Hostelería

Los restaurantes que quedan en primeras plantas en Pamplona: una moda a menos

Casa Otano, Aralar, Sarasate o Casa Manolo son algunos de los establecimientos que mantienen sus cocinas y salones en altura

La calle San Nicolás en 2002, cuando todavía funcionaba la pensión La Aragonesa, junto al restaurante San Fermín
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La calle San Nicolás en 2002, cuando todavía funcionaba la pensión La Aragonesa, junto al restaurante San Fermín
La calle San Nicolás en 2002, cuando todavía funcionaba la pensión La Aragonesa, junto al restaurante San Fermín

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Pedro Gómez

Publicado el 01/05/2022 a las 06:00

No corren buenos tiempos para los restaurantes situados en plantas superiores, una costumbre muy extendida en el siglo XX en Pamplona y otras ciudades. El restaurante San Fermín, en la calle San Nicolás de Pamplona, ha colgado el cartel de Se Vende. Sigue los pasos de otro emblemático restaurante, el San Ignacio, que cerró durante la pandemia.

Los actuales arrendadores del restaurante San Fermín pronto terminan contrato y no tienen ánimo de seguir tras más de dos años muy complicados. Por ello la familia propietaria ha puesto a la venta este espacio de 150 metros cuadrados, bien como restaurante o bien para su transformación en vivienda. “Tal como está el mercado vemos esta última opción más factible”, admiten Jesús e Iñaki Elarre, tercera generación en el negocio.

La mayoría de los restaurantes en altura nacieron como fondas con casa de comidas. “Hace 50 o 60 años se dejaba la planta baja para negocios que tuvieran escaparate. A los restaurantes no se les veía con esa necesidad”, explican los dueños del restaurante San Fermín. En la calle San Nicolás hay varios restaurantes en un primer piso, como la centenaria Casa Otano, el Aralar o el vegetariano Sarasate. Otros han bajado a pie de calle, como el Ultzama o el Bearan. Este último sigue siendo hostal. Y otros han desaparecido, como la fonda La Aragonesa o el Amóstegui, en la calle Pozoblanco. En este último caso, su licencia de hostelería fue traspasada a un nuevo restaurante en planta baja, Les Amis, abierto en octubre de 2021.

Otro histórico restaurante en planta fue el Josetxo, en el número 73 de la calle Estafeta, fundado por el matrimonio de Alejandro Elizari y Felisa García. En 1985 se trasladaron a la plaza Príncipe de Viana, con bar en la planta baja y salón comedor en la primera. Tras cerrar en 2012, fue reabierto tres años después por Juan Oscáriz y Raquel Eciolaza, primos entre sí y nietos de los fundadores. Además de remodelar el local, le cambiaron de nombre: Errejota, las iniciales del restaurante Josetxo y de Raque y Juan.

El antiguo Josetxo de Estafeta fue ocupado en 1985 por el Palacio Chino, uno de los primeros restaurantes orientales que abrió en Pamplona. En 1991 cambió de dueños por jubilación. Desde entonces lo regenta la misma familia. Durante la crisis del covid, lo pusieron a la venta. “Hubo personas interesadas pero al recuperar aforos y normalidad nos animamos a seguir”, explica la encargada. Admite que estar en primer planta “es un inconveniente”. “La mayoría son clientes habituales, pero turistas y visitantes tenemos menos”, admite. Al final de la Estafeta, el Txirrintxa ocupa la planta baja y primera. En Sanfermines alquila sus balcones para ver el encierro.

Fuera del Casco Antiguo, destaca el restaurante Casa Manolo, en una primera planta de la calle García Castañón. Durante la pandemia cesó su actividad el restaurante San Ignacio, otro emblemático, en una segunda planta de la avenida del mismo nombre. También salió a la venta para ser transformado en vivienda con vistas al Palacio de Navarra.

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