Conflicto

Impotencia de los ucranianos en Navarra

La preocupación y el temor por sus familiares empujó a algunos de los vecinos de la Comunidad foral nacidos en Ucrania a concentrarse en la Plaza del Castillo de Pamplona para visibilizar la situación y pedir que se frene la guerra a tiempo

Varios ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo de Pamplona
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Varios ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo de Pamplona
Varios ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo de Pamplona

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Paloma Dealbert

Actualizado el 24/02/2022 a las 22:44

Envueltos por la incertidumbre, impotentes, preocupados. Los ucranianos que viven en Navarra han pasado este jueves una de las jornadas más difíciles de sus vidas, a miles de kilómetros de sus familias y con el temor de que la invasión rusa de su país se salde con más víctimas mortales. Se han organizado durante la mañana, a través de distintos grupos de WhatsApp, para visibilizar su situación y pedir que se pare la guerra con una concentración en la Plaza del Castillo de Pamplona.

La mayoría no se conocía en persona –hay censados 1.549 ucranianos en la Comunidad foral­— pero se habían despertado de la misma forma: con el telefonazo de un familiar o amigo que alertaba de los ataques rusos. Hacia las 11 horas llegaron Roman B. y otros cuatro ucranianos, a los que poco a poco se fueron sumando más compatriotas. Por la noche, a las 21 horas, se encontraron de nuevo, en un encuentro en el que se reunieron cerca de 90 personas.

“Me dieron ganas de morir cuando me llamaron desde allí, estoy cada minuto en el teléfono mirando qué ha pasado. Mi corazón grita desde el inicio de la guerra: queremos paz, nada más”, confesaba con la voz quebrada Natasha Mymko afincada en la capital navarra desde hace 17 años. La ciudad en la que se encuentran sus seres queridos, al suroeste del país, está a apenas 140 km del aeropuerto de Ivano-Frankivsk, bombardeado por Rusia durante la madrugada: “Mi hija y mi nieta están encerradas en Chernivtsi y no sabemos qué nos va a esperar esta noche”.

Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo
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Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del CastilloCordovilla
Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo

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“Mi hija va a luchar”

A lo largo de la mañana se reunieron más de media docena de ucranianos a la vez. Algunos solo pudieron estar unos minutos antes de ir a trabajar, como Ivan Yavorskyy. Se mostraba desesperado, indignado. Había contactado en varias ocasiones con sus familiares, en un poblado cerca de Ternópil —al noroeste—, pero a veces se quedaban sin internet ni cobertura: “No sé dónde tengo que estar, qué tengo que hacer. Estoy preocupado”. Yavorskyy contaba que desde las declaraciones del lunes de Vladimir Putin, el presidente de Rusia, era consciente de la gravedad de la situación, pero no pensaba “que fuera a llegar a este punto”.

Cuando Roman B. se enteró de la ofensiva, se sorprendió y una sensación de irrealidad se adueñó de él. “Pero es verdad. Y tenemos que enfrentarnos a esta verdad y pensar cómo podemos ayudar, apoyar a nuestro país. Lo mínimo es juntarnos, hablar y prestar un poco de atención”, afirmaba el joven, de 32 años y afincado en Pamplona desde hace tres.

Este ucraniano de Ternópil fue el impulsor de la quedada en la Plaza del Castillo. Y su bandera fue la que quedó colgada en el kiosko. “Esto es muy grave. La gente normal piensa como nosotros, que no se puede hacer una guerra en el siglo XXI porque es algo salvaje, siempre hay víctimas y se destruye todo; no lo podemos permitir”, defendía. Por este motivo, añadía, urge que se frene el conflicto antes de haya más bajas en ambos bandos.

Aunque los enfrentamientos, recordaba Bogdana Korolova, de 29 años y natural de Doneskt –en el área del Donbás a la que Rusia reconoció la independencia y trasladó parte de sus tropas y carros de combate­­–, se remontan a 2014. En la región de Korolova se alcanzó tal nivel de violencia que tanto la joven como sus padres tuvieron que desplazarse a otras provincias. “Me he criado en Ucrania hablando los dos idiomas sin problema [ruso y ucraniano], me da mucha rabia que haya empezado la guerra. Mis padres han salido de la ciudad donde empezó y ahora están viviendo la misma situación en Cherkasy”, lamentaba.

Bogdana Korolova, de 29 años, tiene una hija de 9 y otro de 2. Pero si no fuera madre, se plantearía volver ahora a su país. Miles de ucranianos de todas las edades llevan semanas preparándose para coger las armas en caso de que Rusia extienda sus ataques al resto del Estado. Roman B. afirmaba que por el momento continuará en la Comunidad foral, pero regresará si la guerra persiste: “Es muy probable. Estuve en el ejército y todavía me acuerdo de lo que aprendí”.

La hija de Tetyana Ckolomeychuk, natural de Chernivtsi, tiene 27 años y le ha informado de que se quedará allá pase lo que pase. “Me dice que tiene que trabajar, que está bien, pero que si atacan su ciudad, va a luchar. Me siento fatal, es mi hija, es mi país”, lamentaba. 

Bandera ucraniana situada en la plaza del Castillo de Pamplona
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Bandera ucraniana situada en la plaza del Castillo de PamplonaCordovilla
Bandera ucraniana situada en la plaza del Castillo de Pamplona

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Confianza en el ejército

“Yo estoy más preocupada que mis parientes; están preparados para esta situación porque nuestro Gobierno llevaba diciendo que prepararan una maleta, comida, a los niños les dijeron en los colegios cómo portarse…”, relataba Natáliya Valenchuk, originaria de Vinnitsa, en el centro de Ucrania, pero que lleva 15 años en Navarra.

Aunque en una entrevista para Diario de Navarra Maria Shcherbatiuk aseguró que en caso de que hubiera guerra iría a recoger a su madre, tanto su progenitora como su padre insisten en quedarse en casa, a las afueras de Ivano-Frankivsk. “De momento se encuentran a salvo, pero están un poco asustados. Desde la 5 de la mañana mi madre estaba atenta porque notaba el movimiento de los aviones”, refería.

La familia, explicaba Shcherbatiuk, tiene en sus terrenos gallinas, cerdos, perros y gatos: “Mi madre dice que el presidente pide mantener la calma, no abandonar las casas. Como tiene animales dice: ‘Si nos vamos,¿quién los va a cuidar? Aquí tenemos nuestra vida’”. Su hermano, en la ciudad, le ha augurado que la noche del jueves al viernes iba a ser peor.

Pensábamos que vivíamos en un mundo civilizado, en el siglo XXI; que pudieran ocurrir estas cosas no lo podíamos imaginar. Es una angustia ver cómo está avanzando la situación, que hay ataques en el sur, en el norte…”, admitía Yuri K. Aunque sus padres son vecinos de Ternópil, su hermano vive en Kiev, capital ucraniana y objetivo de ataques durante la jornada de ayer. Ninguno quiere dejar su hogar: “Están asustados, pero bastante enojados con Rusia. Les he preguntado si tienen intención de salir, y no, quieren quedarse. Tienen confianza en que el ejército los pueda defender. 

Los ucranianos coincidían en reconocer el apoyo de la Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos y, aunque no esperan una intervención militar, piden que no cesen las ayudas a su país. “Putin no tiene miedo a las sanciones”, repetían.

Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo
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Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del CastilloBuxens
Ciudadanos ucranianos se reúnen en la plaza del Castillo

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