Reciclaje
El viaje de los envases después del contenedor
El índice de recuperación de los envases depositados en la basura mejora, y Pamplona y la Comarca están en el podio de las áreas metropolitanas españolas. Pero ¿qué sucede con esos desechos? ¿Vuelven a tener una nueva vida? ¿Es posible reutilizarlos en un 100%?


Actualizado el 24/04/2022 a las 08:27
Hcer bien las tareas, separar los residuos en casa, depositarlos luego en cada contenedor correspondiente. Pero ¿Qué camino llevan después los envases?, ¿Dónde acaban el brik de leche, la lata de cerveza, la botella de agua, el envase del jabón, el de un yogur? El viaje es desigual. Un seguimiento a estos cinco residuos concluye que, salvo el vidrio y el aluminio, no es posible reciclarlos al 100%, pero sí en una parte, con la que después llegan a tomar una nueva vida. Este es el desglose del recorrido de cinco desechos cotidianos.
Vidrio: La Mancomunidad entrega lo recogido en todos los contenedores Igloo de Pamplona y la Comarca, y también en el servicio puerta a puerta prestado a los locales de hostelería del Casco Antiguo de Pamplona, a la sociedad Ecovidrio. Uno de sus responsables, Oskar Acedo, explica que todo se lleva y se descarga en una nave de Enviser, en el polígono de Noáin. Allí se distribuye en dos planchas de acumulación y Vidrala los deriva a Llodio, donde está la planta de tratamiento de vidrio. Allí retiran cualquier impropio: etiquetas de papel, plástico, metal... y se envía a fábrica, donde se granula en piezas de unos dos centímetros, para introducirlo en el horno vidriero y se funde , con fin de hacer botellas y tarros. Acedo subraya que el vidrio se puede reciclar de forma indefinida. Aunque tiene condiciones y una es el color. En España abundan las verdes y marrones, por el elevado consumo de cerveza y vino. Y con ellas no sería posible obtener cristal transparente. De modo que, más marrón y más verde. En el propio proceso de triturado se pierde un porcentaje, pero muy pequeño. En los igloos, hay un 2% de impropios, la mayoría, las bolsas de plástico donde se portan las botellas, o las latas de los tarros de conserva, mermeladas...
Pet: material propio de botellas de bebidas, sobre todo botellines de agua. Una vez reciclado, se puede convertir en nuevas botellas o envases o, también, en fibra textil con la que poder fabricar todo tipo de prendas de vestir, ropa deportiva y también mochilas, bolsos... En todo caso, también influye el color. Las transparentes acabarán siendo nuevamente botellas, pero las de color rosa, azul intenso o rojo no, porque no habrá suficientes unidades y se depositarán en la mezcla para textil. Y tienen escasa demanda las botellas blancas opacas (se utilizan, por ejemplo para leche). No hay mercado y muchas acaban en el vertedero.
Brik: compuesto por una capa de aluminio, otra de film y, mayoritariamente, cartón. Con este último se genera celulosa, que se destina principalmente a hacer cajas de cartón de todo tipo. El aluminio se desecha y su destino es el vertedero. Lo mismo el film, de manera que se recicla entre un 75 y un 80% del envase. Silvia López, de Ecoembes, explica que se avanza en el ecodiseño para lograr envases en que las distintas capas (aluminio, film y cartón) se puedan separar más fácilmente. Los envases de yogures son más complicados de recuperar para un uso similar por sus diferentes componentes. La mayoría son de poliestireno y acaba en el flujo de plástico mezcla.
Pead: el polietileno de alta densidad es el material de más común para detergentes, lejías… que puede volver a convertirse en esos mismos envases pero, también, en tuberías o gomas de regadío. Se recicla un porcentaje muy alto del envase, superior al 90%, una vez desechados tapones, etiquetas, pegatinas...
Aluminio: propio de latas de refrescos o de conservas, una vez reciclado puede ser una nueva lata, aunque también se le da múltiples usos en otras áreas, como la automovilística, o para ventanas. Su uso es versátil y la demanda, alta. Se recicla en un 100%.
¿Motivados para reciclar?
¿De verdad lo van a reciclar? Es la pregunta que muchos ciudadanos se hacen al depositar la bolsa en el contenedor amarillo. A veces es necesario tener los datos en la mano para mantener esa motivación de dejar cada cosa en su sitio. En los últimos meses hemos visto cómo las turbulencias internacionales han disparado la cotización del petróleo y otras materias primas, que luego repercuten en los bienes de consumo y la cesta de la compra. El IPC ha trepado hasta el 9,8%, restando poder adquisitivo a las familias. Es ahora cuando la denominada “valorización de residuos” tiene más sentido que nunca. La lata de refrescos, el envase del suavizante y el botellín de cerveza que se echa en el contenedor correcto tienen un precio, económico y medioambiental.
La economía circular es una cadena que implica a los fabricantes, a los hogares y también a las administraciones. El pequeño gesto de quitar la tapa al tarro de cristal o el tapón al tetrabrick es importante. Pero más trascendental es que se invierta en investigación, desarrollo e innovación para que el índice de recuperación del total de residuos, ahora en el 48%, siga creciendo. Los fondos europeos Next Generation son una buena oportunidad para ello.
Apunte de Pedro Gómez.
