Tres años intentando agrupar a sus tres hijas en un mismo colegio de Pamplona

Eva Ríos relata su “calvario”, especialmente durante el curso 2021-22, cuando la mayor estudiaba en el Padeborn, la mediana en Santa Catalina y la pequeña en el Vedruna

Eva Ríos García, con sus tres hijas de 13, 8 y 4 años
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Eva Ríos García, con sus tres hijas de 13, 8 y 4 años
Eva Ríos García, con sus tres hijas de 13, 8 y 4 años

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Pedro Gómez

Publicado el 30/06/2023 a las 06:00

Eva Ríos García, de 34 años, casada y con tres hijas de 13, 8 y 4 años, es una de esas supermadres que se multiplica y llega a todo, a pesar de que el Departamento de Educación no se lo ha puesto fácil. Durante los tres últimos cursos, no ha logrado agrupar a sus tres hijas en un mismo colegio y en septiembre la situación no va a cambiar. “En Educación conocen mi caso porque he llamado infinidad de veces, pero no me han resuelto nada. El Defensor del Pueblo tampoco ha logrado nada”, explica.

La situación más dura la vivió durante el curso 2021-2022. La mayor estaba en el colegio Paderborn, la mediana en el Santa Catalina y la pequeña en el Vedruna. En 2022-2023 la mayor fue admitida en el Vedruna. “Entró de rebote, porque una madre pidió mejora para su hijo de necesidades especiales, no porque Educación me ayudara en nada”, aclara.

Eva Ríos ha decidido sacar a la luz su caso al leer en 'Diario de Navarra' el caso de una madre con gemelos a los que mandaban a escuelas infantiles públicas diferentes. “Me sentí muy identificada pero lo mío es todavía más dramático. Llevo con este calvario tres años”, expresa.

Todo empezó hace tres años, cuando esta familia se mudó de Mendillorri –sus dos hijas mayores iban al CP El Lago– al Segundo Ensanche. “Me encontré con la sorpresa de que al matricular a mis hijas en los colegios más cercanos a mi vivienda, a una la pusieron en el colegio Santa Catalina, en la calle Abejeras, y a la otra en el colegio Paderborn, en la avenida Zaragoza. Ese año, como no entendía nada, lo aguanté y esperé al siguiente para matricular a las 3 en el más cercano a mi casa, que es el colegio Vedruna, en la calle San Fermín”, relata. A la pequeña de 3 años la cogieron en el más cercano, pero las otras dos continuaron en el colegio Santa Catalina y en el Paderborn. “Me encontré con tres hijas en tres centros diferentes, con horarios continuos porque estábamos en pandemia. Todas entraban a la misma hora y salían a la misma hora”, afirma.

Al tercer año, volvió a intentar reagrupar a las hijas en el centro más cercano o en un centro donde pudieran ir las tres juntas. “Me daba igual cual, público o concertado. Así se lo solicité a Educación por escrito, pero no obtuve respuesta”, apunta. Explica que la hija mayor se quedó en la lista de espera en Vedruna, porque si hay niños con necesidades especiales tienen prioridad. “Por suerte una madre pidió mejora a su hijo de necesidad especial y ya pudo entrar la mayor de rebote”, señala.

Ante el silencio de Educación, Eva Ríos decidió elevar su queja al Defensor del Pueblo. “Me dicen que no han podido resolver mi caso porque educación no le respondía tampoco”, asegura. Para este curso, la hija mediana se ha quedado la segunda en la lista de espera, por lo que tendrá que seguir en el colegio Santa Catalina.

Estos padres tienen en la cabeza el rompecabezas de horarios que han sufrido este curso y van a seguir sufriendo. “La mayor entra a las 8.30 y los miércoles y viernes no tiene clase a la tarde. La pequeña de lunes a jueves de 9.00 a 12.50 y de 15.00 a 16.30. Y la mediana a medio kilómetro de lunes a viernes de 9.00 a 13.10 y de 15.00 a 17.00 excepto los miércoles, que está de 9.00 a 13.10. "Una odisea total para mí, de conciliación laboral ya ni hablamos”, resume.

Esta familia tiene un gasto extra de 34 euros mensuales del aula matinal para dejar a la pequeña 20 minutos antes y que pueda estar la mediana en el santa Catalina a su hora puntual. “Para rematar, si tengo que ir a trabajar tengo que hacer malabares con esos horarios y el gasto que conlleva el comedor por día sueltos de 10 euros por niña el día. Si la dejo el mes completo pues son 140 euros mensuales, multiplicado por tres. Tengo que dejarme medio sueldo en el comedor”, señala.

Según Eva Ríos, en sus reiteradas llamadas al servicio de Escolarización, le aseguran que no pueden ampliar el ratio de las aulas. “Sin embargo –apunta–, durante todo el curso veo niños nuevos entrar en el colegio Vedruna. Hay plazas para los que llegan en mitad de curso, pero no para mí, que llevo tres años intentando reagrupar a mis hijas”.

“Esta es la odisea a la que me enfrento a diario desde hace tres años. Me siento castigada por ser madre. Trabajar me cuesta dinero y el no poder reagrupar a mis hijas me genera más gasto todavía. No hay ayudas de ningún tipo por ser familia numerosa. Sólo me encuentro con trabas”, expresa Eva Ríos.

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