Las cobayas no entran en el menú del aeropuerto de Noáin
La Guardia Civil interviene en el aeropuerto de Noáin doce kilos de cobayas, ingrediente del recetario típico de varios países sudamericanos


Publicado el 20/10/2022 a las 06:00
El pasado 8 de julio, llegó al aeropuerto de Noáin un pasajero procedente de Quito vía Madrid que despertó las sospechas de los agentes de aduanas. El motivo, el fuerte y desagradable hedor que desprendían una de las maletas. Al abrirlas, descubrieron el origen: 12 kilos de cuyes -cobayas o conejillos de Indias como se les conoce en España- muertas y en mal estado de conservación. Este animal, el cuy, es un ingrediente habitual de la gastronomía ecuatoriana y bastante cotizado además. Por ejemplo, en el restaurante Pueblita de Quito, un cuy asado con papas, lechuga, salsa, tomate y aguacate cuesta 23 dólares.
Este tipo de aprehensiones, aunque no de tanta cantidad, son habituales en el aeropuerto navarro. Muchos viajeros llegan a él procedentes de Sudamérica vía Madrid y es en Noáin donde les espera la aduana. Generalmente, las cantidades son pequeñas, sin lucro aparente, y detrás de ellas se esconden historias familiares. Aunque choque con nuestra cultura gastronómica, la cobaya asada es un plato tan típico en zonas de Sudamérica como aquí lo es la txistorra.
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ENTRE LA ROPA
En la UE no se pueden introducir alimentos de origen vegetal ni animal sin un certificado fitosanitario. Los equipajes facturados fuera de la UE y que no son registrados en los aeropuertos ‘jabs’ son intervenidos aleatoriamente por la Guardia Civil en los aeropuertos de destino, en este caso el de Noáin. “Solemos notar conductas anómalas, con miradas extrañas”, afirma el brigada Miguel Ángel Pérez Lacalle, jefe del Destacamento Fiscal y de Fronteras del Aeropuerto de Pamplona. Este vuelo procedía de Ecuador y llamó la atención de los guardias civiles encargados de la aduana por el hedor que despedía la bolsa de viaje. Uno venía cocinado entre hojas de plantas y papel de plata, “como un pollo asado”, señala el brigada. “El resto estaba en crudo y envuelto en plásticos. Estaban metidos entre pantalones, chaquetas,...”.
Los animales fueron intervenidos y se depositaron en los arcones frigoríficos preparados al efecto. “Se pueden traer animales de compañía vivos con sus papeles y chips, pero no se puede venir con una gallina y decir que es una mascota. Los animales muertos no pueden pasar”, concluye el brigada Lacalle.