Paseo y pincho
Bares que echan raíces en la plaza de los Castaños de Barañáin
Tres de los bares más veteranos de Barañáin están en torno a la plaza de los Castaños. Aunque el Preludio y el Kaioa han cambiado de dueños, han mantenido su ambiente local. El Iratxo y su árbol de hormigón conservan su tirón entre la juventud


Publicado el 19/04/2022 a las 06:00
La plaza de los Castaños de Barañáin es uno de los cuatro espacios de la localidad con nombre de árbol. Entre su centenar largo de árboles predominan los castaños de indias, pero también hay álamos blancos, sauces, cedros, cipreses de Lawson y tuyas. Algunos ejemplares pronto cumplirán el medio siglo de vida, como los edificios que rodean la plaza. Los bares de la zona tiene también una edad respetable. El Kaioa Taberna, el Preludio y el Iratxo han visto pasar a muchas generaciones de chavales aunque admiten que ahora se ven más cuadrillas de jubilados.
El Kaioa, gaviota en euskera, presume de tener la licencia más antigua del municipio. Fue fundado por la familia Aranguren, que tras su jubilación hace 7 años pasó a manos de hosteleros chinos, que han mantenido su ambiente de bar de pinchos, bocadillos, platos combinados y menú del día. Situado en el número 4, goza de terraza y un amplio salón de eventos privados. Ha acogido conciertos, titiriteros, presentaciones de libros y ha patrocinado a equipos deportivos locales. “Toda una institución”, destacan un grupo de señoras que acuden casi todas las tardes.


En la trasera de la plaza se sitúa otro veterano de Barañáin,, que desde hace nueve meses regenta un matrimonio, José Celi y Marisa Sarango, originario de Ecuador. “Los anteriores dueños se jubilaron. Nosotros andábamos buscando un bar donde trabajar y nos pareció una buena oportunidad por su ubicación y por su terraza”, explican José y Marisa, que durante 15 años regentaron el bar San Miguel del barrio de San Jorge. Entre los parroquianos no queda claro si el musical nombre del bar se puso por su cercanía al auditorio o si fue una “premonición”. “Es cierto que el bar existía antes de que se empezara a construir el auditorio a principios de los noventa, pero desde los ochenta se venía hablando de este proyecto”, asegura un cliente “de los de Barañáin de toda la vida”. En cualquier caso, los clientes están “encantados” de que el Preludio siga ofreciendo pinchos caseros y raciones tradicionales. “Marisa tiene gran arte para hacer menudicos, manitas, callos, oreja y ajoarriero”, señala José Celi, que explica que en Ecuador también son muy populares los platos de tripicallería.


En el número 4 de la plaza de los Castaños, el bar Iratxo, duende en euskera, va camino de cumplir 30 años con Iñaki Fabo y Josu Urriza detrás de la barra. Hace casi dos décadas, estos hosteleros se liaron la manta a la cabeza y dejaron que un diseñador hiciera algo original. “Primero nos propuso poner una piscina, pero no lo vimos claro. Y después nos mostró la idea de un gran árbol al estilo Port Aventura. Y nos convenció”, relata Iñaki. La ejecución de la obra fue de un albañil de Ujué “que se cansó de poner ladrillos”. “El albañil estuvo tres meses, primero haciendo una estructura de mallazo que iba soldando. Y después cubrió toda la estructura con hormigón proyectando que iba modelando para que tuviera el aspecto de corteza. Por último lo pintó”, relata Iñaki, que desconoce cuántas toneladas pesa el árbol. “Lo cierto es que en veinte años no ha hecho falta hacerle ningún retoque y eso que algún descerebrado le ha dado por escalar”, apunta. Entre las enrevesadas ramas viven unos 70 duendes, cada uno de su padre y de su madre. “Hace poco me vino un cliente con uno que tenía en casa y me dijo, ‘toma que estaba solico y necesita compañía”, expresa. El Iratxo es bar de pinchos por el día y bar de marcha por la noche. “Nuestro público es joven, aunque esta zona de Barañáin está cada vez envejecida. La juventud no lo tiene fácil para acceder a una vivienda por aquí”, se lamenta Iñaki Fabo.
En efecto, el parque infantil de la plaza de los Castaños no es un hervidero de niños por las tardes, a pesar de la agradable sombra que dan los árboles de gran porte. La plaza apenas ha cambiado su fisonomía en su casi medio de siglo de existencia. Atrás quedó el proyecto para construir un aparcamiento subterráneo, que dividió al vecindario y que tumbó la burocracia. El parking conllevaba la tala de la mitad de los árboles, que siguen echando raíces y ocasionalmente levantando baldosas de los alcorques.