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25-N

Elena Malaguilla: “El padre de mis hijos me intentó matar”

Dos víctimas de violencia contra las mujeres relataron este viernes sus experiencias a estudiantes del instituto de Zizur. Tratan de que sus historias sirvan de aprendizaje para que no vuelvan a repetirse

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Elena Malaguilla compartíó su relato con el alumnado del IES Zizur BHIEduardo Buxens
Actualizado el 25/11/2022 a las 16:29
Hay veces en las que es necesario tragar saliva para compartir aquellas vivencias que cuestan. Ocasiones en las que dar el paso es complicado, a pesar de ser perfectamente conscientes de que aliviar ese nudo que no te permite respirar es la mejor de las salidas. Pasos que merecen su pleno reconocimiento. Por duros, delicados, espinosos...
Y más, mucho más, cuando la violencia contra las mujeres llega con intención de no marcharse. Vivencias para las que poner oído y corazón resulta de obligado cumplimiento. Sucedió este viernes en el IES Zizur aunque, en realidad, el lugar fue lo de menos. La valentía se hizo fuerte en el testimonio de dos víctimas, el de Ana Delgado y Elena Malaguilla, que no dudaron en romper el silencio para que sus experiencias a manos de sus ex parejas pudieran servir de ejemplo. “Hay señales que no detectamos porque estamos tan acostumbradas que nos parecen normales cuando no lo son en absoluto”, alertaban.
Y ahí, bajo la mirada de más de una treintena de estudiantes de Bachillerato, ambas se quitaron la coraza por el significado del color lila, el mismo que recorre las calles cada 25 de noviembre. “Estar en un instituto ofrece una posibilidad excepcional para que la prevención sea la mejor de las soluciones”. Las palabras, rescatadas por Eva Istúriz, del Instituto Navarro para la Igualdad, ponían tarea a los presentes.

ELENA MALAGUILLA Sobrevivió al intento de asesinato de su exmarido

T​enía todo preparado: tarima y atril para relatar su vivencia. Pero Elena Malaguilla decidió hablar a los alumnos de frente. Quería facilitar el cauce. Y la ocasión lo requería. “El padre de mis hijos mi intentó matar”. Así de duro y así de contundente arrancó la vecina de Beriáin. El silencio se hizo uno en el salón de actos. “Yo era una persona extrovertida, con cantidad de amigos, me encantaba salir...”, enumeraba. Algo que, por descontado cambió al conocer al que terminaría por ser su agresor.

Sin perder el hilo, Elena intentaba dar todos los consejos que fue capaz para que ninguna señal pase desapercibida. Escuchar siempre a las personas que os quieren fue la consigna de quien lleva 14 años procesando lo ocurrido. Con la voz firme, no dudó en explicar cómo su expareja le fue aislando, manipulando, mintiendo... “Me convirtió en una hormiguita incapaz de hacer nada”, admitió, con esa lección de que la violencia psicológica es tanto o más dura de que la física. 

​Una dinámica que empeoró con el nacimiento de sus dos hijos. “Ellos sufrían porque su padre me humillaba, me gritaba... Era algo que yo no podía tolerar, pero tampoco contar. Sentía mucha vergüenza”, revelaba. El maltrato fue creciendo hasta que el 1 de enero él se ensañó con ella durante un calvario de hora y media. “Me escapé por los pelos de una paliza que casi me mata”, es consciente.

Y con esa dificultad de salir al mundo exterior y de volver a encauzar su vida, Elena fue dando pasos hasta conseguir empoderarse. Un brillo que le sigue en la mirada. “La vida es un continuo aprendizaje y vosotras y vosotros tenéis mucho que aportar”, enfatizó, consciente de que la Educación juega un papel determinante.

ANA DELGADO Cuatro hospitales y más de dos meses en la UCI

​Reciente. Tan sencillo como eso. La manera de contar su experiencia dejó al descubierto que Ana Delgado todavía necesita tiempo. Espacio para asimilar lo ocurrido, para tratar de poner en orden la vida, para alejarse de un sentimiento que le sigue frenando al andar. Fue el 20 de febrero de 2021 cuando su ex pareja entró en la habitación que ambos compartían con una barra de hierro. “Sentí el golpe en la cabeza y, después, negro”.

Una agresión que la llevó a cuatro hospitales distintos y a más de dos meses en la UCI. Una lucha en la que, aunque el pronóstico no era favorable, lo logró. Salió con vida de un episodio de tal violencia que le ha dejado secuelas físicas (tiene que estar acompañada en todo momento y tiene déficit funcional) y por descontado psíquicas. “Esto no se recupera en toda la vida”, dice quien sigue sintiendo miedo. A la espera de que salga la fecha del juicio, Ana intenta volver a encajar las piezas.

Y aunque reconoce que había intentado separarse de él en varias ocasiones, no llegó a denunciarle. “Pediría a todas las mujeres que estén en la situación que yo pasé que no dejen de pedir ayuda, que no se sientan culpables y que luchen”, recalca, consciente de que es una superviviente.

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