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Historia

El perro que metió en los corrales a un díscolo Miura y dio la vuelta al ruedo en Pamplona

En los Sanfermines de 1958, uno de los astados del encierro se negaba a abandonar la plaza a pesar de los esfuerzos de toreros, pastores y bueyes. Entonces, un pastor echó al ruedo a su perro, que solucionó el entuerto -mordiéndole al Miura
en el rabo, en las patas y hasta en el hocico- y se ganó una vuelta al ruedo como homenaje

Ampliar El perro y el Miura
El perro y el MiuraArchivo
  • Diario de Navarra
Actualizado el 19/09/2022 a las 22:09
Un "perro torero" protagonizó el pasado viernes en las vacas de Zizur Mayor uno de los momenticos de las fiestas de este año. Sus ladridos y su temple frente a una res de la ganadería de los Hermanos Ganuza se ganaron la complicidad de los que lo vieron en directo y también de quienes han revivido aquella escena en el vídeo de Diario de Navarra. Pero este can no es el primero en triunfar frente a un astado.
En los Sanfermines de 1958, el día 12 de julio, cuando ya el sexto encierro encaraba el trámite final de la entrada de los toros a los corrales, uno de los Miuras decidió que prefería quedarse en el ruedo. Los toreros Chamaco y Ordóñez le lanzaban capotazos, los pastores le aplicaban la vara y los bueyes le rondaban indicándole la salida, pero no había manera. Pasaron quince minutos y el toro seguía acampado en el coso.
Ante lo insólito de la situación, el pastor Esteban Irisarri echó mano de uno de sus perros, llamado 'Ortega' y acostumbrado a tratar con el ganado, y lo metió en la arena. El can, muy profesional, se afanó en reconvenir al Miura su díscola actitud, "mordiéndole en el rabo, en las patas y hasta en el hocico", según la crónica de Diario de Navarra de la época. Y el toro, más acochinado por la filípica en forma de ladridos de lo que había estado por el capote o la vara, se avino al fin a enfilar hacia los corrales "seguido por el simpático perro".
El público reclamó que el héroe saliera a saludar y "se le hizo dar la vuelta al ruedo con todos los honores, entre las caricias de los mozos y las ovaciones entusiastas del gentío", continúa la crónica.
Tiburcio de Okabio, que presenció la escena, describía que "había que ver lo satisfechico que iba (el perro) y su carica de importancia". No es para menos, que no todos los días se tiene la oportunidad y el valor de torear a un Miura en Pamplona. Y triunfar.
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