. Depende, claro, del establecimiento que sea, su clientela habitual y su trabajo durante todo el año.
La subida de los precios, que afecta tanto a hosteleros como a particulares, puede suponer un freno al consumo medio en estas fiestas. El ticket medio ha descendido y se espera que el gasto por familia sea menor al del 2019. Y eso lo notan los hosteleros, explica Javier Delgado, gerente de Repartidores Canasa.
La hostelería, después de la incertidumbre del coronavirus, tiene ahora otro problema: los precios desbocados, explica Delgado. Aunque el gremio de la hostelería espera las fiestas “porque prevé recuperar los buenos números de antes”, sentencia Delgado.
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