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Las últimas cartas de Marga: así era la víctima del crimen de la cárcel de Pamplona

Margarita Munilla llevaba 8 meses presa cuando fue presuntamente asesinada por su compañera de celda. Su caso llegará pronto a juicio. Antes de morir, escribió unas cartas que no pudo enviar. Así eran sus textos. Y así era ella.

Algunas de las cartas escritas por Marga, junto con una fotografía suya
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Algunas de las cartas escritas por Marga, junto con una fotografía suya
Algunas de las cartas escritas por Marga, junto con una fotografía suya

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Gabriel González

Actualizado el 01/04/2025 a las 09:26

Margarita Munilla, Marga, cumplió 39 años cinco días antes de ser asesinada en su celda de la cárcel de Pamplona. El día de su cumpleaños, 2 de noviembre de 2021, se despertó de bajón, repasó los días de trabajos comunitarios que le quedaban por cumplir, contó los minutos que faltaban para el desayuno, porque tenía mucha hambre, y una canción de Estopa que sonó por la radio le levantó el ánimo casi tanto como el permiso que le concedieron esa misma mañana. El segundo en ocho meses de condena tras saltarse un arresto domiciliario. Pero nada le hizo tanta ilusión como el dibujo de felicitación que recibió de su hija, entonces con 4 años.

Margarita lo contaba así a su pareja, el pamplonés David Araiz, de 47 años, en las últimas cartas que escribió durante los días previos a su muerte. Unas misivas manuscritas con letra menuda y redacción cuidada en las que plasmaba, casi con vocación de cuaderno de bitácora, los pensamientos y acciones de cada día, los anhelos y desvelos que le iban brotando en diferentes momentos de la jornada, y los profundos sentimientos de amor y añoranza hacia su novio y hacia su hija. Unas cartas que la víctima nunca llegó a enviar.

Días después de su muerte, David las recibió por parte de la policía junto con el resto de pertenencias. Las misivas, incorporadas a la causa judicial, evidencian el malestar y la preocupación de Marga hacia su nueva compañera de celda, que según la acusación la asfixió por detrás la noche del 7 de noviembre de 2021. El caso, en la recta final de la instrucción, llegará a juicio en los próximos meses. La acusada se enfrentará a peticiones que llegan a los 25 años de cárcel. Ella niega haberla matado. A continuación, se reproducen algunos de los fragmentos de sus cartas salpicados por retazos biográficos de Marga contados por su pareja.

31/octubre/2021 Ocho días antes de su muerte, Marga empieza a escribir una carta cuya redacción abarcará cinco jornadas. Aquí comparte cómo le ha impactado el crimen del niño de 9 años en Lardero.

​Hola, mi amor, me he olvidado de echarte la carta. Mañana la echo (...). Me he visto esta tarde una peli de miedo. Como es Halloween, en la Paramount echan todas de miedo. Gracias por no querer que me preocupe por ti, aquí lo paso muy mal. Ahora estoy viendo en las noticias lo del niño asesinado en La Rioja por un asesino al que le daban permisos y le sacaron en condicional, 3 años antes, con 25 años de condena , y no estaba ni vigilado ni nada. Instituciones Penitenciarias ha cometido un error. Vaya justicia que hay. Luego yo, por salir en un arresto, mira lo que me como. La del pulpo y la muerte de Manolete.

Margarita Munilla era natural de Ponferrada, donde vive su familia. David Araiz, que fue su pareja durante los dos últimos dos años de su vida, la describe como una mujer “muy inteligente”, que quería estudiar Farmacia, pero que “se fue por el camino por el que no se tenía que haber ido”, el que transcurre por los arcenes de lo convencional, de lo legal, de lo sano... Fue encarcelada por primera vez en Ponferrada por acumulación de condenas por robos y trapicheos, cuenta David, y allí, en prisión, conoció a un chico de Pamplona. Empezaron una relación y al salir de la cárcel Marga se vino a Navarra con él. Tuvieron una hija, hoy con seis años, y sus pasos la llevaron a trabajar en distintos lugares como un bar de la Txantrea, una hamburguesería...

También estuvo en un centro de desintoxicación. Y allí conoció a David. Cuatro años después, empezaron a salir. “Era cañera, muy inteligente. Me gustaba la sinceridad que tenía, demasiada igual. Le gustaba la música un montón, sobre todo el punk. Andábamos mucho por ahí”, rememora David. Pero llegó la pandemia y tuvieron que vivir gran parte del confinamiento en el interior de una furgoneta aparcada en la Rochapea.

1/noviembre/2021. Marga narra algunos episodios cotidianos de su vida en prisión y le recuerda con tristeza que al día siguiente es su cumpleaños.

​Buenos días, cariño, hoy me levanté a las 7.30. Aunque me desperté varias veces. Como es festivo no hay correo, a ver si mañana tengo carta tuya. Me alegran y me gustan mucho, mi amor.
Tengo el azúcar alto. Yo creo que son los nervios. Me acuesto con él bien y me levanto con 400. Y así no me puedo quedar embarazada. Y me jode un montón. 
Te quiero con todo mi corazón.
Lo eres todo para mí.
Estoy viendo una serie de vascos y andaluces que está muy bien. Te echo de menos. Tengo ganas de abrazarte y no soltarte.
Me acabo de duchar. Es la hora de la siesta. No voy a dormir porque tengo el pelo mojado. Voy a echar la instancia del permiso para pasar en diciembre. La pedí antes y no tenían. A ver si esta semana me viene el permiso y me dan los vises (...).
Estoy loca por salir y estar en casa. Estoy de los nervios. Mañana te llamo para que me felicites, jajajaja. Yo quería salir para mi cumple.
Hola cariño, ya he cenado y nos acaban de chapar. Mañana mi cumple, qué bajón.

2/noviembre/2021. Es el cumpleaños de Marga. El día empieza bajo de ánimo, pero la sucesión de noticias y regalos que va recibiendo le levantan el ánimo. Sobre todo, las de su hija.

​Hola amor, me he levantado hace poco. Te echo de menos. No me acordaba de que era mi cumple. Yo quería estar contigo hoy, joder. Qué bajón. Quiero el permiso y los vises ya. Me mata la espera. Aquí hay que esperar para todo y hay que tener mucha paciencia. Y hay días que me cuesta.
Tengo que seguir haciendo los trabajos a la comunidad, que llevo días sin hacer y me quedan 38 días de esta causa y luego 140 días. Que no me han bajado y los haré en la calle. Cuando salga, por fin me quedo limpia.
Estoy escuchando la radio. Faltan 20 min. para que abran para desayunar. Ya tengo hambre, jejejeje. Luego te llamo, que me quedan casi 2 euros para hablar. Y tengo ganas de hablar contigo. En cuanto esté libre la cabina te llamo después de desayunar. Además hoy se van todas a manualidades. Así que no habrá jaleo. Suena en la radio la de Estopa del run run que me encanta!!!!
Cariño, ya hablé contigo y me han dado el permiso. Ahora a esperar el auto del juez y
de ahí en una semana salgo. Qué ganas (...). Qué contenta estoy. Ayer a la
noche estuve leyendo cartas tuyas.
Hola cariño, estoy viendo el Pasapalabra. Tengo una herida en la lengua que me molesta un montón. Me duele al tragar. Te quiero mucho mi amor. Cuando cobres guarda dinero para cuando salga tener algo. Ya sé que andas justo. Ojalá me dieran curro siempre, pero por ahora no hay (...).
Me ha llegado una foto de mi hija que pone muchas felicidades y (su nombre) escrito por ella. Ya sabe escribir su nombre, qué bien. Joder, cómo la echo de menos. Y qué hija más bonita tengo, y siempre riéndose. Es muy feliz y me alegro (...).

Los momentos previos a la pandemia y su inicio fueron duros para la pareja. Así lo recuerda David: “Mi jefe se jubiló y cerró la empresa, y yo me quedé en la calle y sin trabajo (era fontanero). Ella vivía en una habitación alquilada, pero se quedaba a dormir conmigo en la furgoneta para que yo no me quedara solo. Fue una etapa bastante jodida entre la pandemia, el frío..., pero por lo menos tenía a Marga”. Aparcados en Corralillos, David cuenta que la policía les multaba por saltarse el confinamiento, a pesar de que ellos les decían que no tenían dónde ir. Después vendió la furgoneta y había días en los que dormían en los cuartos de contadores de algunos pisos, comían de lo que robaban en supermercados... “No teníamos dinero”.

Después de esta etapa tan cruda, la pareja empezó a ver la luz gracias a la renta, algún trabajillo... “Primero pillé una habitación en Burlada y luego, como hicimos algo más de pasta, alquilamos un piso en la calle Curia. Ahí estuvimos casi un año, hasta que lo tuvimos que dejar porque necesitaban el piso. Alquilamos otro en la Avenida de Zaragoza”. De esa época es un anuncio, que todavía perdura en internet, en el que Marga se ofrece para dar clases particulares en español y en inglés.

En los meses previos a su encarcelamiento, una vez superados algunos problemas de adicciones, Marga también recuperó la relación con su hija, que vive en Ponferrada con la familia materna. “Su hija lo era todo para ella. Tengo muchas cosas para darle, cosas personales que le estoy guardando para cuando tenga una edad”, remarca una y otra vez David. Además del contacto telefónico, Marga logró el derecho a visitas tuteladas. “Pero estábamos caninos (de dinero), el tren costaba 70 pavos, más dos noches de hotel... De 150 a 200 euros una vez al mes para ver a su hija 45 minutos. Se iba contenta, porque iba a ver a su hija, pero volvía destrozada. Así estuvimos cuatro meses, hasta que pasó lo que pasó y la metieron en la cárcel”.

3/noviembre/2021. Marga cuenta a su pareja los momentos más emotivos de su cumpleaños. Pero la principal novedad es que ha empezado a compartir celda con otra presa, que se encuentra en el programa de prevención de suicidio y no puede estar sola. Esta presa es la acusada de su asesinato, cuatro días después.

​Buenos días, mi vida, cuánto te quiero. Me acabo de levantar. Ya estoy vestida. A estas horas hace frío y ya no abro la ventana. Mañana te llamo, que ya cargo el teléfono.
Ayer me regalaron una tarjeta, un imán, un dibujo precioso de (su hija) y me cantaron en el desayuno el ‘zorionak zuri’. 
Estoy loca por salir y estar contigo. Tenemos que aprovechar el tiempo. Y nos vamos a dar una vuelta por Pamplona juntos, que necesito un jersey y ropa interior. Solo quiero ir a Bershka y Tezenis. Que las tiendas estarán llenas de gente. Y quiero que aprovechemos el tiempo juntos en casa (...).
Te quiero mucho. Eres mi vida. Tienes que arreglar la cámara para las videollamadas con mi hija (...). Quedan 15 min. para bajar a desayunar. Tengo hambre, jejejeje. Y muchas ganas de verte. 
Hola cariño, me han puesto de interna de apoyo con una que no puede estar sola, y 
me he tenido que subir arriba porque ella está cumpliendo parte por robar (...). Es una putada pero me da puntos. Me he subido la tele y una muda. Luego cojo las insulinas y el pijama para pasar la noche. Espero dormir bien. 
Lo que estoy tragando aquí, con lo bien que estaba yo sola en mi celda. Espero no estar muchos días.
Mañana te llamo, mi amor. Paga el móvil. Saldré en cuanto me llegue el auto. Que llegue en fin de semana.

A principios de 2021, a Marga la condenaron a penas de arresto domiciliario por acumulación de condenas por “robos y trapicheos anteriores... cosas pequeñas”. La condena implicaba no salir de casa en determinados días, pero la incumplió y fue enviada a prisión. Y los buenos tiempos de trabajos, ingresos y vida en pisos alquilados acabaron. “Yo me iba ganando la vida en los parkings de los supermercados pidiendo. Sí he robado en supermercados, porque tenía hambre, pero a la gente jamás. Y todos los días echaba algo a la hucha para ella, para sobrevivir, facturas... estaba jodido. Pero estaba ella”, destaca David.

Durante los ocho meses en prisión se escribían casi a diario. “Marga lo pasaba mal, pero era fuerte”. También había motivos que levantaban el ánimo: ella logró un permiso por buen comportamiento -en nada iba a disfrutar del segundo-, David consiguió un trabajo, y hablaban de estar ‘limpios’ al salir de prisión (solían fumar heroína en casa, “una droga tranquila pero muy adictiva”), para lo que solo quedaban tres meses. “Teníamos planes. Ella quería tener otro hijo. Queríamos movernos a Ponferrada, tirar para adelante y ser una pareja normal y no estar todo el día con problemas. Yo había encontrado trabajo y no cobraba mal. Seguía trabajando, todo iba normal... hasta que me hicieron la llamada esa”.

4/diciembre/2021. El malestar por la nueva compañera de celda va a más y así lo expresa en la carta, en la que vuelve a suspirar por lo poco que queda para salir.

​Hola cariño, he dormido bien. Son las 7 y estoy viendo la tele. Tengo la luz apagada porque la otra está medio dormida. Qué marrón me ha caído. Te quiero mucho, no 
dejo de pensar en ti. Qué ganas tengo de salir de aquí. Con lo bien que estaba yo sola
en mi celda. (...). No sé nada de los vises, joder. Estoy loca por abrazarte. Y estar contigo sin un cristal de por medio. Te amo con locura.
Cariño, qué mal sin estar sola. No sé cuántos días tengo que estar con ella. Le falta un hervor y nadie quiere estar con ella. Por eso, al ser yo interna de apoyo me la empaquetaron a mí. Voy a esperar un día y pregunto a ver cuánto tiempo me van a tener aquí. Joder, qué putada, me han jodido pero bien.
Ya ha pasado el recuento. En 1/2 h. nos abren, que tengo unas ganas de salir de aquí y poder estar en mi celda, que me la dejan abierta, menos mal. Esta semana doy yo la comida.
Estoy loca por abrazarte. Trae el padrón cuando vengas al vis a vis, aunque de todas formas ya llevamos 6 meses de cartas.
Ya van cuatro hojas, cariño. Luego cuando compre sellos te la mando. No te olvides que eres mi vida y que yo también estoy enamorada de ti hasta las trancas. Te quiero con locura. Lo eres todo para mí con (su hija). Te quiero a muerte.

Margarita Munilla murió la noche del 7 de noviembre, domingo. El día anterior, la llevaron a ver una obra en el Teatro de Gayarre junto con otras presas. Una salida relámpago, pero que brindó a David y Marga un momento tan especial como vivir un instante fuera de prisión, cinco minutos a solas frente a la puerta del teatro. “Me dijo que era sobre las seis, estuve dos horas esperando y sobre las ocho y media la vi y le pude dar un abrazo, un beso... No esperaba que fuera el último”. Al día siguiente, David acudió a prisión y se volvieron a ver, esta vez separados por un cristal. Faltaban solo tres días para que empezaran a disfrutar de un permiso de cuatro días. Pero esa noche, todos los planes se hicieron añicos en la celda número 45 del centro penitenciario.

Ya el lunes por la mañana, David estaba trabajando cuando recibió “esa llamada”. “No me lo podía creer, me parecía increíble. Acababa de cumplir años, le quedaban tres días para salir de permiso... Al día siguiente me fui a Ponferrada, pensando que llevarían el cadáver, pero luego me dijeron que no. Me volví... En la cárcel no había médico de guardia, la ambulancia tardó media hora y solo pudo certificar su muerte”, cuenta David con un desorden propio del shock que recibió aquel lunes 8 de noviembre.

Dos años y medio después , la muerte de Marga todavía no ha llegado a juicio. David busca trabajo estable y tira como puede día a día. También va cumpliendo los días de trabajos comunitarios que le quedan. “Nunca he entrado en prisión. Espero no hacerlo nunca”. Dice que ha vivido todo este tiempo “con impotencia y rabia”, y solo desea que el proceso judicial acabe ya. “Estoy cansado. La psicóloga me dice que tengo que pasar el duelo. Ya, pero yo tengo buenos días, días en los que estoy jodido... tengo muchas cosas ahí colgadas. A mí me truncaron la vida. Yo la tengo rota, pero ella (Marga) no la tiene. Y es muy triste”.

7/noviembre/2021. Horas antes de morir, Marga escribe su última carta. Anuncia que va a presentar una instancia para regresar a su celda y estar sola de nuevo.

Hola cariño, qué bien ayer poder abrazarte. Me alegraste el mes, jejeje. Gracias por ir. Cuando llegué y no te vi creí que te habías ido y me dio un subidón cuando llegué y miré y te vi, que hacía tiempo que no era tan feliz. Son las 8.00, queda 1/2 h. para que abran y bajar a desayunar. Hoy echo la instancia para darme de baja para ser interna de apoyo y mañana hablo con el educador. Que me devuelvan a mi celda pero ya. 
Te quiero mucho, cariño. Eres mi vida. Tengo muchas ganas de verte, mi amor. Pero
muchas, muchas. Tengo tus cartas que me dieron para leer hoy, que me las guardaron porque me iba al teatro. Estuvo muy guay salir. Fuimos y volvimos en un taxi de 8 plazas. Espero estar tan a gusto como el domingo pasado. Seguro que sí.
Estoy loca por verte, mi amor. Luego te veo y hablamos (...). Cómo te quiero. Gracias por apoyarme y esperarme (...).
Ahora bajo y echo la instancia. Y ya hablé con la chica. Le he dicho que diga que quiere estar sola.
(...)​

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