Inundaciones
Huarte: Las huertas de Zokoa, a contracorriente
El que entraba a las huertas de Huarte ayer salía con estas imágenes en su retina y con barro hasta las rodillas


Publicado el 12/12/2021 a las 06:00
Leña mojada en el suelo, dos barbos desorientados en un pequeño regacho de Zokoa, cazuelas golpeadas y tiradas por los caminos estrechos. El que entraba a las huertas de Huarte ayer salía con estas imágenes en su retina y con barro hasta las rodillas.
En una de las huertas estaba la familia Garralda Guerrero. Padre e hijo movían placas de aluminio desplazadas. Los dos llevaban botas de agua. “Hay veces que pasa y bueno... a este nivel no”, lamentaba Josetxo Garralda Guerrero, el hijo. Ellos llegaron a Zokoa hace seis años. Desde ese momento, trataron de aprovechar al máximo esta finca de recreo. Pusieron a punto la casa y comenzaron a añadir ciertos elementos de producción propia. Por ejemplo, una gran mesa de madera. “Esa mesa la hicimos nosotros con los árboles que había antes aquí”, explicaba Josetxo Garralda. También hicieron una enorme puerta corredera y otra pequeña gracias a su profesión de soldadores.
El paso de la riada hizo que ayer por la mañana solo quedaran las puertas. Las vallas con césped artificial, que fueron arrastradas por el Arga, dejaron al desnudo los marcos. “Esto habrá que ir recuperándolo poco a poco poniendo del bolsillo”, decía el hijo con un tono de desesperación.


Esta huerta marcaba en cierta medida el límite hasta el que se podía acceder. Más allá, es decir, más cerca del río, los propietarios de huertas tenían complicado llegar. Alguno lo intentaba. “A ver qué me encuentro. Me dan miedo los animales, en la que más esperanzas tengo es en la gata”, comentaba una vecina a Garralda mientras se ponía las botas de agua para cruzar un gran charco.
Si esta familia lleva en Zokoa seis años, José Miguel Azanza Ros lleva desde hace cinco décadas. En 2013, la crecida del Arga se llevó por delante un muro de su finca. Tuvo que hacerlo de nuevo con su dinero. Esta pared aguantó la nueva embestida del río, pero la huerta no. “A la caseta no me atrevo ni a entrar”, decía con una tabla en la mano. Los puerros se habían desplazado diez metros, las cebollas tapadas y los cardos tenían mal aspecto. “Alguno igual se salva. Tenía unas acelgas espectaculares, buena pinta y buen sabor”, comentaba.
Azanza tenía claro cuál fue la causa de una crecida que afectó a más huertas de lo normal. “Han abierto agua salvajemente. Lo que tenían que haber hecho en ocho o diez días, lo han hecho en uno”, decía enfadado. “Desde el fin de semana se sabía la cantidad de agua que iba a caer y no hicieron caso”, añadía. “Me ha dejado la huerta hecha una miseria”, concluía.
“Buenos días, por decir algo”, saludaba José Antonio Nieto Chamizo, otro afectado. Siete gallinas yacían muertas en el suelo de su huerta. “Parece que se han salvado las palomas, alguna gallina y el gallo. Ahora he pedido pienso, que no tienen nada para comer”, apuntaba. Ellos no fueron los únicos, pero sí son ejemplo de propietarios que en los próximos meses volverán a poner en marcha su espacio que tanto quieren. Ayer, las huertas de Zokoa parecían estar peinadas en el sentido del río Arga. Todo miraba hacia un lado. El objetivo de estos vecinos de Huarte es dar la vuelta a esa sensación de derrota. Para ello tendrán que luchar contracorriente.